23 de julio - 2026

Por Mauricio Hernández Olaiz
La oposición tlaxcalteca vive un momento tan peculiar como contradictorio. Nunca había tenido tantos argumentos para cuestionar al gobierno y, sin embargo, tampoco había sido tan evidente la dificultad para convertir esos señalamientos en una alternativa política capaz de entusiasmar al electorado. Esa es la pregunta que nadie termina de responder: ¿todo lo que hoy hace la oposición realmente está siendo capitalizado entre los ciudadanos o solamente alimenta la conversación entre políticos?
El caso del PRD Tlaxcala ilustra muy bien ese dilema. En las últimas semanas Juan Manuel Cambrón ha sostenido un enfrentamiento directo con el coordinador de Comunicación Social del gobierno estatal. El intercambio de acusaciones ha ocupado espacios en los medios y, desde la óptica perredista, exhibe una forma de ejercer el poder desde la propaganda y la descalificación. Es una batalla legítima, sin duda. Si un funcionario utiliza su posición para responder a dirigentes partidistas en lugar de explicar los problemas del estado, es natural que reciba una respuesta política.
Sin embargo, también vale la pena preguntarse si esa confrontación representa hoy la principal preocupación de los tlaxcaltecas.
Porque mientras el debate gira alrededor de un muy cuestionado coordinador, al que le siguen haciendo el caldo gordo con tanto que hablan de él, a pesar de ser un personaje intrascendente, afuera siguen esperando respuestas sobre seguridad, salud, desarrollo económico, infraestructura y oportunidades. Existe el riesgo de que esa pelea termine siendo prácticamente invisible para el ciudadano común.
Hay que decirlo también con justicia. El PRD Tlaxcala no ha limitado su actuación a esa confrontación. Siempre ha sido un partido que señala los abusos del gobierno Lorenista.
Esta misma semana volvió a poner sobre la mesa un tema muy delicado: la presunta utilización de la dictaminación de cuentas públicas como instrumento de presión política sobre alcaldes y autoridades que no se alineen con el gobierno estatal.
Pero nuevamente presento la misma interrogante: ¿logra el PRD Tlaxcala transformar esas denuncias en respaldo ciudadano? No existe una respuesta contundente. Denunciar no siempre significa convencer, y tener razón tampoco garantiza ganar elecciones.
Mientras tanto, el PRI ofrece tres frentes distintos.
Por un lado está el dirigente estatal, el “maestro” Enrique Padilla, cuya estrategia parece consistir en caminar con extremo cuidado para no incomodar al gobierno de Lorena Cuéllar. Sus posicionamientos suelen ser prudentes, rayando en lo miedoso, incluso cuando los acontecimientos parecen exigir una oposición mucho más firme. Hay quienes llaman a eso responsabilidad política; otros simplemente lo interpretan como tibieza. La realidad es que no toca a la mandataria ni con el pétalo de una rosa.

En contraste aparece Mariana Moguel. La delegada nacional prácticamente se ha convertido en la voz más crítica del lorenismo. Cada aparición pública suya representa un nuevo cuestionamiento a la administración estatal y, guste o no, hoy probablemente sea quien con mayor consistencia confronta políticamente al gobierno desde las filas opositoras.
Y finalmente está Anabell Ávalos Zempoalteca, que mantiene viva una idea que, en el papel, parece lógica: construir un gran frente opositor entre PRI, PAN, PRD y Movimiento Ciudadano para enfrentar a Morena en 2027.
La senadora asegura que respaldaría a quien llegue mejor posicionado en las encuestas, ya sea Miriam Martínez por el PAN, Juan Manuel Cambrón por el PRD, Danae Figueroa por Movimiento Ciudadano… o ella misma, claro. El planteamiento suena institucional, democrático y hasta generoso. El problema es que cuando se hacen esos planteamientos hay que tener memoria.
Conviene recordar que durante la conformación de la alianza en la pasada elección, el acuerdo nacional, en su momento, establecía que la primera fórmula al Senado en Tlaxcala correspondía al PRD. Así lo explicó públicamente el propio Alejandro Moreno en entrevista con Ciro Gómez Leyva al detallar el reparto de candidaturas en el país. Sin embargo, aquella distribución nunca terminó aplicándose.
Anabell Ávalos, no conforme con eso, movió todas las piezas políticas posibles para que el PRI peleara también esa posición. Alejandro Moreno renegoció. Jesús Zambrano terminó cediendo. Y el resultado ya lo conocemos: la primera fórmula quedó en manos del PRI y Anabell encabezó la candidatura. Hoy es Senadora por primera minoría.
Finalmente cada partido defiende sus intereses y cada político busca la mejor posición posible. Pero, precisamente por eso, resulta válido preguntarse qué ocurrirá si llega el momento de definir una candidatura común de la oposición.
¿De verdad Anabell respaldaría sin reservas a Juan Manuel Cambrón, a Miriam Martínez o a cualquier otro aspirante si las mediciones no la favorecen? En su momento no era favorecida al Senado y no se quedó quieta….
Aunque Anabell Ávalos habla también sabedora de que en este momento es el perfil opositor con mayor nivel de conocimiento entre el electorado tlaxcalteca. No es casualidad. Recorrió prácticamente todo el estado primero buscando la gubernatura y después durante su campaña al Senado. Esa presencia territorial le otorga una ventaja que ningún análisis objetivo debería minimizar.
Pero si alguien puede disputarle esa posición dentro de la oposición hoy, esa es Miriam Martínez. La diputada panista ha optado por una ruta distinta a la de otros actores.
No vive instalada en la conferencia de prensa ni en la confrontación cotidiana, pero no deja de estar presente señalando también los excesos del gobierno; su apuesta, además, ha sido la de recorrer el estado, fortalecer la estructura de Acción Nacional y construir una candidatura desde un perfil más institucional.
Martínez aparece con frecuencia en las conversaciones y mediciones rumbo al 2027, pero si realmente aspira a encabezar un bloque opositor, tarde o temprano tendrá que demostrar que, además de ser una buena candidata, puede convertirse en una oposición mucho más visible y conectar con un electorado que hoy exige firmeza frente al poder, con el riesgo de entrar en de manera seria en el radar de la mandataria, con todo lo que eso significa.
Movimiento Ciudadano tampoco termina de ser llamativo. Hace apenas unos meses el nombre que sonaba era el de Delfino Suárez, «El Changuito». Hoy ese nombre ya no existe, desapareció del escenario político. En su lugar comenzó a mencionarse con mayor frecuencia a Danae Figueroa, pero más allá de aparecer en las quinielas, cuesta trabajo identificar un trabajo político permanente de la dirigente que la coloque como una aspirante competitiva.
Mientras tanto, Morena, con su nueva presidenta, ahh.. no, no perdón, con la recién nombrada secretaria general…no, no tampoco….bueno con la llegada de Daniela Flores en lugar de Marcela González, los guindas observan todo el movimiento de la oposición desde una posición relativamente cómoda.
Sus aspirantes siguen en lo suyo…sumando voluntades al costo de lo que sea…total no hay ley ni autoridad que los detenga.
La oposición sigue sin convencer a los ciudadanos, eso se refleja en las encuestas. Y es que ninguna oposición gana únicamente señalando los errores del gobierno. Tarde o temprano tendrá que ofrecer un proyecto que despierte ilusión, genere confianza y convenza a los indecisos.
Porque al final, las elecciones no las gana quien critica mejor. Las gana quien logra que los ciudadanos crean que puede hacerlo mejor, incluso entre los que tienen su beca.
@olaizmau
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