3 de marzo - 2025

Las oportunidades de vivienda son nulas para los jóvenes, lo mismo que el acceso a la educación y los servicios de salud.
Fuente: PROCESO
En medio del torbellino de noticias por las amenazas de Trump, la trasferencia de capos de cárteles a Estados Unidos y las reformas constitucionales aprobadas en el Congreso, en estos días se publicó una información que tendría que ser el tema de mayor importancia y preocupación: la mayoría de los jóvenes del país no tienen posibilidad de ascender en la escala social, nacen pobres y así habrán de morir.
La frase es trágica pero cierta. Durante décadas generaciones de jóvenes tuvimos la posibilidad de movernos socialmente. Las políticas públicas de educación, laboral, vivienda y salud permitían aspirar a mejores condiciones de vida. Se llamó “cultura del esfuerzo” a esa posibilidad de acceder a mejores formas de vida. Hoy eso es prácticamente imposible.
En la actualidad, dice Enrique Díaz Infante, director del Sistema Financiero en el Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY), “si naces pobre, mueres pobre. Naces rico, mueres rico”. Esta fatalidad la explica porque el 75% de la población no tiene posibilidades de moverse socialmente ante la falta de igualdad de oportunidades en educación y salud, las cuales impiden que las personas mejoren su nivel de vida.
En un estudio del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) presentado en el seminario “30 años de la crisis financiera de 1994-1995”, en referencia a la crisis que se dio en la fase de transición entre los presidentes Carlos Salinas y Ernesto Zedillo y que fue un crack financiero conocido en el mundo como “El efecto tequila”, que afectó a 17 millones de familias.
En dicho seminario Díaz Infante expuso esta medición según la cual de 10 mexicanos que nacen en un lugar muy pobre, la mayoría se queda en la misma condición.
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