Adiós al ajolote: canchas de futbol y turismo matan al anfibio en Xochimilco, alerta estudio
29 de mayo - 2026

Mientras el gobierno de Clara Brugada utiliza la imagen del ajolote como símbolo de la Ciudad de México en el Mundial 2026, un estudio revela que la población del anfibio disminuye. Contaminación del agua por descargas, especies invasoras y urbanización descontrolada, los pendientes gubernamentales.

Fuente: PROCESO

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– Mientras el gobierno de la morenista Clara Brugada convirtió al ajolote en uno de los símbolos centrales de su administración rumbo al Mundial de Futbol 2026, investigadores que trabajan directamente en la conservación de la especie Ambystoma mexicanum alertaron que la especie continúa disminuyendo en Xochimilco y que el ecosistema donde sobrevive enfrenta un deterioro acelerado por contaminación, urbanización y turismo masivo.

Su advertencia ocurre en un momento en que la imagen del anfibio se expandió con vagones intervenidos, murales, balizamiento urbano y campañas públicas bajo la narrativa de la “ajolotización” de la capital mexicana, al mismo tiempo que su hábitat en Xochimilco se perfila como uno de los puntos de atracción turística rumbo al Mundial por su cercanía con la sede, el Estadio Banorte, y la popularidad de las trajineras.

Aunque en las calles de la ciudad la imagen del ajolote se ha multiplicado, su población ha disminuido en los canales y humedales de la alcaldía gobernada por la también morenista Circe Camacho.

En entrevista con Proceso, el doctor Luis Zambrano González, biólogo, ecólogo e investigador del Instituto de Biología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), compartió que su laboratorio concluyó recientemente un nuevo censo poblacional del ajolote en Xochimilco.

Los resultados definitivos aún dependen de análisis de DNA ambiental que se realizan en Inglaterra, pero el dato preliminar ya marca una tendencia: la especie sigue presente, aunque en menor cantidad que en el último censo de 2014.

El problema, sostuvo, no puede separarse del estado general de Xochimilco. La especie depende del sistema lacustre, de la calidad del agua, de la permanencia de la chinampa y de la contención de usos urbanos y turísticos que presionan el territorio.

“Xochimilco está cada día más deteriorado y hay muy pocos proyectos gubernamentales, una verdadera restauración que abarque todas las cosas que tiene Xochimilco y que sea de largo plazo. Más bien, no hay un solo proyecto y no ha habido un solo proyecto en muchos años. Entonces está cada día peor”, sentenció Zambrano.

Las amenazas por atender

La primera amenaza identificada por el investigador es la calidad del agua, pues consideró que las condiciones se han agravado por descargas visibles de aguas residuales en los canales. El efecto sobre el ajolote es directo porque respira por la piel; cualquier alteración en el agua impacta su organismo de manera inmediata.

Una segunda amenaza es la presencia de carpas y tilapias, introducidas desde los setenta. Estas especies consumen huevos y alevines de ajolote, lo que afecta una fase clave para la reproducción y supervivencia de la población.

La tercera amenaza es la urbanización; en este punto, Zambrano no limita sus observaciones a los asentamientos irregulares: incluye canchas de futbol, infraestructura recreativa y turismo masivo.

Esa situación conecta directamente con el Mundial 2026, pues el aumento de visitantes hacia Xochimilco ocurre sin que, según el investigador, exista una estrategia pública para regular la carga turística sobre el ecosistema.

“Lo único que yo he visto es aumentar la infraestructura para atraer el turismo y que el turismo se sienta feliz allí, no generar un plan de política pública en donde diga, sí, vamos a traer turismo, pero este turismo va a tener que ser más o menos responsable, más o menos cuidado; no va a poder pasar a estos lugares”.

Mientras el especialista dedicado a la conservación del ajolote planteó ese diagnóstico, el gobierno capitalino encabezado por Brugada colocó la imagen del anfibio en el centro de su narrativa visual como una figura abstracta, no como una especie cuyo futuro depende de un territorio sometido a contaminación, especies invasoras, cambio de uso de suelo y presión turística. Para Zambrano, la frase central es simple: “No hay ajolotes si no hay Xochimilco”.

Frente a ese deterioro, el investigador plantea una ruta de restauración basada en el proyecto Chinampa Refugio, construido con chinamperos que aún mantienen prácticas agrícolas tradicionales.

La propuesta consiste en recuperar chinampas productivas, instalar filtros en canales, mejorar la calidad del agua, impedir la entrada de carpas y tilapias, reducir el cambio de uso de suelo y crear refugios para el ajolote y otras especies nativas.

La restauración, explicó, no solo tendría efectos ambientales. También permitiría fortalecer la producción agrícola local, recuperar tierra abandonada y reconstruir una red de canales con mejores condiciones para el ajolote.

Pero para que ese modelo escale, Zambrano dijo que no basta con campañas simbólicas alrededor del ajolote; se requiere una política pública de largo plazo que combine inversión pública, aplicación efectiva de normas ya existentes y nuevas regulaciones orientadas a frenar el cambio de uso de suelo en Xochimilco.

El investigador recordó que el área natural protegida ya cuenta con disposiciones que prohíben actividades ajenas a la producción agrícola, como canchas de futbol o ciertos desarrollos recreativos, pero afirmó que el problema es la falta de aplicación y continuidad institucional.

A eso, añadió, tendría que sumarse un programa sostenido para impulsar la producción chinampera.

De acuerdo con lo que planteó, sólo una estrategia de restauración permanente —respaldada por leyes, reglamentos e inversión gubernamental— podría revertir el deterioro acumulado en el ecosistema lacustre.

El experto consideró que aún existe margen para actuar, aunque el retraso acumulado ya elevó el costo ambiental, social y económico de la restauración.

“Sí, es tarde, pero no es demasiado tarde. Esto debió haber sido implementado hace tres décadas, cuatro décadas mínimo”, dice.

En vísperas del Mundial, mientras la ciudad visibiliza los ajolotes en paredes y banquetas, el investigador pidió mirar el ecosistema que les da sentido. Su mensaje para los visitantes: “Vean a Xochimilco como verían a la Pirámide del Sol. ¡Qué bonito! Porque es así de importante. O más, porque está vivo”.