14 de abril - 2026

Pacientes desesperados, e incluso hospitales, se han convertido en clientes involuntarios de Keytruda falsificada, con consecuencias potencialmente fatales.
Fuente: PROCESO
ESTADOS UNIDOS (apro).- Cuando en 2020 su madre fue diagnosticada con cáncer de esófago, Bhinnata Piya decidió cuidarla hasta el final. Su padre había muerto por la misma enfermedad apenas tres años antes, una pérdida que devastó a su unida familia nepalí.
“Tras la muerte de mi papá, no paraba de llorar. Sentíamos que no habíamos hecho lo suficiente”, contó Piya al Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ). “Pero cuando murió mi mamá, realmente sentí que hicimos todo lo que pudimos”.
Piya regresó a Nepal desde Cleveland por seis meses, mientras su esposo, Dain Finke, un médico estadounidense, permanecía en Estados Unidos. Allí cuidaba de su madre, Sita Gurung, de 63 años, durante el día, y por las noches trabajaba de forma remota como gestora de proyectos para una empresa de tecnología en salud, hasta que ya no pudo sostenerlo todo.
Piya renunció a su trabajo. Pagó miles de dólares de los más de 40,000 dólares que costó el tratamiento de su madre. La acompañó a India para realizarse estudios de imagen. Incluso observó con devoción cómo Sita Gurung, cada vez más débil y finalmente incapaz de comer, pasaba horas en la cocina enseñándole a preparar sus recetas favoritas.
«Una vez me dijo que si no fuera por mí, habría muerto hace mucho tiempo», dijo Piya, que ahora tiene 36 años.
A finales de 2022, cuando la salud de Gurung empeoró, su médico le recetó un costoso tratamiento de inmunoterapia llamado Keytruda. Siguiendo la recomendación clínica, compraron el medicamento a un trabajador de un hospital en India que gestionaba un negocio de turismo médico.
Gurung estuvo con el medicamento durante dos meses, pero no hizo ninguna diferencia.
El 9 de febrero de 2023, tras soportar dos años y medio de agotadora quimioterapia, radioterapia e inmunoterapia, murió en casa con su hija mayor y Piya a su lado.
«Encontré paz en saber que hicimos todo», dijo Piya.
Pero ese sentimiento duró poco.
Un año después de la muerte de Gurung, la hermana de Piya se enteró de una noticia impactante durante una visita a Ohio y le dijo: «Tienes que sentarte para escuchar esto». Un periódico indio había informado que el hombre que les vendió el medicamento oncológico de su madre había sido arrestado.
La policía de Nueva Delhi lo había acusado a él y a varios otros de vender medicamentos adulterados, después de supuestamente descubrir que habían rellenado viales etiquetados como Keytruda u otros costosos tratamientos oncológicos con medicamento antifúngico, según los registros policiales.
Piya nunca analizó el medicamento de su madre ni sospechó que pudiera ser falso. Pero la noticia sembró en su mente un terrible temor: que posiblemente le había dado a su madre medicamentos falsos.
«Me quedé completamente paralizada», dijo Piya.
Para personas con ciertos tipos de cáncer, Keytruda puede ser un salvavidas: prolonga la vida de algunos pacientes durante años e incluso, en algunos casos, puede curarlos por completo.
Producido por el gigante farmacéutico Merck & Co., este medicamento se utiliza para tratar más de una docena de tipos de cáncer, incluidos el de pulmón y el de mama. Pero su costo puede ser ruinoso.
Una dosis de 200 miligramos de Keytruda oscila entre 1,700 dólares en Indonesia y 12,000 dólares en Estados Unidos, según un análisis del ICIJ sobre los precios de lista recientes. Administrado habitualmente mediante infusión intravenosa cada tres semanas, el tratamiento puede durar hasta dos años, lo que supone un total de 420,000 dólares en Estados Unidos antes de los descuentos.
En 2025, Keytruda representó casi la mitad de los 65,000 millones de dólares en ingresos de Merck, convirtiéndolo en el principal generador de ganancias de la compañía. Y Merck ha trabajado sin descanso para mantenerlo así.
The Cancer Calculus, una nueva investigación global del ICIJ y 47 socios en 37 países, encontró que Merck ha explotado el sistema mundial de patentes para alejar a los competidores. También ha promovido el uso excesivo de Keytruda, aumentando los costos para pacientes y hospitales, en su agresiva campaña para incrementar sus ingresos.
