Un año más
26 de mayo - 2014

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Pbro. Ranulfo Rojas Bretón

Al celebrar un año más de vida no puedo dejar de hacer una reflexión sobre el tiempo. Si bien para muchos es una circunstancia indiferente, así que un día es igual a otro y ningún día tiene nada de especial, ni siquiera el cumpleaños o aniversario. Los hay que celebran el tiempo como algo especial. De hecho en la historia del desarrollo de los pueblos siempre ha habido celebraciones rituales que o bien les recuerdan acontecimientos especiales o les marca fechas trascendentes.

Hace años leía un libro llamado “los descubridores” muy interesante que muestra como el hombre ha ido descubriendo cosas y de los primeros descubrimientos que hizo fue el tiempo. El hombre descubrió que había día y noche que duraban tiempos similares, que había ciclos que luego fueron llamándose primavera, verano, otoño e invierno y que en cada tiempo luego llamado estación ocurrían acontecimientos similares como caída de nieve, o maduración de frutos, etc, etc. También descubrió la manera de medir el tiempo y fue construyendo meses y años. Además de la forma de medirlos y así inventó los relojes. Los primeros relojes fueron los de sol, los de agua, los de arena así hasta llegar a nuestros modernos digitales. También descubrió que el tiempo era relativo, es decir, depende de dónde te encuentres para que la medición del tiempo sea diferente. Así, aparecieron los husos horarios que hace que mientras aquí sean los de la mañana en partes de Europa sean las cinco de la tarde.

El tiempo está ligado necesariamente a la vida del hombre y sólo al hombre porque los animales viven pero no saben nada del tiempo y sólo se rigen por movimientos instintivos; así al salir el sol, comienzan su actividad –los animales diurnos- y al llegar la noche se recluyen. ¿Qué tiempo viven? Eso lo determina el hombre, pues es el único que mide el tiempo. Él sí sabe cuánto años tiene un animal, cuántos un árbol o cuánto dura una tormenta, o en qué tiempo la tierra gira alrededor del sol. El hombre no solo es un ser temporal sino un ser ligado al tiempo  y por eso es el único que lo celebra.

El hombre comenzó a celebrar las fiestas lunares, luego las solares, los ciclos de las estaciones, luego las de los meses y también los días. Muchas celebraciones desde el principio estuvieron ligadas a la religión o bien los acontecimientos naturales se fueron volvieron religiosos. Así, el nacimiento de un niño se ligó a los astros y se buscó anticipar o prever lo que podría pasar en el futuro o lo que según los astros tuvieran como buenaventura para aquel niño que había nacido bajo varios auspicios que sólo algunos iniciados podían interpretar.

Mucho se puede hablar del tiempo de manera filosófica y científica, hay pensadores como el alemán Martín Heidegger que dedica una obra a hablar de “el ser y el tiempo” (sein ut zeit) en la que busca una complementariedad entre ambas realidades así que el hombre es un ser en el tiempo dentro del cual debe “hacerse” y otro como el español Ortega y Gasset que afirma: “Yo soy yo y mis circunstancias” pero sin enfocarme en los estudios filosóficos vale la pena hacer experiencia del tiempo.

Cumplir un año más de vida y también en mi caso de sacerdocio me da la oportunidad de valorar en este tiempo vivido no solo los logros, que pueden ser muchos o pocos pero logros al fin y al valorarlos celebrarlos. El Papa Francisco insiste en que debemos “celebrar” los pequeños logros. No deben pasar desapercibidos y no deben ser vistos como consecuencia del esfuerzo, de las capacidades y del genio personal solamente; es necesario ver en ellos la Providencia Divina pues “no cae la hoja del árbol sin la voluntad del Padre celestial” y confiar como el salmista que cree que: “si el Señor no construye la casa en vano se cansan los albañiles, si el Señor ni guarda la ciudad, en vano vigilan los centinelas”. Todos los logros por pequeños que parezcan deben ser vistos en la óptica de la Providencia Divina y eso ya es un motivo que merece celebración.

Pero además de logros, un tiempo cumplido es la oportunidad de agradecer a tanta gente que ha estado aquí cercana a mí: familia, amigos, amigas, compañeros, feligreses, alumnos, en fin, tanta gente que me ha prodigado su amor, su cariño, su amistad y con ello ha contribuido a mi “bienestar” porque cuando tienes junto a ti la calidad de personas que yo tengo no se puede “malestar” o “estar mal”. Dios ha sido grande y generoso pues siempre ha colocado como a él en su camino de la cruz a la Verónica que se ha acercado a enjugar mi rostro golpeado y cansado. A Simón de Cirene que a regañadientes o de voluntad ha colaborado ayudándome a llevar la cruz; imagen de él presente en todos los amigos y conocidos que de muchas maneras se suman para hacer más llevadero este viacrucis. A su madre que en mi madre y mi familia ha puesto la fortaleza y el apoyo en mi debilidad; pero también la emoción, la alegría y el consuelo para seguir adelante confiando en que en el camino no estoy solo.

Si, seguro que ha habido caídas, no solo tres, muchas. A veces mi ignorancia me ha tirado, a veces mi soberbia y mi orgullo, otras mis pasiones, muchas cosas han sido piedras que he encontrado y he ido de bruces contra el suelo. Ahí he tocado fondo y volteando al cielo he podido volver a escuchar la voz interna que me dice: “levántate aún no has llegado”. Y ahí mirando al cielo he podido escuchar la voz de impulso pero también de perdón que me ayuda en mis debilidades y esbozando una sonrisa me he levantado sabiendo que los brazos amorosos del Padre se abren para mí y me reciben sin darme la oportunidad de comenzar mi discurso: “He pecado contra el cielo y contra ti”. Dios es tan a todo dar que perdona, anima e impulsa para seguir. Nos conoce y “sabe de qué patita andamos cojeando”, simplemente está esperando que nos decidamos y digamos: “me levantaré y volveré a mi Padre”.

Celebrar un año más de vida y un aniversario también, es darnos la oportunidad de recomenzar, es como volver a empezar como cantaba Lennon y eso es de verdad sensacional. Tal como hacíamos  de niños al jugar y habíamos fallado era típico el decir: “va de nuez” que simplemente quería decir hay otra oportunidad y ahora sí será la buena. No comulgo nada con quien dice con nostalgia: “en mis tiempos” refiriéndose al pasado y sobre todo a aquel tiempo en el que se sentían en su esplendor. Yo creo que el mejor tiempo es el que vivo, el mejor día es hoy y el mejor lugar es en el que estoy. El pasado ofreció sus cosas y el presente ofrece las suyas. Como canta Arjona: “hoy es un buen día para empezar”; este día hay que vivirlo al máximo, ligado al pensamiento de los doble AA diré: Solo por hoy, solo por estas 24 horas viviré al máximo y agradeceré a Dios y a los que me rodean: hombres, vegetales, animales y toda la naturaleza el estar vivo porque Dios lo ha permitido. A todos de verdad cercanos o lejanos, del pasado, del presente y de siempre ¡Muchas gracias! Cada uno sabe cuál es el espacio que ocupa en mi corazón y qué tan importante es para mí.