Antípodas: un palenque en medio de la basura
26 de octubre - 2026

Por Juan Manuel Cambrón Soria

Hace casi dos mil años, el poeta romano Juvenal acuñó una expresión que sobrevivió al Imperio, a los emperadores y a los siglos: Panem et circenses, pan y circo. Era una crítica a los gobernantes que mantenían entretenido al pueblo mientras los asuntos verdaderamente importantes quedaban relegados. Dos milenios después, los gobiernos en general, incluido el de Tlaxcala, siguen usando esa vieja fórmula.

La administración estatal de Lorena Cuéllar tiene una curiosa manera de entender las prioridades públicas, porque por un lado inaugura un palenque de primer nivel, presume la modernización del recinto ferial, y al mismo tiempo declara una emergencia ambiental porque ya no sabe dónde depositar la basura. Parece una broma de mal gusto, pero se retratan las contradicciones de un gobierno que ha privilegiado las obras de relumbrón mientras es incapaz de solucionar problemas elementales.

La crisis de la basura que se vive en la entidad no apareció de la noche a la mañana, tiene antecedentes que sí, se remontan a gobiernos anteriores, pero las advertencias institucionales graves se han dado en los últimos años. En abril de 2024, la PROFEPA impuso clausuras parciales a los sitios de disposición final del estado por incumplir la normatividad ambiental; en junio de 2025 notificó resoluciones de clausura total; es decir, las autoridades conocían el problema, sus dimensiones y los costos de no atenderlo oportunamente.

Al momento en octubre de 2026, la saturación del relleno sanitario de Atlangatepec, que es prácticamente la última alternativa pública disponible para los 60 municipios, obligó al gobierno a declarar una emergencia ambiental. Estamos hablando de aproximadamente mil 200 toneladas de residuos diarios que requieren recolección, tratamiento y disposición adecuada; y con ese conocimiento, en lo que va del sexenio, ¿qué diantres hizo el gobierno para evitar llegar a semejante extremo?

Y mientras la basura se acumula a riesgo de desbordarse en las calles, el gobierno presume una inversión de 400 millones de pesos en la renovación del recinto ferial, incluido un flamante palenque para 5 mil 800 espectadores; que se adereza con una cartelera de artistas de renombre sin costo para la gente, pero cuyas facturas suelen ser millonarias. Quizá tengamos el palenque más moderno de la región y, al mismo tiempo, los camiones recolectores más desesperados buscando dónde descargar basura.

Tlaxcala necesita una política pública integral de gestión de residuos; cuya primera medida urgente es garantizar sitios autorizados para la disposición final, mediante convenios transparentes y soluciones temporales que impidan la acumulación de basura en calles, barrancas y comunidades.

En segundo término, resulta indispensable construir un sistema regional de tratamiento, con estaciones de transferencia, infraestructura de separación, aprovechamiento de materiales reciclables y procesamiento de residuos orgánicos; en ninguna circunstancia podemos seguir dependiendo exclusivamente de enterrar toneladas de basura hasta que los terrenos se saturen.

Como tercer elemento, es impostergable impulsar un programa estatal de economía circular, con participación de municipios, empresas, instituciones educativas y ciudadanía, acompañado de financiamiento, metas públicas y mecanismos de supervisión ambiental; en donde la separación desde los hogares debe formar parte de esta estrategia y requiere un compromiso de los ciudadanos.

Finalmente, el Congreso local debe asumir su responsabilidad en materia de revisión de las prioridades presupuestales, privilegiando que los recursos públicos de 2027 se orienten correctamente.

La crisis de la basura no se resolverá con conferencias de prensa, decretos de emergencia ni campañas publicitarias. Si bien es cierto que Tlaxcala merece disfrutar de su feria, de artistas y de sus tradiciones; pero también lo es que merece calles limpias, comunidades saludables y un gobierno capaz de resolver los problemas cotidianos.

Después de todo, los conciertos duran unas horas, las ferias unas semanas y los gobiernos unos años; sin embargo, las consecuencias de una mala política ambiental nos van a acompañar por generaciones; y esas por desgracia, las malditas consecuencias no van a desaparecer cuando se apaguen las luces del palenque.

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