8 de octubre - 2026

Por Mauricio Hernández Olaiz
Alfonso perdió la primera batalla, pero no abandonará la guerra. Después de dejar abierta la posibilidad de salir de Morena, finalmente se inscribió para buscar la coordinación del segundo distrito con la mira puesta en una diputación. Eso sí, lo hizo muy, pero muy calladito, midiendo el agua a los camotes y procurando no hacer demasiado ruido después del descalabro que significó perder la encuesta frente a Ana Lilia Rivera. Porque una cosa es hacer un berrinche y amagar con irse y otra muy distinta encontrar quien te garantice una candidatura competitiva.
Aunque algunos afirman que Morena no quiere perder a Lorena por su visión y experiencia política, yo lo veo justo al revés, a Lorena Cuéllar no le conviene romper con Morena. La gobernadora tiene demasiado que perder sin la protección política del régimen, especialmente si desde la Federación existiera la voluntad de revisar sus excesos y exigirle cuentas. Hoy Morena como partido oficial es mucho más que la mandataria local.
Apostar todas sus fichas por imponer a Poncho como gobernador para que le sirva de escudero podría resultar una jugada de altísimo riesgo. ¿Y si el respaldo que hoy parece incondicional desaparece cuando más lo necesita? Porque en política los padrinos abundan mientras se tiene poder, pero cuando empiezan los problemas, hasta los teléfonos se quedan sin saldo o batería.
Además, hay algo que no se olvida en Palacio Nacional, el episodio en el que Lorena botó a Scheinbaum y se inclinó por Adán Augusto. Ahora pueden prodigarse abrazos, besos, sonrisas y reconocimientos públicos, pero caras vemos, corazones no sabemos. La cortesía política no necesariamente significa confianza, y menos cuando hay antecedentes que podrían pesar en las decisiones importantes.
Por lo pronto, la doctora no permitió que Lorena impusiera a su delfín, y eso, por sí solo, dice bastante. No significa que la relación esté rota, pero sí que la gobernadora no tiene todas las cartas que quisiera tener en la mesa. Pero eso si, no moverá un dedo para apoyar a Ana Lilia, todo parece indicar que ahora si el gobierno sacará las garras del proceso, ya no habrá más episodios de la casa de los mapaches, que seguramente quedará Impune.
Mientras tanto, en el PRI, a río revuelto, ganancia de pescadores. La semana pasada, Enrique Padilla, el priista más Lorenista, dejó abierta la puerta para recibir a Alfonso. No pronunció su nombre, pero tampoco hacía falta. El mensaje llevaba destinatario y en política los silencios suelen ser tan elocuentes como los discursos.
En mi columna de hace ocho días comenté que me habría encantado ver la cara de la senadora Anabell Ávalos al enterarse de semejante invitación, evidentemente se enojó pues de inmediato salió a aclarar que Alfonso podría llegar al PRI, pero que la candidata a la gubernatura es ella. Punto y se acabó.
Una declaración dirigida a todo el que quisiera entenderla, especialmente a su presidente estatal, pero también a Alfonso y, de paso, a Lorena.
La pregunta es si el mensaje también le quedó claro a Alejandro Moreno, Alito, dirigente nacional del PRI. Es cierto que él destapó a Anabell y que también movió sus piezas para presionar a Jesús Zambrano y conseguir que Juan Manuel Cambrón se bajara de la primera fórmula al Senado, abriéndole el espacio a Ávalos Zempoalteca.
Pero una cosa es cumplir compromisos y otra muy distinta renunciar a la pragmática lógica de la supervivencia política. Digámoslo sin rodeos, Alito no es precisamente un romántico de la lealtad partidista. Si las cuentas le dicen que otra fórmula tiene mayores posibilidades de recuperar el gobierno de Tlaxcala, difícilmente se quedará cruzado de brazos por defender una decisión tomada meses atrás. Para un dirigente nacional, recuperar una gubernatura de las pocas que todavía podría conquistar el otrora poderoso PRI sería una palomita importante en su gestión. Y si para conseguirla hay que cambiar de caballo a mitad de la carrera, ya conocemos cómo se las gastan algunos políticos.
En ese escenario, Alfonso Sánchez García podría convertirse en una alternativa para el tricolor, siempre y cuando los cálculos electorales y las negociaciones lo hicieran viable. No digo que vaya a suceder, pero tampoco sería sensato descartar una posibilidad que hoy algunos prefieren ni siquiera mencionar. En Tlaxcala, las puertas partidistas suelen abrirse con una facilidad sorprendente cuando detrás de ellas se asoma la posibilidad de conservar el poder.

Hay otra señal que merece atención, Beatriz Paredes habría colocado cerca de Anabell a Ernesto García Sarmiento, un beatricista de hueso colorado que no se separa de la senadora. La presencia de alguien de la confianza de la exgobernadora podría interpretarse como una forma de acompañamiento, vigilancia política o respaldo frente a los movimientos que se están cocinando. Y es que tampoco es secreto el acercamiento que, en los últimos tiempos, se ha hecho visible entre Beatriz Paredes y la actual gobernadora. ¿Casualidad, coincidencia o una jugada preventiva? Cada quien tendrá su respuesta, pero en política las compañías también mandan mensajes.
Incluso hay algo de justicia poética en la posibilidad de que Alfonso terminara desplazando a Anabell a última hora, como ella hizo con Juan Manuel Cambrón en la primera fórmula al Senado. El karma político tiene una curiosa manera de aparecer cuando menos se le espera, aunque conviene recordar que todavía estamos hablando de escenarios posibles y no de decisiones consumadas.
