El Topo Mayor, desde los escombros en Cali: ‘En la tragedia valen madres las ideologías políticas’
18 de agosto - 2026

Pese al veto del presidente De la Espriella, los Topos Azteca se ganaron el cariño de Colombia con sus labores de rescate en Cali, mientras los militares israelíes eran repudiados por la ciudadanía. Héctor Méndez, el Topo Mayor, encabeza una brigada que, sin aval oficial, ha salvado vidas tras el sismo de 7.4 grados ocurrido hace una semana

Fuente: PROCESO

BOGOTÁ (Proceso).– Los Topos Azteca, encabezados por su veterano líder, Héctor Méndez, el “Topo Mayor”, se han ganado en cuestión de días el cariño de la gran mayoría de los colombianos por su dedicada labor de búsqueda de sobrevivientes entre los escombros de los edificios colapsados por el terremoto que azotó a Colombia el lunes 10 de agosto.

Sin aspavientos, sin respaldo institucional, sin certificaciones internacionales, pero con una experiencia de 40 años en operaciones complejas de rescate en decenas de países, los Topos Azteca aparecieron en la suroccidental Cali la madrugada del miércoles último y de inmediato se sumergieron entre las grietas de las estructuras derruidas para intentar escuchar el silencio las víctimas.

Su trabajo extenuante no ha pasado desapercibido para los caleños, quienes llegan por montones cada día a los puntos del desastre para llevarles agua, alimentos, abrazos, apretones de manos, palmaditas, dulce de guayaba y palabras de reconocimiento que les salen del corazón.

Las muestras de afecto y las decenas de solicitudes de entrevistas de medios colombianos y extranjeros han orillado a Héctor Méndez, el carismático “Topo Mayor” y el director del grupo de rescatistas, a asumir las funciones de vocero.

Mientras coordina a su gente, da instrucciones y diseña estrategias de rescate en las edificaciones colapsadas, el “Topo Mayor” –un octogenario vivaz, ingenioso, pícaro, socarrón y muy culto— hace además muy bien la tarea de portavoz.

En menos de una semana se ha convertido en un personaje habitual en diarios, noticieros, medios digitales y redes sociales de Colombia y América Latina, en los que aparece hablando de cómo marchan las labores de rescate de sobrevivientes en Cali, la ciudad más afectada por el terremoto de 7.4 grados Richter que remeció a Colombia.

“La gente es muy cálida, muy cariñosa, a todísima madre –dice a Proceso en un enlace por Zoom– y eso anima mucho cuando los muchachos están en el campo de batalla, en la tierra, chupando el polvo, en la superchinga de hacer un túnel. Los caleños y los colombianos nos han tratado como hermanos, yo me siento muy honrado y para mí también son mis hermanos”.

Y estas expresiones solidarias se producen muy a pesar del presidente ultraderechista colombiano, Abelardo de la Espriella, quien prohibió el ingreso a Colombia de rescatistas de países con presidentes de izquierda, como México, Brasil y España, y pidió en cambio el auxilio de socorristas de Israel, Estados Unidos y Ecuador, tres naciones “aliadas” con cuyos gobernantes de la extrema derecha radical se identifica plenamente.

Incluso anoche (lunes 17 de agosto), al presentar un balance de la situación que enfrenta el país por el terremoto, De la Espriella dijo que hoy Colombia cuenta con 138 rescatistas extranjeros, 24 estadunidenses, 32 ecuatorianos y 82 israelíes.

A los Topos Azteca ni los mencionó, lo que le valió calificativos como “mezquino”, “ruin” y “mal agradecido” por parte de congresistas opositores y analistas políticos.

Revés propagandístico
A la luz de los resultados, sin embargo, a De la Espriella le ha salido muy mal su decisión de manejar la ayuda internacional con sectarismo, indolencia y sesgo político e ideológicos.

En primer lugar, porque los rescatistas admitidos llegaron tarde, mucho después de las primeras 72 horas que siguieron al terremoto y las cuales resultan críticas para encontrar sobrevivientes bajo los escombros, lo que según algunos abogados puede configurar el delito de “negligencia criminal”.

En segundo lugar, porque fue imposible cumplir el propósito que le atribuyen muchos colombianos a De la Espriella y a su “aliado”, el primer ministro israelí Benjamín Netamyahi, de aprovechar la tragedia para hacer un lavado de cara a las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), cuya imagen está hecha añicos en Colombia y en el mundo tras el genocidio palestino que cometieron en Gaza.

