16 de agosto - 2015
Por Gerardo Orta
Todo estaba puesto para que el pasado viernes en Huamantla, la Corrida de las Luces fuera de las más recordadas de los últimos años.
La solemnidad a las afueras de la plaza previa a la Noche que Nadie Duerme, las visitas al hermoso Museo Taurino, el ambiente particular de una noche de toros y la afición de Huamantla fueron el marco justo para la corrida más especial de todo el estado de Tlaxcala.
Los toros de Rancho Seco no se distinguen precisamente por ser toros peligrosos, que transmitan o que emocionen al tendido. La dehesa de Sergio Hernández González, al menos en la actualidad, ya no representa lo que era en antaño.
Con su hijo Sergio Hernández Weber en la empresa organizadora, se especuló sobre la imposición de sus toros en la corrida más importante del breve serial taurino huamantleco. El resultado no fue el que se esperaba.
El martes de la semana pasada, Juan Manuel Riveroll, representante de Sergio Hernández Weber, garantizó la integridad de los toros, de pitones a rabo. En los hechos, la afición y la crítica objetiva dudó al ver lo que saltó al ruedo.
Los toros cumplían con la edad, de acuerdo a la papeleta. Eran los mismos que se anunciaron con forme a lo que se constató en los guarismos de sus costillares.
En presencia en el ruedo dejaron mucho a la crítica.
Sentado en el tendido, escuché a más de un aficionado advertir la inverosímil cornamenta de los toros de Rancho Seco.
El comportamiento de los toros fue irregular. De embestidas descompuestas y sin transmitir peligro, los toreros hicieron lo que les permitió el complicado ganado lidiado.
Lo que queda claro en las plazas de toros de cualquier parte del estado y fuera de éste, es que conforme suben los niveles de alcohol en el organismo, la gente se vuelve más conocedora, premian a los toreros por hacer de sus faenas un espectáculo circense mal logrado y las estocadas defectuosas las celebran como las del estoqueador más avezado. En fin, así es la fiesta de nuestros días.
El próximo sábado después de la Huamantlada, será, según nos cuentan, la corrida de la otra parte de la empresa. Los toros de la ganadería De Haro, siempre son atractivos en cualquier cartel.
Para los toristas, los toreros son lo de menos, pero lo cierto, es que a los del melenudo y cárdeno Antonio De Haro, hay que poderles.
Por cierto que los 200 integrantes de la orquesta Esperanza Azteca calmaron las ansias de la asamblea reunida, provocadas por la impuntualidad del evento anunciado para las 19:30 horas de la noche.
Sin embargo, fueron pocas las piezas musicales que interpretaron, si bien gustó a la gente reunida su breve participación, los músicos tocaron el Ave María y se retiraron.
Pese a que la empresa brindó todas las facilidades para la presentación de los muchachos de la orquesta, resulta que el director Julio Saldaña se puso sus moños, como se dice popularmente.
Se les otorgó transporte, espacios en la plaza, vaya, hasta alimentos, para que decidieran tocar unas cuantas piezas musicales previo a la salida de los toros, de las cuales, sólo una fue taurina, el pasodoble Silverio Pérez, interpretada en dos ocasiones.
Por ahí sonó un popurrí de música vernácula mexicana, y hasta el tema característico de la película Star Wars.
De hecho se pensó que la filarmónica tocaría durante el evento –al menos así se anunció–, no obstante, minutos antes de que saliera el primer toro de la noche, abandonaron la incómoda plaza huamantleca para dejar en otro grupo de músicos la responsabilidad de entonar los pasodobles.
El sábado 22 de agosto habrá otro festejo que promete, dejemos la expectación a un lado. Recordemos la máxima en los toros que dice: Corrida de expectación, corrida de decepción.
Por cierto, lo olvidé por un instante. Los toreros del viernes fueron Eulalio López Zotoluco, Uriel Moreno El Zapata (oreja protestada) y Octavio García El Payo. Imaginará usted el resultado.


