Tlaxcala: la Venecia involuntaria
21 de mayo - 2026

Por Mauricio Hernández Olaiz

En Tlaxcala ya no esperamos la temporada de lluvias. Esperamos la inauguración de la temporada acuática. Porque basta una tromba de media hora para que la capital deje de ser ciudad y se convierta en parque temático: ríos improvisados en Avenida Juárez, coladeras convertidas en géiseres, oficinas públicas inundadas y ciudadanos practicando nado sincronizado rumbo al mandado.

Hasta la Presidencia Municipal terminó con agua adentro. Porque el edificio también es territorio….y seguro el agua se llevó el escritorio.

Pero tranquilos. Mientras la ciudad se ahoga, nuestro presidente municipal parece vivir otra emergencia: la electoral. Porque si algo queda claro es que mientras el agua sube, también sube la ansiedad por la candidatura. Tlaxcala capital puede esperar; las aspiraciones, jamás.

El problema es que esto ya no es una anécdota climática. Es una tragedia administrativa repetida año tras año. En abril la ciudad ya había sufrido otra tromba con inundaciones en mercados, centros comerciales, vialidades y pasos críticos como el Puente Rojo. Apenas un mes después volvió a ocurrir. Ya no es “lluvia atípica”; atípico sería que la capital no se inundara cuando llueve.

Pero debajo de cada evento electoral, perdón… no electoral según el ITE, o los conciertos, eventos deportivos, festejos y cuanta idea, Tlaxcala capital arrastra un problema estructural gravísimo de drenaje y desfogue pluvial.

Paradójicamente, hace más de una década, cuando decían que estábamos peor, sí hubo intervenciones hidráulicas importantes durante el gobierno de Mariano González Zarur: ampliaciones y rehabilitaciones de colectores, trabajos de drenaje y saneamiento que buscaban atender rezagos históricos. ¿Fueron suficientes? Evidentemente no. Pero al menos existía la lógica de invertir en lo que no luce, pero sirve.

El propio gobierno estatal reconoció recientemente que las inundaciones no desaparecerán, y si acaso , buscarán mitigarse con desazolve, limpieza de alcantarillas y operación hidráulica. Traducción al español: el sistema ya está rebasado y no le van a meter ni un peso.

Porque para la administración Lorenista: el drenaje profundo no sale bonito en la foto.

Nadie corta listón frente a una tubería de 2 metros enterrada bajo tierra. No genera likes. No lleva nombre rimbombante. ¿La ciudad del desagüe?, esa no se inaugura con drones y mariachi.

Por eso hoy tenemos “ciudades”: La Ciudad Administrativa, Ciudad de la Seguridad, Ciudad de la Salud, Ciudad de esto y Ciudad de aquello… mientras la ciudad real, la mismísima capital del estado navega entre coladeras reventadas.

Porque hacer un drenaje profundo para la capital cuesta, tarda y políticamente vende poco. ¿Cómo presumes una obra que nadie ve? ¿Cómo subes a Facebook una tubería? ¿Cómo haces un reel emocionante con una red pluvial? ¿Cómo chascas los dedos para cambiar un tubo?.

Es más fácil inaugurar edificios burocráticos, más rentable construir kioscos y guarniciones, más fotogénico cortar listones ante grandes bodegas vacías.

La ironía es brutal: el gobierno construye ciudades del “futuro” mientras la capital opera con drenajes del pasado.

Y mientras tanto, Tlaxcala sigue aplicando el viejo modelo hidráulico: “que Dios, Tláloc o quien sea nos proteja, porque los gobiernos municipal y estastal, no”.

¿Y Protección civil?

Mención especial para Protección Civil estatal y su director, Juvencio Nieto, que pese a que en el sexenio Lorenista la capital se ha inundado muchísimas veces, el poblano simplemente no aprende..

Porque hay funcionarios que destacan por sus operativos, otros por su presencia en territorio y algunos por la comunicación preventiva. Y luego está el nivel Pokémon legendario: todos saben que existe, pero casi nadie lo ha visto. Y no , no me refiero al secretario ahijado.

La capital inundada, vehículos varados, comerciantes sacando agua, ciudadanos compartiendo videos de calles convertidas en ríos… y Protección Civil con el mismo nivel de presencia que el WiFi gratuito del gobierno: la gente jura que está ahí, pero nadie logra conectarse.

Porque uno esperaría recorridos, posicionamientos, alertas visibles, coordinación pública, algo… aunque fuera una foto señalando una coladera con cara de preocupación.

Pero no.

Y mientras el agua corre por las calles, la percepción ciudadana parece resumirse en algo muy sencillo: Juvencio y nada… son peligrosamente lo mismo.

Y así seguimos: ciudadanos sacando agua de sus casas, comerciantes perdiendo mercancía, automovilistas varados… mientras en algún escritorio alguien revisa encuestas y calcula candidaturas.

Porque en Tlaxcala el agua siempre encuentra salida. La política, no tanto.

Así pues, el gobierno presume que construye ciudades del futuro, persigue candidaturas del mañana, para cuidarse que la espalda no se moje… pero enfrenta a las lluvias con herramientas del pasado. Absurdo.

Es por eso que afirmo a que la mandataria le hace falta mucha estatura política. La otra estatura no es relevante….

@olaizmau

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