Para enturbiar aún más el asunto el pasado martes Padilla declaró que no hay cabida para Alfonso en el PRI…No es la primera vez que escucho a un político cambiar de opinión, pero eso no quiere decir que la idea no rondó o siga rondando en el tablero.
Después de todo, ya vimos cómo Marco Mena terminó entregando buena parte de la estructura política priista a un proyecto que acabaría beneficiando a Lorena, a pesar de que dijeron estar a muerte con su candidata, la historia dejó lecciones que algunos parecen empeñados en olvidar.
Pero no nos adelantemos, oficialmente, Alfonso se queda en Morena y busca la coordinación distrital. Una decisión que seguramente no le cayó nada bien a Raymundo Vázquez Conchas, diputado con licencia que apenas el lunes manifestó su interés por reelegirse en el cargo.
La novela morenista, sin embargo, no es la única que promete capítulos intensos. En el PAN también hay movimientos. La diputada local Miriam Martínez recibió un importante espaldarazo de la gobernadora de Aguascalientes, Tere Jiménez, quien la consideró una de las mejores opciones para sacar a Morena de Palacio de Gobierno. El mensaje fue retomado por el dirigente estatal panista, Ángelo Gutiérrez, quien dejó abierta la posibilidad de una gran alianza opositora, pero con una condición nada menor, que sea su esposa quien la encabece.
Así que tenemos muchos jefes y pocos apaches. El PRI dice que tiene candidata; el PAN también tiene la suya, y ambas están convencidas de que los demás deberían sumarse a su proyecto. El problema es que, si todos quieren encabezar la alianza, ¿quién va a tener la generosidad de aceptar que no le toca?.
Por si fuera poco, algunas mediciones recientes colocan a Miriam Martínez por encima de Anabell Ávalos. Naturalmente, habrá que saber quién pagó el estudio, cuál fue la metodología y qué tan confiables son sus resultados antes de convertir una encuesta en sentencia. Ya sabemos que en temporada de sucesión los números también hacen campaña y que, dependiendo de quién los financie, pueden convertirse en instrumentos de medición o en auténticos ejercicios de propaganda. Lo interesante, en todo caso, es que la panista comienza a figurar con mayor fuerza y eso podría modificar las cuentas de quienes ya se repartieron mentalmente las candidaturas.
Y cuando parecía que el caldero ya estaba suficientemente caliente, surgió la versión de que Movimiento Ciudadano podría bajar del árbol al changuito para subir a Adriana Dávila. La sola posibilidad encendió las especulaciones, pero la propia exsenadora y dos veces candidata al gobierno salió a desmentir de tajo el trascendido.
Mientras tanto, los partidos pequeños corren de un lado a otro buscando dónde acomodarse para no quedarse fuera del reparto. El PT parece haber entendido que Irma Garay depende por completo de la fuerza electoral de Morena y sin el régimen es un cero a la izquierda, pese a ello tiene fichas para jugar y hasta para imponer.
En el PRD, si nadie toca a su puerta, Juan Manuel Cambrón sería su abanderado. No sería una candidatura fácil ni necesariamente ganadora, pero sí podría darle emoción a la contienda y obligar a más de uno a tomarlo en serio.
Y aquí quiero hacer una precisión, porque seguramente habrá quien diga que hablo así de Cambrón porque es mi amigo. No lo somos y creo que probablemente nunca lo fuimos, pero eso no me impide reconocer que, con algunas pifias en su trayectoria como todos, es el político más completo de Tlaxcala, conoce el juego, entiende las reglas, sabe leer los tiempos y tiene experiencia en la operación política, su sola presencia impone y difícilmente alguien puede ganarle un debate.
Se puede coincidir o no con él, pero negar esas capacidades sería confundir el análisis con la simpatía personal. Y si algo hace falta en esta contienda es precisamente separar las filias y las fobias de la realidad. Pero también, hay que decirlo, pudiese ser una simulación que encubre las verdaderas intenciones del amarillo y su búsqueda de una coalición que dejaría entrever sus intereses de por medio y que sorprendería a más de uno.
Así como reconozco a Cambrón, también lo hago con Miriam Martínez, es indiscutible su crecimiento y aprendizaje político. Cuando asumió la dirigencia estatal del PAN todavía le faltaba experiencia y se le notaba. Sin embargo, su paso por el Congreso le ha permitido desarrollar un perfil más sólido, ganar presencia y construir una proyección que hoy parece ir más allá de las expectativas iniciales. Incluso ha terminado destacando por encima de su propio marido, lo cual ayuda a explicar por qué ahora es ella quien aparece como posible candidata y no él.
Lo que viene, entonces, promete una sucesión cargada de negociaciones, traiciones, desmentidos y decepciones.
Pero tal vez hoy la pregunta sea otra: ¿qué tan preparado está el electorado para soportar meses de campañas adelantadas, disputas internas, encuestas de dudosa credibilidad, alianzas condicionadas y negociaciones que se hacen a espaldas de los ciudadanos? Porque mientras los políticos juegan a las sillas musicales, la gente sigue esperando respuestas sobre seguridad, salud, educación, empleo y calidad de vida.
Son tiempos de rebatinga, desafortunadamente los ciudadanos no podemos lanzarnos también por los dulces debajo de esa piñata.
@olaizmau
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