NEGLIGENCIA
2 de agosto - 2021

Por Edgardo Cabrera

En plena ola de contagios, la tercera según dicen, que ha derivado en dos días de pico de casos positivos, el sábado 61 y este domingo 64, en Chiautempan poco les importó la recomendación de la Secretaría de Salud para suspender la feria, y el baile popular de este fin de semana estuvo a reventar.

Como es de esperarse en este tipo de eventos multitudinarios, no se respetó la sana distancia y menos el uso de cubrebocas.

A los miles de asistentes, quienes pagaron 250 pesos por cada boleto para poder entrar, es claro que les tiene sin cuidado el Covid-19 y la variante Delta que es más contagiosa y agresiva al organismo, lo que realmente les interesaba fue bailar y ver a “Lupillo” Rivera y a La Trakalosa de Monterrey.

Lo del sábado es negligencia pura, tanto de las autoridades municipales como de las estatales, quienes no hicieron nada, en el caso de la Secretaría Salud todo quedó en un mero exhorto, vía un oficio, que fue lo mismo que una llamada a misa.

Y así, con esos irresponsables, ¿pretendemos regresar a clases presenciales?, y no me refiero a las autoridades, sino a la gente que les viene valiendo poco la salud de los demás, porque serán ellos los que regarán el virus.

En Jalisco, por ejemplo, se determinó cerrar antros y bares, así como prohibir eventos multitudinarios como bailes, el argumento es inobjetable: si queremos regresar a las aulas y mover la economía hay que evitar que la población se infecte por acudir a lugares donde no puede haber control de las medidas de prevención.

MONARQUÍA SINDICAL

Los excesos y abusos en la vida sindical se ha normalizado en Tlaxcala, por lo que ya no resulta extraño ni condenable que en el de Salud exista algo similar a una monarquía donde la reina se llama Blanca Águila.

Resulta que no conforme con ser diputada local “pluri” del PRI, dirigente de la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado (FSTSE), cuasi coordinadora parlamentaria, y dirigente sindical, pretende perpetuarse seis años más en el control de la Secretaría de Salud, vía la sección 27 del SNTSA que aglutina aproximadamente a 5 mil 300 trabajadores.

Sería su sexta reelección y desde el 24 de julio del año pasado venció su periodo, aunque por la pandemia del Covid-19 ha logrado perpetuarse 12 meses más. Con la conclusión de la prórroga, trasciende que la importancia de esta renovación radica en que la planilla ganadora será nombrada para un periodo de 6 años y no 3 como antes ocurría.

En juego está el control y la asignación unilateral de plazas, la gran bolsa económica que se obtiene producto de cuotas, el control político capaz de doblegar a secretarios y gobernadores -en este caso sería gobernadora-, y el bienestar de una enorme parentala que fue beneficiada no solo con la basificación, sino con promociones privilegiadas para ganar mucho trabajando poco, incluso, sin laborar.

Durante agosto se espera la renovación, sin embargo, todo se mantiene oculto y bajo llave, como les gusta a los autoritarios sindicalistas, ya que pretenden utilizar a su favor la opacidad para emitir la convocatoria y sacar del camino a los adversarios descalificándolos antes de llegar a las urnas.

PREOCUPADA

Y doña Blanca está preocupada, no es para menos, a diferencia de sus cinco reelecciones anteriores, en esta ocasión trae en su contra al gobierno estatal, y si bien aún no toma protesta la morenista Lorena Cuéllar, en los hechos ya ejerce el poder y todo lo que tiene que ver con nombramientos, designaciones, renovaciones o elecciones, pasa por su escritorio.

Eso precisamente motivó que recientemente se lograra un consenso y se integrara una planilla de unidad, de los cinco liderazgos abiertamente opositores a Blanca todo indica que se impulsará a Tomás Osorio.

Del otro lado y fiel a su estilo, además de Águila Lima ya alistan una planilla esquirol para tratar de despistar a la base trabajadora, trasciende que será encabezada por Rigoberta Zamudio y el objetivo es restarle votos a la de “unidad”, y al final favorecer la sexta reelección de la diputada electa.

En su quinta reelección, en el 2017, se aplicó una treta similar para debilitar a su entonces adversario más fuerte, Daniel Romero, quien obtuvo mil 570 votos frente a los 2 mil 535 de la ganadora, esos poco más de 965 de diferencia quedaron repartidos entre planillas esquiroles.