¿Para qué quieren gobernar Tlaxcala?
17 de septiembre - 2026

Por Mauricio Hernández Olaiz

¿Por qué quieren gobernar Tlaxcala Ana Lilia Rivera y Alfonso Sánchez García? Seguramente ambos responderían lo mismo: porque aman al estado, porque tienen un profundo compromiso con los tlaxcaltecas, porque quieren bienestar, transformación, desarrollo y todas esas frases que caben perfectamente en un discurso de banqueta. Bla, bla, bla.

Pero hay una pregunta más incómoda: ¿qué es realmente lo que buscan cuando buscan el poder?

Porque el poder no es solamente sentarse en la silla grande. Es la capacidad de decidir, de nombrar, de negociar, de disponer de presupuesto, de construir estructuras, de influir sobre instituciones y de convertirse en el centro de las decisiones políticas de un estado. El poder, en política, significa mucho más que una fotografía con la banda en el pecho.

Y cuando uno observa lo que han hecho Alfonso y Ana Lilia durante los últimos meses, más allá de sus discursos, aparece una pregunta inevitable: ¿qué hay detrás de esta obsesión por llegar?

Alfonso no llegó a la sucesión desde la nada. Fue secretario de Infraestructura del gobierno de Lorena Cuéllar, después alcalde de Tlaxcala y desde ahí construyó una plataforma política con territorio, exposición, relaciones y estructura.

Su cercanía con el gobierno estatal es evidente y también lo han sido los señalamientos por promoción personalizada. El ITE ha ordenado retirar propaganda con su nombre y, más recientemente, el episodio de Casa de Gobierno puso sobre la mesa acusaciones sobre la utilización de instalaciones y recursos públicos para impulsar su proyecto. Sin duda forman parte de la historia de esta carrera.

Ana Lilia tiene otra ruta. Su trayectoria política es larga: diputada local, fundadora de Morena en Tlaxcala, senadora y presidenta de la Mesa Directiva del Senado. Tiene experiencia, relaciones y una estructura política propia. Pero tampoco es precisamente una santa de la política. Su carácter confrontativo le ha generado críticas y no olvidamos su célebre “¿quién es el estúpido que lo pregunta?”, cuando fue cuestionada por su trabajo como senadora. Después explicó que se refería a quienes difundían desinformación. El problema es que ella misma siempre habla de ejercer el poder con humildad y sin soberbia.

Además también tiene su buena dosis de violencia a la ley electoral. Las bardas, espectaculares, entrevistas, mitines fuera de tiempo no la hacen diferente a su adversario, en eso son iguales, la búsqueda del poder…

Pero…. ¿quién está pagando todo esto?

En el caso de Alfonso, la estructura gubernamental que lo ha acompañado es visible y ha sido cuestionada públicamente. En el de Ana Lilia, el origen de los recursos para una promoción de esta dimensión no está igualmente claro. Y mientras no haya una explicación suficiente, la pregunta seguirá ahí.

Porque los dos han gastado una verdadera locura de recursos, tiempo, esfuerzo y capital político en su búsqueda de la candidatura de Morena. Y todavía falta la elección constitucional.

Por eso cuesta trabajo imaginar que, si Morena decide que uno de ellos no será su candidato, el otro, simplemente se siente a esperar otra oportunidad en el futuro.

Ahí estará la verdadera prueba. ¿Qué tan leales son a su movimiento?

Porque mientras ambos creen tener posibilidades, es sencillo hablar de unidad, disciplina, transformación, pueblo y proyecto. Lo verdaderamente interesante será ver qué ocurre cuando uno de los dos quede fuera.

¿Aceptará Alfonso que todo termine si Morena no lo abandera?

¿Aceptará Ana Lilia que el proyecto quede en manos de quien considera representa una forma distinta de entender el poder, de todo lo que juró combatir Morena?

Y es que para Ana Lilia el rival, no solo es Alfonso, es también Lorena…Y aunque la senadora con licencia ha asegurado buscar reuniones con la mandataria, es evidente que no coinciden ni social ni políticamente…

Sería irresponsable afirmar que alguno romperá con Morena, pero seré irresponsable…yo no veo a ninguno de los dos ayudando al otro, yo los veo, a ambos, fuera de morena si no son ungidos…La ideología y la transformación y todo eso pasaría a lo que en verdad es…pura palabrería, mera propaganda.

Al final, quizá la pregunta más importante no sea quién quiere gobernar Tlaxcala, sino ¿para qué quieren gobernarla?

Porque detrás de los discursos sobre el pueblo, la transformación y el amor por Tlaxcala existe algo mucho más concreto: el poder, y el poder absoluto…el control.

El mejor ejemplo de todo lo anterior es precisamente quien hoy gobierna…embelesada por el poder, el dinero y el control total, perdió por completo el rumbo y se convirtió en la peor gobernadora de la historia, y esa etiqueta ya nadie se la quitará jamás….

Y es que el poder, cuando se persigue con tanta intensidad, con tanto dinero, tanta estructura y tanto desgaste, difícilmente se abandona con un simple “ni modo”, “para la otra”

Así que antes de volver a decirnos cuánto aman a Tlaxcala, quizá valdría la pena preguntarles algo mucho más sencillo:

¿Qué quieren hacer con el poder cuando lo tengan?

¿Para qué quieren gobernar Tlaxcala?

Querer gobernar es una cosa. Explicar para qué se quiere gobernar… es otra muy distinta, y seguro estoy que ninguno tiene una respuesta honesta.

Estamos a días, o tal vez solo a horas de la definición, entonces, solo entonces, algunas de estas preguntas tendrán respuesta…¿O no?

@olaizmau

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