1 de junio - 2026

A pocos días del Mundial 2026, las agencias de seguridad nacional, en coordinación con EU, están en alerta máxima ante un catálogo de 50 amenazas críticas. Un informe revela escenarios que van desde ataques terroristas hasta riesgos químicos, bacteriológicos o radiactivos.
Fuente: PROCESO
CIUDAD DE MÉXICO.– A unos días de que ruede el balón en el Estadio Azteca, la pompa de la inauguración de la Copa Mundial de Futbol 2026 coexiste con un escenario de alerta institucional. Detrás de la fachada de la gran fiesta global, todas las agencias de seguridad, defensa e inteligencia del Estado mexicano, en estrecha y tensa coordinación con sus contrapartes estadunidenses, se declaran en alerta máxima.
El intercambio de información clasificada con agencias de EU ha llevado a crear un catálogo de hasta 50 amenazas críticas que penden sobre las tres ciudades sedes del Mundial en México, en particular en la capital mexicana.
Los escenarios de crisis previstos en los escritorios de seguridad nacional van desde aceptables hasta devastadores, ante la eventualidad de atentados terroristas contra diplomáticos de primer nivel de la ONU o de Estados Unidos —azuzados por la escalada bélica en Oriente Medio— o el temor fundado del esparcimiento de un «virus mortal» durante la ceremonia de apertura.
El documento, titulado “Matriz de identificación y evaluación de riesgos y amenazas locales en la Ciudad de México rumbo a la Copa Mundial FIFA 2026”, fue compartido entre instancias federales y locales encargadas de la seguridad.
Anatomía del peligro
El documento desglosa 50 posibles incidentes que amenazan la justa mundialista, dividiéndolos según su nivel de peligrosidad e impacto en una escala de cinco niveles: Aceptable, Significativo, Moderado, Crítico y Catastrófico. Este último representa el nivel de mayor letalidad para habitantes y visitantes, así como el peor impacto para la imagen internacional de México.
La matriz identifica como escenarios de severidad catastrófica la proliferación de enfermedades que afecten la salud pública, animal y la calidad agroalimentaria; las amenazas QBRN, es decir, ataques químicos, bacteriológicos, radiológicos o nucleares; incidentes de seguridad pública derivados del consumo excesivo de alcohol o de la presencia de grupos delictivos dedicados al robo y fraude en zonas turísticas y alrededores de los estadios.
También contempla afectaciones a los medios de transporte y comunicaciones, especialmente en Tlalpan, Periférico y Viaducto, así como fenómenos naturales adversos. El Mundial se realizará durante la temporada de lluvias, con riesgo de inundaciones y deslaves.
De acuerdo con el documento, el nivel Moderado concentra la mayor cantidad de escenarios, con 13 casos. Los niveles Catastrófico, Crítico y Significativo registran nueve escenarios cada uno, mientras que el nivel Aceptable es el menos frecuente.
Esta distribución obliga a priorizar acciones en los frentes de mayor severidad sin descuidar aquellos de alta frecuencia, con el objetivo de evitar incidentes de gran impacto durante el torneo.
Entre los riesgos moderados figuran robos sin violencia a turistas y asistentes en aeropuertos, hoteles, bares y restaurantes; robo de información por ciberdelincuentes; presencia de drones no autorizados en estadios; manifestaciones; accidentes viales; apagones; cancelaciones y retrasos de vuelos; sobrecupos y fallas energéticas o informáticas en sistemas de transporte y comunicaciones.
Los “lobos solitarios”
Entre las amenazas catalogadas como catastróficas destaca la posibilidad de ataques coordinados contra la red de transporte público, incluyendo Metro, Metrobús y Tren Ligero, sistemas que movilizarán a millones de aficionados.
Una de las mayores preocupaciones es la figura de los llamados «lobos solitarios», individuos radicalizados que actúan de forma independiente y son difíciles de detectar.
Como antecedente, el informe menciona el ataque ocurrido el 20 de abril en la zona arqueológica de Teotihuacán, donde un tirador abrió fuego contra visitantes, provocando la muerte de un ciudadano canadiense y lesiones a otras personas antes de suicidarse.
Según el documento:
“Posibilidad de un ataque terrorista combinado y coordinado en distintos puntos de la ciudad y con distintas modalidades, donde participan células terroristas durmientes, extremistas infiltrados como turistas, lobos solitarios, individuos radicales locales que buscan afectar a aficionados, público y usuarios en general del transporte colectivo.
Existe la posibilidad de algún ataque con explosivos, artefactos explosivos improvisados (AEI), atacante con otro tipo de armas (cuchillos, navajas, machetes, lanzas), dron cargado con explosivos en estaciones abiertas, ataque QBRN, incendio provocado o sabotaje de instalaciones”.
El riesgo asociado a ataques QBRN y al uso de explosivos improvisados se ubica entre los niveles Crítico y Catastrófico dentro de la evaluación.
Licencia para neutralizar
La presencia del crimen organizado también ocupa un lugar central en el análisis. El informe identifica como principales focos de atención al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y a distintas facciones del Cártel de Sinaloa con operaciones en el Valle de México.
Las acciones preventivas se han concentrado en aeropuertos, centrales de autobuses y casetas de peaje para detectar posibles desplazamientos de operadores criminales.
Asimismo, se contemplan escenarios en los que organizaciones delictivas ejecuten actos de «narcoterrorismo» con el objetivo de presionar al gobierno federal para obtener beneficios o exigir la liberación de líderes detenidos.
Ante amenazas directas contra visitantes de alto nivel, el documento considera que los equipos de seguridad podrían actuar para neutralizar cualquier peligro inminente.
Otro escenario evaluado como catastrófico es el secuestro de integrantes de delegaciones extranjeras:
“Una célula de un grupo de la delincuencia organizada o terrorista extranjera se podría infiltrar en alguna de las ciudades sedes del mundial para llevar a cabo el secuestro de algún autobús donde se traslade la delegación extranjera y tomar como rehenes a personal de alguna selección nacional, equipo técnico o directivos con el fin de exigir demandas que podrían ser rescate económico o liberación de miembros de su organización”.
El documento concluye señalando que las fuerzas de seguridad locales enfrentan importantes desafíos de preparación e inteligencia para responder a una crisis de gran magnitud durante el evento.

