24 de julio - 2017
Por Esteban García
Mientras el CET-Coparmex lamenta la falta de interés de los diputados locales para aprobar las leyes secundarias y nombrar al titular del Sistema Estatal anticorrupción, y los representantes en Tlaxcala del movimiento nacional Nosotrxs acusan tales omisiones y exigen que los legisladores hagan su trabajo, los del PAN planean una acción de inconstitucionalidad en contra de las reformas.
En una muestra más de incongruencia, los panistas están más prestos al pelito político que a servir a los tlaxcaltecas.
El pasado 18 de julio concluyó el plazo para que las entidades federativas crearan las leyes de sus Sistemas Locales Anticorrupción; 31 estos cumplieron con el primer paso de modificar su Constitución, mientras que 29 dieron el segundo en la creación de las leyes secundarias.
En la tercera publicación del Semáforo Anticorrupción, elaborado por el Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco), se evidenció que Chihuahua no reformó su Constitución ni su legislación, mientras que Tlaxcala y Veracruz no hicieron lo propio con sus leyes secundarias.
LOS DESMEMORIADOS
La ruta ideológica del PAC para 2018 es reflejo del cinismo de sus dirigentes.
Plantean “redireccionar el rumbo”, sin caer “en oportunismos populistas, clientelares y electoreros”, pero lo cierto es que estos son los rasgos distintivos del grupo político que le dio forma al partido local desde sus inicios.
Su supuesta lucha por “el liberalismo igualitario, la buena política y la democracia material”, su discurso de combate a “la inequidad, la miseria, la marginación e inseguridad”, su pretensión de “cerrar las brechas sociales que existen entre pobres y ricos”, no es más que mera retórica.
¿Cómo ofrecen acabar con la corrupción o el hartazgo hacia la política tradicional? ¿Acaso olvidan cuáles eran las principales quejas contra la administración que gobierno de enero de 2005 a enero de 2011?
LOS INCONGRUENTES
Hay que poner atención a una declaración del dirigente del PAC, Serafín Ortiz: “las alianzas estratégicas son para ganar, no para perder”.
Los ciudadanos debemos preguntarnos: ¿Para quién son estratégicas las alianzas? ¿Para la ciudadanía que quiere un cambio o para los partidos que no pueden ganar?
Resulta difícil de entender que fuerzas políticas como el PAN, el PRD o incluso el PAC –animado por el orticismo- puedan concebir una coalición, olvidando los señalamientos y los agravios históricos.
¿Dónde quedaron las acusaciones de ilegalidades, violaciones y abusos que, en el pasado, se hicieron mutuamente desde la oposición?
Los políticos, antes que todo, deben ser congruente, y la imagen de dirigentes locales sentados una mesa de restaurante para seguir la inercia nacional de un “Frente Amplio Democrático” sólo queda en buenos deseos, porque carece de viabilidad en términos de gobierno, que es lo que importa a la gente.
No deberían existir alianzas antinaturales solamente para oponerse al sistema, pues su sola posibilidad deja en evidencia una ambición del poder por el poder, que soslaya los principios partidistas que dan identidad a militantes y simpatizantes y los mueven a la acción política.

