24 de julio - 2026

Columna Invitada
El silencio que hoy guarda Movimiento Ciudadano sobre quién será su candidato o candidata a la gubernatura de Tlaxcala en 2027 está diciendo mucho. Han pasado los meses y el partido naranja sigue sin encontrar un perfil que logre entusiasmar, crecer en las mediciones o convertirse en una opción realmente competitiva. Se mencionan nombres, se filtran posibilidades y se construyen escenarios, pero ninguno ha alcanzado el posicionamiento que la propia dirigencia esperaba.
Ante ese panorama, comenzó a tomar fuerza una alternativa que, hasta hace poco, parecía impensable: establecer puentes con Alfonso Sánchez García.
El alcalde capitalino con licencia mantiene, por ahora, un doble juego político. Oficialmente busca convertirse en el coordinador en Defensa de la Cuarta Transformación por Morena. Sin embargo, al mismo tiempo mantiene abierta la puerta con Movimiento Ciudadano, como si quisiera asegurarse un plan alternativo en caso de que las cosas no salgan como espera dentro de su partido.
No sería la primera vez que un político apuesta por dos cartas al mismo tiempo. Lo novedoso es la naturalidad con la que se pretende jugar en ambos frentes sin asumir el costo político que ello implica. ¿Por qué alguien que asegura tener asegurada la candidatura de Morena necesitaría construir un puente con otro partido? Porque ni siquiera él tiene la certeza de que alcanzará su objetivo.
Durante las últimas semanas se ha hablado insistentemente del despliegue de recursos públicos, de la movilización de estructuras gubernamentales y de presiones ejercidas sobre trabajadores del Gobierno del Estado y de distintos ayuntamientos para respaldar su proyecto político. Son señalamientos que han alimentado el debate público.
La percepción que queda es la de una estrategia sustentada más en el aparato gubernamental que en la construcción de consensos o en el respaldo ciudadano.
Tal vez Alfonso Sánchez supone que esa misma maquinaria podrá trasladarse sin dificultad a la elección constitucional de 2027. Que el respaldo presupuestal, la operación política y la capacidad de movilización institucional serán suficientes para ganar cualquier contienda, sin importar el partido que finalmente lo postule. Pero una elección interna y una elección constitucional son dos escenarios completamente distintos.
Movimiento Ciudadano, por su parte, enfrenta un dilema igual de complejo. Apostar por un perfil proveniente de Morena podría darle un candidato con cierto nivel de conocimiento público, pero también lo obligaría a cargar con todo el desgaste que implica la confrontación interna del partido gobernante y con la percepción de haber renunciado a construir un proyecto propio. El mensaje que envía es de debilidad, no de fortaleza.
Todavía falta tiempo para que arranque formalmente la contienda de 2027. Sin embargo, las señales comienzan a acomodarse.
Mientras Morena define quién encabezará su proyecto, Movimiento Ciudadano parece seguir buscando quién pueda competir. Y en medio de esa incertidumbre aparece Alfonso Sánchez, intentando mantener abiertas todas las puertas posibles. El riesgo es que, al final, ambas puertas terminen por cerrarse al mismo tiempo.
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