Los altos precios resultantes han contribuido a enormes disparidades en el acceso, dependiendo de dónde viven los pacientes y cuánto están dispuestos o pueden pagar ellos, sus gobiernos o sus aseguradoras de salud. Esta dinámica ha creado una apertura peligrosa: nuevas oportunidades para que los falsificadores se lucren con la demanda de costosos medicamentos oncológicos, mientras las tasas de cáncer se disparan en todo el mundo.
El ICIJ y sus socios presentaron decenas de solicitudes de acceso a la información pública, entrevistaron a investigadores y expertos, se acercaron a vendedores ilegales y descubrieron que no solo los pacientes, sino también los hospitales, se han convertido en clientes involuntarios de falsificadores.
Un paciente en México contó a la cadena Univisión que le administraron Keytruda falso en un hospital público. Su testimonio fue uno de varios incidentes alarmantes que el ICIJ identificó en el país, donde al menos una persona murió tras recibir Keytruda falsificado, según Merck.
Anthony Zook, vicepresidente asociado de seguridad global de Merck, dijo al ICIJ en un correo electrónico que “los grupos criminales ahora apuntan con mayor frecuencia a medicamentos que salvan vidas”.
“Este cambio responde a incentivos financieros”, afirmó. Aun así, en una declaración al ICIJ, Merck defendió sus precios.
“Tenemos una larga trayectoria de fijación responsable de precios para nuestros medicamentos, a fin de reflejar su valor para los pacientes, los sistemas de salud y la sociedad”, dijo Johanna Herrmann, vicepresidenta sénior y directora de comunicaciones de Merck.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) proyecta que, para 2050, los casos de cáncer superarán los 35 millones, un incremento del 77% respecto a 2022, que afectará de forma desproporcionada a pacientes de países de menores ingresos. Son las mismas personas que ya tienen el menor acceso a servicios básicos de salud, y mucho menos a tratamientos oncológicos de alto costo como Keytruda.
Para los falsificadores, todo son ventajas. “Probablemente les cuesta 10 dólares fabricarlo y luego lo venden por 1,500, 2,000 o hasta 4,000 dólares”, dijo Kris Buckner, fundador de Investigative Consultants, una firma privada de investigaciones con sede en California que rastrea productos falsificados, incluidos medicamentos. Además, si un paciente con cáncer muere, es poco probable que alguien llegue a saber si falleció por la enfermedad o por haber recibido un medicamento falso. “Es el crimen perfecto”.
Mientras Keytruda tenga el precio de un bien de lujo, inevitablemente generará imitaciones baratas y llevará a los falsificadores a explotar a personas vulnerables.
Una alternativa ‘racional’
Keytruda, conocido genéricamente como pembrolizumab, convierte el sistema inmunitario del paciente en un arma contra las células cancerosas. A diferencia de la quimioterapia, que ataca células de rápida división, Keytruda bloquea el receptor PD-1 en las células inmunitarias, impidiendo su unión a una proteína que puede evitar que el organismo identifique y ataque el cáncer.
“Ha sido un cambio de paradigma en la forma en que tratamos el cáncer, y los resultados en los pacientes han mejorado sustancialmente en muchísimos tipos de cáncer”, dijo Binay Shah, hematólogo y oncólogo que trabaja en Estados Unidos y Nepal y cofundó la Binaytara Foundation, una organización enfocada en mejorar el acceso a la atención sanitaria.
Pero el éxito de Keytruda ha coincidido con lo que la Organización Mundial de la Salud calificó como un aumento “alarmante” de los incidentes reportados de productos médicos subestándar y falsificados en todo el mundo en los últimos años. Los productos falsificados tergiversan deliberadamente su identidad, composición o origen, mientras que los productos subestándar no cumplen con los estándares de calidad.
Desde 2019, la OMS ha registrado 36 reportes de productos de Keytruda falsificados, cada uno correspondiente a “varios miles de dosis o apenas unas pocas”, según un portavoz. Pero estas cifras probablemente reflejan solo una fracción del problema, en parte porque es fácil pasar por alto las reacciones adversas a medicamentos falsificados, especialmente en pacientes con cáncer.
Los medicamentos falsificados se distribuyen de diversas formas. Los falsificadores, por ejemplo, pueden confabularse con empleados deshonestos de hospitales o farmacias para robar envases auténticos, como los viales de Keytruda, y rellenarlos con otras sustancias.
También pueden falsificar los envases. A simple vista, estos productos parecen auténticos, pero contienen ingredientes o números de lote inventados —la combinación de letras y números que los fabricantes utilizan para identificar y rastrear los envíos—.
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