Anabell Ávalos y el 2027
30 de octubre - 2026

Colaboración Invitada

Si no ocurre algo extraordinario, Anabell Ávalos Zempoalteca será la candidata del PRI a la gubernatura de Tlaxcala en 2027. Alejandro Moreno Cárdenas, Alito, ya le levantó la mano. El dirigente nacional tricolor hizo público su respaldo durante su visita al estado en septiembre pasado. La señal está dada y Anabell actúa en consecuencia.

Ha comenzado a reunirse con distintos actores políticos. En esos encuentros, asegura que contará con el respaldo de la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros. La afirmación merece atención, porque en política una cosa son las promesas y otra los acuerdos que efectivamente se cumplen. Y si alguien conoce el costo de confiar en sus aliados es la propia Anabell.

La elección de 2021 tendría que seguir presente en su memoria. No solamente perdió la gubernatura frente a Lorena Cuéllar. También quedó expuesta la fragilidad de los respaldos que supuestamente sostenían su candidatura. En privado, Anabell reconoce que Beatriz Paredes Rangel le dio la espalda prácticamente al final del proceso. Una afirmación que no ha hecho pública, pero que explica parte de las desconfianzas que arrastra desde entonces.

El caso de Marco Antonio Mena Rodríguez merece un capítulo aparte. El último gobernador priista de Tlaxcala tampoco hizo lo necesario para sostener a quien buscaba conservar el gobierno para su partido. En su descargo se dirá que no fue el único mandatario estatal que enfrentó las presiones del gobierno de Andrés Manuel López Obrador y que, finalmente, obtuvo su recompensa política. Pero el resultado para Anabell fue el mismo: terminó sin el respaldo que necesitaba para disputar el poder en condiciones distintas.

Cinco años después, el escenario no es más alentador para el PRI. En 2021, Anabell encabezó una coalición integrada por el PRI, PAN, PRD, Partido Socialista y Alianza Ciudadana. La alianza obtuvo 36.9 por ciento de la votación, frente al 48.7 por ciento de Lorena Cuéllar. Hoy, el tricolor debe afrontar la siguiente contienda con una estructura debilitada y sin que esté garantizada una coalición de la misma dimensión. Los resultados oficiales de 2021 muestran la distancia que deberá remontar cualquier candidatura opositora.

En ese contexto, la dirigencia estatal encabezada por Enrique Padilla Sánchez tiene una responsabilidad que va más allá de negociar posiciones. Sin embargo, en el priismo local persiste la percepción de que las candidaturas plurinominales a las diputaciones locales son parte central de los intereses que se disputan. Y a Padilla se le atribuye la intención de asegurar una posición legislativa para sí mismo, con el respaldo de su tía, Beatriz Paredes. Si ese es el orden de prioridades, el partido estará ante un problema que ninguna candidatura podrá resolver por sí sola.

Anabell se mueve, entonces, entre dos incertidumbres: la de un partido que ha perdido buena parte de su fuerza y la de los acuerdos internos cuya lealtad no está garantizada.

Antes de pensar en recuperar Palacio de Gobierno, el PRI necesita demostrar que todavía puede conservar su registro, construir una estructura territorial y dejar de utilizar sus candidaturas como moneda de cambio entre los mismos grupos de siempre.

El problema de Anabell no es únicamente volver a competir contra Morena. Es saber si esta vez quienes le levantan la mano estarán dispuestos a acompañarla hasta el final. De lo contrario, la historia de 2021 se repetirá, con una diferencia: ahora el PRI tiene mucho menos que perder y mucho menos con qué competir.