El último palenque
3 de septiembre - 2026

Por Mauricio Hernández Olaiz

Mire usted que hay que reconocerle algo a Lorena Cuéllar. El Palenque de la Feria de Tlaxcala está quedando bonito. Muy bonito. Y no, no me voy a poner mezquino; si una obra queda bien, se dice y punto. El recinto ferial está siendo remodelado y el nuevo palenque tendrá capacidad para miles de personas, como parte de una intervención que pretende darle otra cara a uno de los espacios más emblemáticos de la feria tlaxcalteca.

Además, parece que la Feria 2026 viene con todo. Así que sí: La última feria de Lorena promete ser una feria de antología.

Si algo ha caracterizado a este gobierno es que para la fiesta nunca le faltó presupuesto, imaginación ni entusiasmo. Para la pachanga, siempre hubo; para los espectáculos, también; para la pirotecnia, ni se diga. Igual festivales, aniversarios, eventos, conciertos, informes de gobierno, del DIF, celebraciones de toda clase en los que hubo música, festejo, fuegos artificiales y harta, pero harta propaganda… siempre con la posibilidad de tomarse la fotografía, poner placas conmemorativas, primeras piedras y lo que se les ocurra.

Hasta los cumpleaños de la mandataria fueron todo un acontecimiento en este sexenio de la triste historia.

Lorena Cuéllar siempre utilizó la Casa de Gobierno para celebrar sus onomásticos, con grandes jolgorios que incluyeron hasta fuegos artificiales. Si casa de gobierno fue usada para llenarla de mapaches pues como no iba a ser usada para un evento personal de la jefa. Grandes banquetes, baile, funcionarios, “amigos”, lamebotas, lambiscones, compadres y comadres y hartos, pero hartos regalos.

Lorena no supo gobernar, pero que tal sacaba los prohibidos…con entusiasmo y hasta cierto grado. Porque si algo sabe hacer este gobierno es celebrar.

“Celebran que saben celebrar”. Y si se puede celebrar la celebración, pues se celebra también. Que mejor para dar cerrojazo a una administración especialista en el convite que un palenque de primera y una feria de antología.

No vaya usted a pensar que estoy en contra de la Feria. ¡Faltaba más! La Feria de Tlaxcala es una tradición y, además, representa una importante oportunidad para comerciantes, prestadores de servicios, artesanos, hoteleros, restauranteros y cientos de familias que encuentran ahí una fuente de ingresos, aunque también hay que decir que no son ellos los que se llevan las mayores ganancias, ni de cerca.

El problema no es la fiesta. El problema es cuando la fiesta termina siendo prácticamente la obra más importante del gobierno.

Todavía llega a mi mente ese inolvidable momento cuando la gober cantaba con lágrimas en los ojos los temas más románticos de Pandora o bailaba al ritmo del compás de Flans con la famosa rola de ¡No controles! el problema es que a ella nadie la controló y ahí está el resultado.

Porque mientras el sexenio llega a su recta final, uno se pone a buscar esas grandes obras que deberían convertirse en el sello de una administración y termina encontrándose, con mucha mayor facilidad, con escenarios, espectáculos, festivales, celebraciones y pirotecnia, y hasta una “ciudad” del entretenimiento…

Y sí, ya sé que desde Palacio de Gobierno podrán sacar sus otros datos y decirnos que hubo miles de acciones, que se hicieron carreteras, hospitales, escuelas, programas sociales y un larguísimo etcétera. También sé que desde la propaganda oficial se pueden contar cientos o miles de acciones administrativas y convertirlas en grandes logros de gobierno.

Pero una cosa son las acciones de un gobierno y otra muy distinta son las obras y resultados que permanecen cuando el gobernante se va, con Lorena se irán sus cifras alegres, sus datos misteriosos y sus obras fantasma…

Porque dentro de un año Lorena Cuéllar ya no estará en Palacio de Gobierno. Pero el palenque sí. El lienzo charro techado, también. El recinto ferial remodelado, también. Y, por supuesto, la memoria de un gobierno que convirtió la fiesta en una de sus principales cartas de presentación.

Y no me sorprende que ahora se le meta una buena cantidad de dinero a la Feria. Es la última de Lorena Cuéllar como gobernadora y, por lo tanto, también será su última oportunidad de cerrar el sexenio con una de esas fiestas que tanto le gustan.

Después de cinco años de gobierno, habrá que echar la casa por la ventana, llenar el palenque, estrenar espacios, presumir remodelaciones, traer buenos artistas y, por supuesto ponerle moño y fuegos artificiales al asunto.

Porque una cosa sí hay que reconocerle a este gobierno: para la fiesta nunca faltó imaginación ni entusiasmo, y ahora que se acerca la hora de entregar las llaves de Palacio, qué mejor que despedirse a lo grande, entre música, luces, pirotecnia y miles de personas celebrando en el recinto ferial.

Ya nos dio una probadita con el arranque del mes patrio en la plaza de la Constitución. La pirotecnia no faltó, ni el mariachi, menos las fotos con el pueblo que le adora.

El principio del fin para un gobierno que hizo de la fiesta una de sus principales cartas de presentación.

No hay empleos, pero si festejos… la inseguridad alcanzó niveles históricos, pero salieron los prohibidos, la salud se entregó como si fuera paquete de amazon, pero hubo fuegos artificiales de todos los colores, tamaños y formas….también mariachi..

Seguramente nos llevemos alguna sorpresa con la cartelera del Palenque. Porque si este gobierno nos ha enseñado algo, es que cuando se trata de organizar espectáculos, la austeridad republicana puede esperar sentada en primera fila. Total, ahí están los contratos millonarios discrecionales al hijo de Sarita y su comadre Arianna, todo para darle circo a los gobernados. ¡No controles! ¡No controles! ¡Noo Controles!

Y en un año, cuando Lorena Cuéllar entregue el gobierno y se apague el último escenario de su administración, entonces sí podremos hacer el balance completo, aunque dudo mucho que cambie algo…La fiesta seguirá siendo el sello principal de esta la peor administración de la historia y el pueblo lo seguiremos pagando….

¡Y piden continuidad! ¡mecachis!

@olaizmau

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