Cuatro afectaciones en nueve años: el Santuario de San José en Tlaxcala sigue con daños
13 de octubre - 2026

Desde el sismo de 2017 hasta las filtraciones, el impacto de un tráiler y pintas de 2026.

Por Stephany Rodríguez

El Santuario Diocesano de San José, ubicado en el centro histórico de Tlaxcala capital, ha enfrentado al menos cuatro tipos de afectaciones durante los últimos nueve años: daños estructurales por el sismo de 2017, filtraciones de humedad posteriores a su restauración, el impacto de un tráiler en agosto de 2026 y actos de vandalismo reportados en octubre del mismo año.

Aunque el inmueble reabrió sus puertas en febrero de 2024, después de una intervención con una inversión reportada de 41 millones de pesos a cargo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), los reportes de deterioro y los daños recientes evidencian que las labores de rehabilitación no han resuelto todas las problemáticas del recinto.

La primera de estas afectaciones ocurrió el 19 de septiembre de 2017, cuando un sismo provocó fracturas en la bóveda, grietas en los muros, desprendimientos de acabados en la fachada y el colapso de la linternilla del cupulín principal. Debido a los daños, el santuario permaneció cerrado durante varios años.

Tras su restauración y reapertura en 2024, se reportaron nuevos problemas relacionados con filtraciones de agua, goteras y humedad, presuntamente vinculados con deficiencias en la impermeabilización y el sellado de ventanas. Estas condiciones afectaron acabados interiores y elementos ornamentales, incluidos algunos con hoja de oro.

El tercer incidente ocurrió el 31 de agosto de 2026, cuando un tráiler con caja seca golpeó un nicho que resguarda una cruz de piedra y parte de la fachada del templo, al intentar realizar una maniobra en la calle Miguel de Lardizábal y Uribe. El conductor señaló que ingresó a la zona siguiendo las indicaciones de una aplicación de navegación.

Tras el impacto, no se reportaron personas lesionadas. Las autoridades aseguraron la unidad y personal del INAH acudió para evaluar los daños. Además, se iniciaron gestiones para que la empresa responsable cubriera los gastos de reparación; sin embargo, con la información disponible no se ha confirmado la conclusión de estos trabajos.

A estas afectaciones se sumaron las denuncias difundidas el 11 de octubre de 2026 por feligreses, quienes señalaron que la parte trasera del santuario fue vandalizada con pintas conocidas como “plecas”. Los daños alcanzaron elementos decorativos y una de las cruces de piedra ubicadas en esa zona.

Ante los problemas de humedad, las autoridades del recinto solicitaron donaciones para rehabilitar las áreas afectadas y señalaron que no han recibido una respuesta suficiente de las autoridades estatales para atender esa situación.

De esta manera, a casi nueve años del sismo de septiembre de 2017, el santuario registra cuatro tipos de afectaciones documentadas. Si bien la restauración de 2024 permitió su reapertura, los reportes posteriores indican que persisten problemas de humedad y que los daños ocasionados por el tráiler y el vandalismo requieren atención.