12 de septiembre - 2023

Por Felipe Hernández Hernández
“La era del calentamiento global ha terminado. La era de la ebullición global ha llegado”, dijo el Secretario General de la ONU, el pasado 27 de julio en la Asamblea General de este organismo mundial, advirtió que la humanidad ha pasado a un estado de alarma mundial e hizo un llamado urgente a los gobiernos y organizaciones civiles señalando los graves efectos del cambio climático que ya estamos viviendo.
Los registros muestran que el mes de julio de este año ha sido el más caluroso de nuestra historia alterando las estaciones en diversos lugares, como en las montañas andinas donde en lugar de invierno vivieron un verano muy caliente, o en Canadá, donde el sol quedó oculto por el humo generado por los enormes incendios forestales que acabaron con miles de hectáreas de árboles.
Las noticias son impresionantes; la ola de calor provocó en Europa más de 60 mil muertos, en el norte de China la temperatura llegó a 52° y en California, Estados Unidos, a 54°, al mismo tiempo, a nivel mundial, se batió el récord de consumo de petróleo y combustibles fósiles, así como de suministro y consumo de carbón, por lo que los productores de petróleo obtuvieron los mayores beneficios jamás registrados.
El calentamiento global se refiere particularmente a un incremento de los gases de efecto invernadero que impiden que el calor se disperse aumentando considerablemente el índice de calentamiento; mientras que la ebullición global en términos simples es el siguiente paso de este calentamiento, es calor más intenso.
La ebullición global consiste en un incremento de las temperaturas a nivel mundial que desencadenan eventos climáticos extremos, de tal manera que ahora hay climas cada vez más severos, fuertes lluvias con inundaciones más frecuentes e intensas, incendios intensos y continuos en diversos lugares, y olas de calor extremo.
Las consecuencias de la ebullición global en concreto son: el aumento de incendios forestales, la pérdida de resiliencia de los ecosistemas, la pérdida de biodiversidad, una creciente inseguridad alimentaria, los golpes de calor, el calentamiento de los océanos, el aumento de las temperaturas atmosféricas y la vulnerabilidad de las comunidades por lluvias monzónicas, todo ello con graves afectaciones a la población mundial, advierte la bióloga Ulla Rothschuh.
Ante esta situación, la preocupación por los efectos de la alteración del medio ambiente no debiera ser solo de los ambientalistas o de las organizaciones civiles que buscan mayor conciencia social, sino sobre todo de las autoridades que debieran mostrar una mayor responsabilidad para tomar decisiones con una visión de estado y no con una visión puesta solo en la próxima elección.
Si bien es en los países desarrollados y en las grandes urbes donde se encuentran las principales causas de la ebullición global, lo cierto es que sus efectos son para todos, sin distingo de raza, ubicación geográfica o condición económica, esto significa que los gobiernos locales y municipales no pueden mantenerse ajenos y debieran tomar acciones para contribuir a detener este problema mundial.
En México, los efectos de la ebullición global también son visibles; científicos de la UNAM reportan que desde marzo se han registrado 249 fallecimientos por causas relacionadas con el incremento de temperaturas, el 92.4% fue por golpe de calor, y el 7.6% por deshidratación; los estados más afectados fueron Nuevo León, Tamaulipas, Veracruz, Sonora, Coahuila, Oaxaca, Baja California, Tabasco y Quintana Roo.
¿Qué se puede hacer para revertir esta situación? Que los gobiernos intensifiquen la transición hacia las energías verdes para disminuir la dependencia de combustibles fósiles, remplazar el uso de combustibles fósiles para el transporte y en la generación de electricidad, pero también promover el uso de energías alternativas en las casas y oficinas, y sobre todo proteger y regenerar los bosques, este último es fundamental, destaca Pablo Uchoa, porque está comprobado que cuidar e incrementar las áreas verdes tanto en los espacios urbanos como en rurales es la mejor forma de mitigar los efectos del cambio climático.
La situación ambiental actual obliga a los ciudadanos a promover hábitos de bajo impacto ambiental a nivel personal y a ser más sensibles y conscientes del problema, pero también, como señala la ONU, a informarnos y formarnos en los temas ambientales, manifestarnos y exigir a los gobiernos mayor compromiso social y contagiar a otros ciudadanos de esta preocupación, sobre todo de las consecuencias que podría tener el no hacer nada.
Los gobiernos están obligados a resolver los problemas del presente, sin comprometer el futuro de las nuevas generaciones (UNESCO, 2015).
Las opiniones vertidas en este espacio son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan, necesariamente, el pensamiento de Gentetlx”

