15 de mayo
15 de mayo - 2023

Por Felipe Hernández Hernández

El maestro ejerce una profesión compleja, en su desempeño está expuesto como pocos al juicio de los demás, de su trabajo prácticamente cualquier persona opina, valora y juzga y se asume como experto. En el ejercicio de su profesión ha transitado por un largo camino para ser reconocido por la aportación que hace a favor de las niñas, niños, adolescentes y jóvenes.

Si bien en sus orígenes para ser maestro solo se requería un mínimo de requisitos, paulatinamente se ha ido profesionalizando, de tal manera que dejó de ser una actividad ocasional, una afición o un oficio, para convertirse en una especialidad cuyo ejercicio demanda un conjunto de saberes específicos que incluyen la pedagogía, psicología, sociología, biología y administración, entre los más relevantes.

En ciertos sectores aún persiste la idea de que el trabajo del maestro es fácil, que no es tan relevante e incluso que cualquiera lo puede realizar; se le ve como un simple empleado que solo cumple un horario, que se le paga mucho y trabaja poco, o por el contrario se le dice que la docencia es un apostolado y que debe entender que su tarea está por encima de su propio interés.

Estas expresiones en cierto modo son compartidas por muchas autoridades para escatimarle beneficios, reducirle prestaciones y cancelarle derechos, lo cual ha provocado que hoy la docencia sea una profesión asediada, inestable e insegura, que da poca certeza laboral a quienes la ejercen, esto se refleja en las mediciones hechas por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) donde la ubican como una de las profesiones más mal pagadas y de más baja demanda por los mexicanos.

A lo anterior se suma el contexto escolar donde los maestros enfrentan otras adversidades: carencia de materiales, actitudes negativas hacia su labor, escepticismo por lo que dicen y hacen, y desconfianza por su quehacer, por lo que sus autoridades incrementan y multiplican las formas de control, ocasionando que se pierda el sentido esencial de su función, y generando en ellos sentimientos de culpabilidad, estrés, ansiedad, impotencia y desmoralización.

Sin embargo, a pesar de estas circunstancias los maestros han seguido cumpliendo con su labor formativa, con una gran responsabilidad profesional planean sus clases y se preparan en los nuevos enfoques educativos y uso de materiales y tecnologías; esto quedó demostrado especialmente durante la pandemia, porque aún con la carencia de materiales, y a veces de apoyo institucional, realizaron lo mejor posible sus actividades educativas. Se cerraron las escuelas, pero no la formación escolar.

Los maestros siguen en sus aulas enseñando que los funcionarios públicos son servidores que se preocupan por mejorar las condiciones de vida de toda la población, que la policía y el ejército están para proteger a los ciudadanos, que vivimos en una democracia donde se respeta la diversidad de opiniones, de creencias y donde caben todas las formas de pensar, que la libertad de reunión, de manifestación y de expresión son derechos respetados y garantizados por las autoridades; esto a pesar de la impotencia que muchas veces tienen porque ellos mismos han sufrido las injusticias en la búsqueda del cumplimiento de estos derechos.

En fin, siguen enseñando que México es nuestro país al que hay que amar y respetar, que sus símbolos son lazos que nos unen, que las leyes están hechas para ser respetadas y que las autoridades las cumplen debidamente.

Reconociendo la trascendencia social y humana que tiene la acción de los maestros, especialmente en las nuevas generaciones, aún está pendiente la obligación del Estado de otorgarles un salario profesional digno para que tengan un nivel de vida decoroso para ellos y su familia; para que puedan disfrutar de una vivienda digna; así como disponer del tiempo necesario para la preparación de sus clases y realizar actividades destinadas a su desarrollo personal y profesional.

Si las escuelas siguen siendo depositarias de las más altas expectativas de mejoramiento personal, familiar y social, a los maestros les corresponde contribuir a que se hagan realidad y a las autoridades garantizar que los maestros puedan tener las condiciones adecuadas para realizar su tarea formativa.

¡A los maestros, con respeto y reconocimiento por su elevado compromiso social!

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