13 de agosto - 2026

Por Mauricio Hernández Olaiz
Hay refranes que sobreviven generaciones porque, de una u otra manera, terminan describiendo perfectamente la realidad. “Nadie sabe dónde aprieta el zapato hasta que se lo pone”, dice uno de ellos.
En Tlaxcala, sin embargo, pareciera que hemos encontrado una versión corregida y aumentada: hay zapatos que aprietan a miles de tlaxcaltecas, que ya tienen ampollas, callos y hasta heridas, pero que desde el gobierno simplemente no se quieren calzar.
Y es que hay una Tlaxcala que aparece todos los días en los boletines oficiales, en los discursos, en los eventos, en las fotografías y en las publicaciones de redes sociales; una Tlaxcala de avances, inversiones, obras, reconocimientos y buenas noticias.
Pero hay otra que no necesita de un fotógrafo ni de un boletín para existir, porque se encuentra en las calles, en los mercados, en las fábricas, en las comunidades y, sobre todo, en las casas de miles de familias que viven problemas que no desaparecen por el simple hecho de que no sean políticamente cómodos.
Ahí está, por ejemplo, el enorme zapato incómodo de la informalidad laboral. Los datos más recientes colocan a Tlaxcala con una tasa de un 71.2 por ciento de informalidad laboral, ¡ahí nomás!
Lo anterior significa que siete de cada diez personas ocupadas se encuentran en alguna modalidad de informalidad. Somos ya el quinto lugar nacional y todo parece indicar que al cierre de la administración de la muy triste historia estaremos entre los tres primeros.
Pero…una cifra de 71.2 por ciento puede convertirse fácilmente en solo una estadística más para llenar una nota periodística, de esas que tanto le enojan a la mandataria, sus tribuneros y maromeros de turno, pero detrás de ese número hay cientos de miles de personas.
Son trabajadores que carecen de servicios médicos, prestaciones, o la certeza de que mañana seguirán teniendo un ingreso. Es la señora que vende tupperware, Avon o Mary Kay, el joven que trabaja por día, el señor de los de asada, la birria o los de al pastor, el trabajador que acepta cualquier condición porque necesita llevar dinero a su casa.
Es una economía que funciona, sí, a medias, porque se mueve dinero, pero que no se refleja en el pago de impuestos. Las cuotas que cubren los comerciantes no se sabe a que bolsillo van a parar y es más fácil promover la informalidad que generar una poderosa estrategia de verdadero desarrollo económico.
Y si, en la triste historia prefieren fomentar la informalidad…a crear una estrategia para la generación de empleos….Para Muestra….

El Sistema Estatal para el Desarrollo Integral de la Familia (SEDIF) en Tlaxcala ha entregado carritos para la venta de tacos y tamales a través de esquemas como el programa «Jefas de Familia», el cuál dota de equipo a mujeres para la venta de alimentos en la vía pública…Bueno hasta kits de belleza, sillas para estilistas y carretillas de trabajo, así como el famoso Carrito Sandwichero, equipado con plancha, barra de preparación y espacio adaptado para hamburguesas y emparedados.
¡todos a las calles mis Tlaxcaltecas! ¡A sobrevivir!
Y si alguien piensa que el asunto se reduce a que “hay trabajo” gracias al gobierno, ahí está precisamente la trampa. Porque no basta con tener una ocupación; también importa cuánto se gana, qué derechos se tienen y si ese ingreso alcanza para vivir.
Tlaxcala cerró 2025 con una pobreza laboral de 39.4 por ciento y, aunque el indicador bajó a 38.7 por ciento durante el primer trimestre de 2026, seguimos hablando de prácticamente cuatro de cada diez personas cuyo ingreso laboral resulta insuficiente para adquirir la canasta alimentaria.
Entonces la pregunta resulta bastante sencilla: ¿de qué sirve presumir que hay empleo y oportunidades si una parte enorme de ese empleo es informal y una proporción igualmente preocupante de la población trabaja sin que el ingreso alcance para lo indispensable?
Ese es un zapato que aprieta. Y aprieta bastante.
Y hay varios más, como el de las personas desaparecidas, pero eso lo dejamos para otra entrega…
Mientras en las calles de todo el estado crecen a pasos agigantados los puestos informales, el secretario de desarrollo económico, Javier Marroquín Calderón, está más preocupado por enamorar a la diputada Aurora Villeda, que en ocuparse de generar empleo, inversión y certidumbre, que para eso le pagan, y que con eso paga los viajes a Acapulco y al Baby/O.
Sin duda resulta muy cómodo ponerse los zapatos que no lastiman: los de los eventos, los anuncios, las inauguraciones, los reconocimientos y las fotografías. Lo complicado es ponerse aquellos que aprietan, los que obligan a caminar por donde duele, a escuchar a quien reclama y a reconocer que todavía hay problemas que no se resuelven con un boletín.
Mientras el Palacio de Gobierno presuma la entrega de carritos de tacos y tamales como «logros de emprendimiento», la realidad nos recordará que son, en realidad, los síntomas de un estado incapacitado para garantizar empleo digno. Al cierre de las cuentas, Tlaxcala sigue siendo una economía de maquila y banqueta: implacable y costosa para sus propios trabajadores.
Y el delfín sigue tan contento sin acabar de percibir lo que le van a heredar…¿o sí?
@olaizmau
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