Lorena quiere imponer
25 de septiembre - 2026

Columna Invitada

La gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros tiene frente a sí una decisión política que va mucho más allá de la disputa por la Coordinación de Morena en Tlaxcala: aceptar que el movimiento no le pertenece a su grupo y que la unidad no puede construirse a partir de imponer su voluntad.

La información publicada por Latinus vuelve a poner sobre la mesa una situación que ya no puede ignorarse. De acuerdo con ese medio, la gobernadora rechaza el resultado que coloca a Ana Lilia Rivera al frente de las preferencias y mantiene su respaldo a Alfonso Sánchez García.

Hay que decirlo con claridad: mientras Morena no haga el anuncio formal, nadie puede presentar una decisión definitiva. Pero tampoco puede ignorarse lo que está ocurriendo alrededor de esa definición. Ana Lilia Rivera le ha extendido su mano.

Lo ha hecho sin romper, sin descalificar y sin convertir la diferencia interna en una guerra contra la gobernadora. Ha hablado de unidad. Ha mantenido abierto el diálogo. Ha dejado claro que, después de la definición, habrá que trabajar juntos.

Eso debería ser suficiente para entender que no se está ante una disputa personal.

La gobernadora tiene derecho a tener una posición y a respaldar a quien considere. Lo que también tiene es una responsabilidad mayor, y es entender que gobernar y conducir un grupo político no significan lo mismo.

Una cosa es ejercer el gobierno y otra pretender que el partido se acomode a la voluntad de la mandataria.

Morena llegó al poder con la promesa de que las decisiones importantes no volverían a depender de los grupos políticos que durante años decidieron por los demás. Si ahora la definición interna genera resistencia porque el resultado no coincide con las preferencias de un grupo, entonces hay una contradicción que merece discutirse.

Y esa contradicción no se resuelve con presión, rumores, felicitaciones anticipadas ni operaciones políticas. Se resuelve respetando las reglas y aceptando el resultado que finalmente comunique la dirigencia nacional.

Lorena Cuéllar tiene todavía la oportunidad de colocarse por encima de esta disputa. No necesita ganar una batalla interna. Necesita demostrar que puede cerrar un ciclo sin dejar heridas abiertas.

La mano de Ana Lilia está extendida. No parece razonable que, frente a una disposición al diálogo, la respuesta sea la confrontación.

La política también se mide por la capacidad de reconocer cuándo es momento de sumar y cuándo es momento de dejar que el partido decida.

La altura de miras no consiste en imponer sino en aceptar que el movimiento es más grande que cualquiera de sus dirigentes.

Y si Morena determina que Ana Lilia Rivera debe asumir la coordinación, lo que Tlaxcala necesitará después no será una gobernadora vencedora ni una senadora vencedora.

Necesitará dirigentes capaces de entender que Morena no puede darse el lujo de llegar dividido a 2027.

Las opiniones vertidas en este espacio son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan, necesariamente, el pensamiento de Gentetlx