SUBE Y SUBE
5 de agosto - 2021

Por Edgardo Cabrera

Los contagios de Covid-19 siguen en ascenso cada día, este jueves se reporta un nuevo pico en la entidad, 73 casos positivos, el mes de agosto empezó con 61.

Los muertos por la enfermedad ocasionada por el coronavirus Sars-CoV-2 mantienen un promedio de cuatro diarios, en mayo hubo varias semanas en CERO.

En contraste, pareciera que en nuestra entidad a nadie le importa ya poner un freno y establecer restricciones, por ejemplo, a los eventos masivos como los bailes.

En Chiautempan el fin de semana y con motivo de su feria, ni el municipio, Salud Estatal o el gobierno Federal se metieron, todos consintieron que miles se congregaran a bailar y beber con la onda grupera.

En la capital se anuncia para esta misma semana un baile sonidero, en Tlaltelulco incluso ya hay cartel anunciando un baile para septiembre por las fiestas patrias, y los antros, así como bares, operan a su máxima capacidad.

Pero ciertamente no todo es culpa de los gobiernos, los ciudadanos, el pueblo como es catalogado, relajó las medidas y salen sin miedo NO a trabajar o por NECESIDAD, sino a la fiesta o el turismo social.

Pese a esa conducta ciudadana ¿pretendemos regresar a clases en las aulas?, son esos irresponsables los que pondrán en riesgo a la comunidad escolar, algunos porque llevarán a sus hijos quizá contagiados y asintómaticos, otros porque andarán como la fresca lechuga en el transporte y los lugares públicos.

Quizá no lo han dimencionado, pero la variante delta ya está confirmada, y sus efectos meterán en jaque, otra vez, al sector salud y nos agarrará en plena transición de los gobiernos, fuera de lugar y de capacidad para reaccionar, al tiempo.   

CRISIS

A la tercera ola de contagios por Covid-19, se sumó esta semana la crisis por el gas Lp derivada del paro ordenado el martes por los distribuidores y comisionistas en protesta por el establecimiento de un tope a los precios del combustible.

La semana pasada el gobierno de Andrés López Obrador reventó contra los gaseros dado que el energético está “por las nubes”, ¡cierto!, para la economía familiar comprar un cilindro o un litro para tanque estacionario es un golpe mensual.

Hasta antes del 1 de agosto, fecha en que la Comisión Reguladora de Energía estableciera los precios máximos, un cilindro de 20 kilogramos, el de mayor consumo, llegó a costar cerca de 600 pesos, 580 para ser exactos.

Pero atender este problema ya derivó en otros, el primero, el desabasto en el centro del país, entre ellos nuestra entidad, desde el martes varias empresas atendieron el llamado de sus organizaciones y pararon labores, por la tarde del miércoles hubo marcha atrás y sus líderes nacionales levantaron la protesta para que este jueves regrese la distribución normal.

Pero durante el paro, algunos gaseros se resistieron a suspender la distribución, hay videos, subidos por el propio movimiento en contra de los topes a los precios, que dejan constancia de amenazas a los distribuidores que decidieron ignorar el llamado y salieron a vender su producto.

De ese video, del cual dejo constancia aquí, se ve y se escucha claramente que de no suspender la venta se “atendrán a las consecuencias” y ya no serán “advertencias por las buenas”.

En respuesta a los amagos, desde Palacio Nacional el presidente de la república advirtió que no doblegarán a su gobierno y que incluso mandará a la Guardia Nacional para proteger a los comisionistas que sí están trabajando, al tiempo de asegurar que la medida es temporal.

Pero mientras el Estado, los grandes distribuidores de gas y los comisionistas se ponen de acuerdo, parece que al final del día los más afectados son los ciudadanos, porque ciertamente el precio bajo, ya están vendiendo el cilindro en 438 pesos en la capital, el asunto es que el fantasma del desabasto está presente.