¿Y Si Sí?
2 de julio - 2026

Por Mauricio Hernández Olaiz

Hace apenas unas semanas parecía una locura. Hoy millones de mexicanos repiten la misma pregunta: ¿Y si sí? ¿Y si sí podemos llegar a una final? ¿Y si sí podemos ser campeones del mundo?

Durante años la frase era la misma: *»Ya merito»*, *»jugamos como nunca y perdimos como siempre», «el quinto partido es un sueño imposible». Hasta que llegó este Mundial y México comenzó a hacer historia.

 La Selección Nacional rompió una barrera que parecía infranqueable y, de pronto, millones de mexicanos comenzamos a repetir una pregunta que hace apenas unas semanas habría parecido una locura.

¿Y si sí?

¿Y si sí podemos llegar más lejos? ¿Y si sí podemos competir contra las grandes potencias? ¿Y si sí podemos levantar la Copa del Mundo?

La esperanza es hermosa. Es contagiosa. Nos hace creer, nos une, nos emociona.

Pero también conviene mantener los pies sobre la tierra. Porque esa misma esperanza puede convertirse en una enorme desilusión si olvidamos que el futbol, por extraordinario que sea, sigue siendo un juego donde cualquiera puede ganar o perder.

Disfrutemos el momento, soñemos, apoyemos a nuestra selección… pero sin perder de vista la realidad.

Porque esa realidad nos está esperando. Cuando el Mundial termine ella estará ahí… paciente, sin cambios, serena, mordaz y hasta cruel.

Sin importar si México es campeón del mundo o queda eliminado en el siguiente partido, inevitablemente tendremos que regresar a los problemas que hoy siguen ahí.

La diferencia es que esta fiesta mundialista nos ha dejado una enorme enseñanza: cuando los mexicanos queremos, somos capaces de dejar a un lado nuestras diferencias para empujar hacia un mismo objetivo.

Entonces debemos de preguntarnos para lo que más importa.

¿Y si sí?…

¿Y si sí reformamos de fondo nuestro sistema educativo? Porque ningún país puede aspirar a un futuro distinto mientras millones de niños reciban una educación que no responde a los desafíos del siglo XXI. Necesitamos escuelas que enseñen a pensar, a innovar, a competir y a construir ciudadanía, no únicamente a memorizar contenidos.

¿Y si sí acabamos con la inseguridad? Porque no es normal vivir entre el miedo, acostumbrarnos a las ejecuciones, a las desapariciones, a los secuestros, al cobro de piso y al poder cada vez mayor del crimen organizado. Ningún mexicano debería salir de casa sin saber si regresará.

¿Y si sí reconstruimos nuestro sistema de salud? Porque un país donde conseguir una medicina o una cita médica se convierte en una odisea está fallando en una de sus obligaciones más elementales. La salud no puede seguir siendo una promesa de campaña.

¿Y si sí hacemos crecer la economía? No con discursos ni con otros datos, sino generando inversión, empleos bien pagados, apoyando a quienes emprenden y devolviendo la confianza para producir y crecer. El talento de los mexicanos merece mucho más que sobrevivir.

¿Y si sí combatimos de verdad la corrupción y la impunidad? Porque el problema nunca fue el color de un partido. La corrupción no desaparece cambiando de siglas. Se combate con instituciones fuertes, leyes que se cumplan y gobiernos que rindan cuentas.

Y finalmente…

¿Y si sí los ciudadanos honestos, trabajadores y comprometidos dejamos de ser simples espectadores?

Porque durante décadas hemos entregado el país a una clase política que, con distintos colores y distintos discursos, nos han llevado al desastre y lo peor es que todos han terminado pareciéndose demasiado. Morena nos prometió un cambio histórico. Nos aseguró que primero serían los pobres, que desaparecería la corrupción, que llegaría la paz, que el sistema de salud sería mejor que el de Dinamarca y que viviríamos una transformación sin precedentes. Hoy esas promesas fueron rotas y el partido en el poder es aún peor que aquel que juró destruir.

Hoy, la violencia continúa golpeando a miles de familias, la corrupción sigue encontrando nuevas formas de sobrevivir, la economía avanza por debajo de su potencial y la polarización se ha convertido en una política pública.

Cambiaron los discursos.  Cambiamos de partido, pero no de sus perversos personajes, los problemas, no solo siguen, han empeorado….el pañuelito blanco se enlodó al grado de que ya es negro.

Quizá la gran lección de este Mundial no esté únicamente en la cancha.

Durante años nos convencieron de que México no podía. Este Mundial demostró que cuando existe talento, disciplina, trabajo en equipo y un objetivo común, los imposibles empiezan a desaparecer.  El verdadero reto no es ganar un Mundial.  El verdadero reto es rescatar al país de quienes llevan décadas administrando su fracaso.

Porque si hoy millones de mexicanos preguntan con ilusión ‘¿Y si sí?’, quizá también ha llegado el momento de preguntarnos… ¿y si sí cambiamos de una vez por todas el rumbo de México?»

Quizá el verdadero aprendizaje sea descubrir que los mexicanos sí podemos creer, sí podemos unirnos y sí podemos luchar por objetivos que parecen imposibles.

Porque si somos capaces de imaginar a México entre los mejores del mundo en el futbol…

Porque no ser capaces de convertir a México en uno de los mejores países para vivir

¿Y si sí?

La pregunta ya está hecha. La respuesta, como siempre, dependerá de nosotros.

@olaizmau

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