19 de marzo - 2026

* Ana Lilia Rivera a favor del reconocimiento legal de la cocina tradicional como patrimonio vivo y eje de preservación cultural.
La senadora Ana Lilia Rivera Rivera destacó este jueves la aprobación, en el Senado de la República, de reformas a la Ley General de Cultura y Derechos Culturales que establecen la preservación y revitalización de la cocina tradicional mexicana como una prioridad nacional. Subrayó que esta medida tendrá un impacto directo en Tlaxcala, donde la gastronomía es un pilar de la identidad comunitaria símbolo de identidad, historia y cohesión social.
Con 75 votos a favor, el pleno avaló por unanimidad modificaciones orientadas a proteger los saberes culinarios transmitidos de generación en generación, reconociendo que la gastronomía mexicana no solo es una expresión cultural, sino un derecho que el Estado debe garantizar, promover y salvaguardar.
La cocina tradicional mexicana no solo es un pilar cultural, sino también una fuente esencial de salud y buena alimentación, basada en ingredientes naturales como el maíz, el frijol, el chile, los quelites y diversas semillas, además de que ofrece una dieta equilibrada, rica en nutrientes y profundamente ligada a prácticas sostenibles.
Es por ello, que a diferencia de los alimentos ultraprocesados, nuestras recetas ancestrales promueven una alimentación sana, accesible y con identidad, que fortalece el bienestar de las familias. Por ello, preservar la cocina tradicional también significa defender el derecho a una alimentación nutritiva, consciente y arraigada en los saberes comunitarios.
En ese sentido, Ana Lilia Rivera enfatizó que en Tlaxcala la cocina tradicional es una herencia viva que se conserva en hogares, mercados y celebraciones populares, a través de platillos elaborados con maíz, maguey y otros ingredientes originarios, reflejo de conocimientos ancestrales que hoy deben protegerse a través del fortalecimiento de políticas públicas por ser un patrimonio cultural y un motor de desarrollo local, especialmente en comunidades rurales e indígenas donde estas prácticas representan sustento económico y cohesión social.
“Porque en cada platillo está nuestra historia, en cada receta vive la memoria de nuestros pueblos y en cada cocina late la dignidad de nuestra gente. Defender nuestra comida es defender lo que somos. Por eso, desde el Senado seguiré luchando con firmeza para proteger nuestra cultura, nuestras tradiciones y el orgullo de ser pueblo. Nuestra cocina no se olvida, no se desplaza y no se negocia: se honra, se preserva y se defiende”, subrayó.
