Morena nacional ya sabe
14 de agosto - 2026

Columna Invitada

La dirigencia nacional de Morena sabe perfectamente lo que ocurre en Tlaxcala. No se trata de versiones que hayan circulado en redes sociales ni de rumores surgidos de la disputa interna: las irregularidades denunciadas durante el proceso para definir la Coordinación en Defensa de la Cuarta Transformación y Soberanía en Tlaxcala fueron expuestas directamente ante quienes tienen en sus manos la conducción de la elección interna.

Cuando las y los principales aspirantes se reunieron en la Ciudad de México con Ariadna Montiel y Citlalli Hernández, la conversación se prolongó más de lo previsto. Había demasiado que decir. Frente a la dirigencia nacional se expusieron señalamientos sobre presuntas coacciones a servidores públicos, intervención de funcionarios, manipulación y una operación política encaminada a favorecer a Alfonso Sánchez García, el delfín de la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros.

Y hubo algo particularmente significativo: los señalamientos fueron planteados por los propios participantes del proceso y, ante ellos, Alfonso Sánchez García tuvo la oportunidad de responder. Su respuesta fue el silencio. Desde ese momento, resulta imposible que la dirigencia nacional pueda alegar que desconoce lo que sucede en Tlaxcala.

Sabe que existen acusaciones relacionadas con presiones a servidores públicos y burócratas, así como señalamientos sobre la intervención de funcionarios para favorecer a uno de los aspirantes. Es decir, el problema dejó de ser comentarios de pasillo o una disputa entre grupos locales: llegó directamente a la mesa nacional del partido.

Y, sin embargo, lejos de disminuir, los señalamientos se han multiplicado. El Instituto Tlaxcalteca de Elecciones (ITE) acumula denuncias relacionadas con el proceso, mientras que en la Comisión de Quejas y Denuncias de Morena también se han presentado asuntos que involucran a distintos actores políticos. Ahí han tenido que comparecer funcionarios y dirigentes, incluida quien fuera dirigente estatal de Morena, Marisela González, y el propio alcalde con licencia, Alfonso Sánchez García.

Pero hay un dato que resulta particularmente revelador: todo ese despliegue político y operativo no se ha traducido en una ventaja contundente en las mediciones de opinión. Una y otra vez, distintas casas encuestadoras han colocado a Ana Lilia Rivera Rivera al frente de las preferencias internas. Eso obliga a formular una pregunta incómoda: ¿para qué sirve movilizar estructuras, presionar voluntades o intentar inclinar la cancha si, al final, la ciudadanía no está acompañando ese esfuerzo?

Si los tiempos previstos se mantienen, durante la última semana de agosto se levantará la encuesta que definirá a quien encabezará la Coordinación. Los resultados se conocerían después del primero de septiembre, una vez que la presidenta Claudia Sheinbaum haya rendido su informe. La lógica política es comprensible: Morena busca que su presidenta llegue a ese momento sin que una definición interna en alguna de las 17 entidades genere un conflicto innecesario.

Poco a poco, entonces, se irá desgranando la mazorca. Y cuando llegue el momento de conocer los resultados, no solamente se medirá quién tiene mayor conocimiento, aceptación o respaldo ciudadano. También quedará a la vista qué tanto funcionaron las operaciones políticas realizadas desde el poder.

En Tlaxcala, hasta ahora, las mediciones disponibles apuntan de manera coincidente hacia Ana Lilia Rivera Rivera. Si a ello se suman los señalamientos que han sido presentados ante instancias electorales y partidistas, resulta difícil sostener que exista una razón política legítima para alterar una decisión que debería corresponder exclusivamente a la ciudadanía y a las reglas establecidas por Morena.

Aquí está el verdadero dilema: una cosa es competir y otra muy distinta utilizar el poder para condicionar una competencia interna. Morena nació, precisamente, para cuestionar esas viejas prácticas. Si las reproduce desde los gobiernos que surgieron de sus propias filas, está negando una parte esencial de aquello que dice representar.

Y todavía queda otra historia pendiente: los errores políticos cometidos por la gobernadora Lorena Cuéllar desde aquel proceso interno en el que Morena definió su candidatura presidencial. Es un capítulo distinto, pero no menor, y merece ser contado con sus propios datos y con la memoria de cómo se han tomado algunas decisiones políticas en Tlaxcala.

Esa es otra historia. Y quizá explique mucho de lo que hoy estamos viendo.

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