La unidad como responsabilidad histórica
19 de julio - 2026


Por Ana Lilia Rivera Rivera

México vive un momento decisivo. Los avances alcanzados durante los últimos años no son producto de la casualidad, sino del esfuerzo colectivo de millones de mujeres y hombres que decidieron transformar la vida pública del país poniendo por delante el interés del pueblo.

Hoy, ese proyecto enfrenta nuevos desafíos. Los hay al interior del movimiento, propios de una organización amplia, democrática y plural; pero también existen retos externos que demandan una visión de Estado, responsabilidad política y un profundo sentido de unidad nacional.

Las reiteradas declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre el combate al crimen organizado y las presiones que buscan imponer decisiones unilaterales sobre nuestro país obligan a cerrar filas en defensa de México. La seguridad es una responsabilidad que asumimos como nación, con nuestras instituciones y conforme a nuestra Constitución. Ninguna amenaza ni presión externa puede sustituir la voluntad soberana del pueblo mexicano.

Frente a ese escenario, la unidad deja de ser un discurso para convertirse en una necesidad. Unidad para defender nuestra soberanía. Unidad para respaldar a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo en la conducción del país y unidad para demostrar que, cuando se trata de México, las diferencias legítimas pueden quedar en un segundo plano.

Ese mismo principio debe guiarnos al interior de nuestro movimiento.

La Cuarta Transformación nació de la organización del pueblo, de la lucha de miles de personas que durante décadas caminaron comunidades, tocaron puertas y nunca perdieron la esperanza de construir un país más justo. Esa historia nos recuerda que la unidad nunca ha surgido de la imposición ni de la exclusión, siempre ha sido resultado del diálogo, del respeto y de la participación de todas y todos.

Por ello sostengo que este es el momento de sumar, no de dividir; de escuchar, no de descalificar; de construir acuerdos, no de levantar muros entre quienes compartimos los mismos principios de no mentir, no robar y no traicionar al pueblo.

Las diferencias de opinión son naturales en cualquier movimiento democrático. Pensar distinto no debilita, por el contrario, enriquece cuando existe disposición para dialogar y mantener claro el objetivo superior: servir al pueblo.

Nuestra mayor fortaleza ha sido permanecer cerca de la gente. Ahí, en las comunidades, en los barrios, en los ejidos y en las colonias, es donde se entiende el verdadero sentido de la política. Escuchar a las familias, conocer sus preocupaciones y acompañarlas en la búsqueda de soluciones ha sido siempre la esencia de nuestro movimiento.

Por eso debemos fortalecer la organización territorial, seguir recorriendo cada municipio y consolidar el segundo piso de la Cuarta Transformación que encabeza la presidenta Claudia Sheinbaum. La transformación no se sostiene desde un escritorio, se construye escuchando y caminando junto al pueblo.

La experiencia, la trayectoria y el trabajo realizado durante años representan un patrimonio colectivo que fortalece al movimiento. Sin embargo, ninguna historia personal puede colocarse por encima del proyecto nacional. Las aspiraciones son legítimas, pero solamente tienen sentido cuando contribuyen al bienestar colectivo y nunca cuando generan división.

México necesita una sociedad unida para enfrentar los desafíos del presente. Necesita instituciones fuertes, un movimiento cohesionado y una ciudadanía organizada que defienda los avances alcanzados. La historia nos ha enseñado que los momentos más complejos se superan cuando prevalece el interés de la nación por encima de cualquier diferencia.

Estoy convencida de que la Cuarta Transformación seguirá avanzando porque nació del pueblo y al pueblo se debe. Sigamos fortaleciendo la unidad con respeto, inclusión y diálogo; defendamos nuestra soberanía con firmeza y responsabilidad; respaldemos el proyecto de transformación que millones de mexicanas y mexicanos hicieron posible.

Si estamos unidas y unidos, no habrá desafío que pueda vencer la voluntad de nuestro pueblo.