6 de mayo - 2026

Por Edgardo Cabrera
La senadora Anabell Ávalos se convertirá en el peor dolor de cabeza de la decadente historia de la administración de Lorena Cuéllar y su descarada injerencia en el proceso electoral del 2027, ahora sí, llegó el tiempo de cobrar facturas.
Resulta que la semana pasada en conferencia de prensa en el Senado de la República, la legisladora priísta exhibió la intromisión del gobierno estatal en el adelantado proceso interno morenista, ya sabemos: bardas, funcionarios y dispendio de los recursos públicos con fines proselitistas, no solo para la sucesión de la gubernatura, también quiere un Congreso local a modo que le cuide la espalda y ayuntamientos que mantengan su jubilación política.
En esa misma declaración, también deslizó la influencia de la delincuencia en la toma de decisiones.
Además de la denuncia mediática, Ávalos Zempoalteca presentó una solicitud de juicio político en contra de Emmanuel Ávila González, presidente del Instituto Electoral de Tlaxcala señalado como el brazo ejecutor del castigo contra opositores y portero del lorenismo.
No olvidemos aquella sesión en la que ejerció su voto de calidad para frenar la pretensión de actores políticos contrarios a Morena para establecer medidas cautelares y borrar la propaganda atribuida al alcalde capitalino Alfonso Sánchez García y la senadora Ana Lilia Rivera, días después, el presidente del organismo electoral responsabilizó al legislativo de los vacíos legales que impiden actos anticipados de promoción, así trató de justificar su actuación.
Del rumbo que tenga esa solicitud de juicio político que ya está en manos del Congreso local dependerá la credibilidad del organismo electoral en el 2027, porque ya lo verá, la disputa por los ayuntamientos y los pleitos internos morenistas seguirán exhibiendo la actuación parcial del árbitro, si en el pasado hemos atestiguado protestas en San Manuel durante el proceso, ahora veremos cómo se calientan los ánimos desde antes.
CUENTO DE NUNCA ACABAR
Las fallas en el sector salud son cuento de nunca acabar, recuerda aquella vacilada de slogan que adoptó por solo unos meses Lorena Cuéllar. Quería que la llamarán la “gobernadora de la salud” por la construcción de dos clínicas, que no hospitales, las cuales, en las primeras lluvias exhibieron filtraciones por mal hechas, siguieron desabasto de insumos, medicamentos y materiales, alimentos podridos y, ante la incompetencia de administrar, entregó el sistema a la federación.
Ahora, un informe derivado de auditorías realizadas por el Órgano Interno de Control del ISSSTE exhibió que en el Hospital General de Tlaxcala el sistema de refrigeración es una porquería, el equipo es obsoleto, se supone que ahí se mantienen medicamentos y vacunas bajo un estricto control de la temperatura.
No es la primera vez que salen a relucir problemas en ese hospital donde han transitado y están incondicionales de Cuéllar, en ese mismo lugar se han documentado deficiencias operativas graves, falta de insumos, escasez de personal médico, hostigamiento laboral y negligencia en atención médica.