Y en tercero, porque los Topos Azteca, que lograron ingresar a Cali porque el alcalde, Alejandro Eder, los recibió con entusiasmo pese al rechazo del gobierno central, se ganaron, con su entrega a las labores de rescate, el cariño de los caleños y los colombianos.

En cambio, los “rescatistas” israelíes, que arribaron en uniforme militar y algunos de ellos se cubrieron el rostro en la foto de llegada, enfrentaron varias muestras de repudio por parte de jóvenes caleños que los increparon –con banderas palestinas anudadas al cuerpo– por el genocidio en Gaza y por desplazarse en la ciudad en lujosas camionetas blindadas, con escoltas policiacos que podrían haber estado atendiendo la emergencia.

El publirrelacionista de los “rescatistas”, el capitán Roni Kaplan, que es el portavoz oficial del Ejército israelí para Latinoamérica y quien enfrenta una demanda por genocidio en Uruguay, su país natal, apareció en un video entre los escombros de una construcción colapsada, en un evidente artificio propagandístico, con un jadeo fingido, para decir que intentarían “extraer” dos cuerpos. Llegaron a Cali cuatro días después del terremoto.

Las reacciones de repudio en las redes sociales a esa “farsa” no se hicieron esperar. Tampoco las críticas. La congresista opositora Ana Erazo afirmó: “Eso no es ayuda, es un intento de estos genocidas de blanquear la imagen de Israel. ¿Por qué no rescataron de entre los escombros a los niños y las niñas que ellos mismos bombardearon en Gaza?”.

Los Topos Azteca, en cambio, sin querer, y a pesar de los sesgos de De la Espriella, se han ganado el respeto de la gente con callada labor entre los escombros en busca de vida y de cuerpos que recuperar para entregarlos a los deudos.

Héctor Méndez, el “Topo Mayor”, dice que la clave está en trabajar de manera comprometida por la gente, por las víctimas, y eso es lo que perciben los caleños que se les acercan a agradecerles su labor.

“Estamos dándole con todo, las 24 horas, en turnos, con organización y con nuestra experiencia –asegura–. Traemos tecnología muy avanzada para la búsqueda de personas y hemos rescatado gente y, también, víctimas fatales y animalitos. Y aquí vamos a estar hasta que nos necesiten porque tenemos vocación de servicio”.

Los topos, una brigada internacionalista
El “Topo Mayor” y una cuadrilla de 20 topos azteca llegaron a Cali la madrugada del miércoles directamente desde Venezuela. Habían permanecido en ese país más de 40 días rescatando gente y recuperando cuerpos de las víctimas de los terremotos de 7.2 y 7.5 grados Richter que azotaron a ese país el pasado 24 de junio, especialmente en La Guaira.

El pasado jueves, el diario The New York Times publicó una nota destacando el periplo de los Topos Azteca.

“Trabajaron en Venezuela por 40 días –señaló el reporte–, rescataron sobrevivientes de los escombros y luego recuperaron cuerpos en La Guaira, la región costera que fue el centro de la muerte y destrucción del doblete sísmico. Después de que un terremoto azotara a la vecina Colombia, el lunes, tomaron un vuelo nocturno. Para el miércoles por la mañana estaban ya trabajando en edificios colapsados en Cali”.

El empresario Yadid Jalaff financió el viaje de los topos, quienes volaron desde La Guaira, Venezuela –la zona más dañada por los terremotos de junio– hasta Cali, vía Panamá. Él también recurrió a sus contactos en el gobierno nacional para que no obstaculizaran la entrada de la brigada de rescate al país.

Luego de ese primer contingente, llegaron muchos más topos por tierra procedentes de Venezuela. Se transportaron en camiones de carga, pues trajeron maquinaria pesada que usan en los rescates.

Los Topos Azteca hoy son un grupo multinacional en el que, además de mexicanos, hay guatemaltecos, argentinos, panameños y hasta dos austriacos. En Venezuela se incorporaron varios jóvenes al grupo y en Colombia se sumaron decenas más.

“Son jóvenes de alta valía que quieren aprender y nosotros les vamos a enseñar –dice el ‘Topo Mayor’– porque nosotros no somos egoístas, como otros. Los topos queremos que todo el mundo sepa de operaciones de rescate y que, cada vez que pase algo y vayamos a algún lugar, nuestros hermanos ya nos estén esperando y ya estén en plena labor”.

En estos momentos, asegura, ya hay 100 topos trabajando en Cali, y está por enviar grupos a Pereira y Quibdó, otras ciudades del occidente colombiano muy dañadas por los sismos.

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