10 de junio - 2026

Por Edgardo Cabrera
Dirán misa, pero la camada de gobernadores y gobernadoras morenistas impuestas por López Obrador tienen miedo, saben sus pecados, el principal, aliarse con la delincuencia y tolerar su operación impune, no solo eso, robaron, mintieron y traicionaron, por eso cada vez más militantes de su partido, esos de tenis y de mezclilla, los aborrecen.
Tres están en la mira de Estados Unidos por sus vínculos criminales: el de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, con licencia tras formalizarse sus acusaciones; y la semana pasada salieron a relucir los nombres del de Sonora, Alfonso Durazo, y de Tamaulipas, Américo Villareal, luego de que el medio norteamericano Los Angeles Times develó que les habían cancelado sus visas por sospechas de vínculos delictivos.
Antes, la primera de la que se conoció una medida similar fue Marina del Pilar Ávila, mandataria del estado de Baja California, a quien desde mayo del año pasado se le revocó el pase al vecino país.
De la nuestra, la de Tlaxcala, Lorena Cuéllar, su administración se apresuró a asegurar que ella tiene vigente su visa para ingresar a Estados Unidos, quién sabe si será cierto, ya ve que mienten como respiran, lo cierto, es que en lo público, la mandataria dejó de hacer turismo político constante en el vecino país.
Solo entre los años 2022 y 2023 acumuló cuatro viajes, justificados como oficiales, no obstante, tampoco es un secreto, tras sus prolongadas ausencias su apariencia física cambió, ahí están las imágenes, del antes y el después, que así lo corroboran y su desaparición pública por semanas.
Luego, tras el endurecimiento de la política migratoria de Donald Trump, la persecución que emprendió contra los carteles mexicanos y la declaración de ser considerados como terroristas, así como los trascendidos de investigaciones contra políticos mexicanos ligados al oficialismo que son financiados por esas mafias, Cuéllar ya no volvió a viajar a Estados Unidos.
Por cierto, para todos los defensores de los políticos morenistas caídos en desgracia o señalados por vínculos criminales, resulta incongruente que odien tanto a Estados Unidos, que acusen injerencismo, que pregonen el discurso de la soberanía nacional, pero, eso sí, les encanta viajar a la Unión Americana para pasear, ir de shoping al Paso Texas (como cierto diputado federal tlaxcalteca que conocemos), o practicarse tratamientos médicos y estéticos, ¡vaya descarados!, por eso les duele tanto lo de las visas.

