ANTÍPODAS
4 de mayo - 2026


Por Juan Manuel Cambrón Soria

SOBERANÍA O COARTADA: EL LODAZAL DE ROCHA MOYA

La reacción fue automática, sin matices, cero prudencias, menos el beneficio de la duda. Apenas se conoció la solicitud de extradición del gobierno de Estados Unidos contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, un senador y otros funcionarios, el régimen cerró filas ipso facto. Procedió a la defensa política antes que nada, poniendo por delante la lealtad a los suyos antes que la verdad. Una vez más, el patrón que distingue al actual régimen político de México: encubrir primero.

No es la primera vez que figuras vinculadas al oficialismo aparecen en el radar de investigaciones por presuntos nexos con el crimen organizado. Ahí está el caso de Hernán Bermúdez Requena, vinculado a grupos criminales en Tabasco, entre otros casos de conocimiento público. Donde a pesar de la reiteración de indicios, investigaciones y señalamientos, todo siempre termina en el mismo lugar… la negación política.

El caso del gobernador sinaloense anticipa una narrativa conocida: el acto reflejo que suele usar la 4T cuando el lodo les llega a las rodillas. El libreto usará frases como “soberanía vulnerada”, “injerencia imperial”, “ataques desde el extranjero”. Siempre que la realidad los incomoda o los acorrala, la estrategia es idéntica: cierre de filas con los suyos, elevan la bandera nacional y convierten el cuestionamiento y el escándalo en una afrenta.

La cuestión que está en el aire, dado el tamaño del misil enviado por la justicia americana, es conocer si esta vez les alcanzará para salirse con la suya. Suele existir un punto donde el discurso deja de contener el desgaste, donde el nacionalismo reactivo deja de ser escudo y comienza a parecer coartada. Donde la narrativa de “defensa de la soberanía” empieza a chocar con una realidad que millones de mexicanos viven todos los días: la expansión territorial del crimen, la normalización de la violencia y la percepción —cada vez más extendida— de que el Estado no solo es incapaz de contenerla, sino que en algunos casos se mimetiza con ella.

Hay dos escenarios posibles por delante.

El primero es de un impacto alto ante el desgaste de la palabrería morenista. En esta tesis, dada la cadena de episodios similares que, juntos, construyen una percepción de tolerancia —o peor aún, de cercanía— entre el poder político y el crimen organizado, el impacto puede ser profundo rumbo a las intermedias de 2027. No necesariamente en el voto duro de Morena, que ha demostrado una alta capacidad de resistencia narrativa, pero sí en el segmento más volátil: clases medias urbanas, votantes jóvenes y sectores que ya comienzan a mostrar signos de fatiga frente a la estrategia que no logra devolver la paz al país y a vastas regiones del territorio nacional. En esta perspectiva, si bien Morena no colapsa, sí enfrentaría un proceso de erosión, disminuyendo márgenes electorales y cediendo territorios.

La segunda línea es que sea un bajo impacto, donde la cantaleta del nacionalismo a ultranza sea un blindaje efectivo y suficiente. No considerar esta posibilidad sería un error. Porque si el régimen logra encapsular el caso, convirtiéndolo en un episodio más, dará como resultado que su base lo procese como parte de una narrativa de resistencia. Entonces el tema, por más grave que parezca, políticamente no trascenderá la conversación mediática y política. No olvidemos que Morena ha demostrado una habilidad notable para absorber los golpes, redistribuir la agenda y mantener cohesionada a su base a través de símbolos, identidad y confrontación. En esta tesis, el caso Rocha no movería la aguja electoral de manera significativa: sería solo ruido, sin visos de ruptura.

Si la presidenta Sheinbaum decide actuar como estadista y cortara de tajo la impunidad y castigara a los narcos políticos, su investidura se vería fortalecida. Sin embargo, si decide ser jefa de partido, entonces su cálculo será meramente electoral, y sus decisiones estarán orientadas a reducir los impactos al partido político del cual forma parte. Frente a este último giro, es posible que logre minimizar los costos, pero la credibilidad de la mandataria se verá mellada más seria y sistemáticamente.