Beatriz Paredes: el Plan B
10 de julio - 2026

Columna Invitada

La contienda rumbo a la definición de la Coordinación en Defensa de la Cuarta Transformación en Tlaxcala comienza a revelar movimientos que trascienden la competencia interna de Morena. Mientras las encuestas continúan colocando a Ana Lilia Rivera Rivera como la figura con mayor respaldo ciudadano, los grupos políticos tradicionales parecen haber entendido que la ruta para mantener influencia ya no pasa únicamente por disputar la candidatura del movimiento, sino por construir una alternativa desde la oposición.

En ese contexto se explica la intensa actividad política de la exgobernadora Beatriz Paredes Rangel. Su respaldo al alcalde con licencia de Tlaxcala, Alfonso Sánchez García, no ha producido los resultados esperados. El proyecto que representa la continuidad del grupo político que hoy gobierna el estado enfrenta dificultades para revertir una tendencia que, hasta ahora, le ha sido adversa. Por ello, todo indica que comienza a tomar forma un plan alternativo.

Ese Plan B no está dentro de Morena, sino en el partido donde Beatriz Paredes mantiene su militancia: el PRI. La figura elegida sería la senadora Anabel Ávalos Zempoalteca, quien podría convertirse en la candidata del priismo a la gubernatura en 2027. No se trata de una decisión improvisada, sino de una estrategia que buscaría reagrupar a los sectores de la vieja clase política que ven cada vez más reducidas sus posibilidades de influir en la definición del futuro político de Tlaxcala.

El antecedente que inspira esta operación se remonta a la elección de 2010. En aquel entonces, el gobernador panista Héctor Ortiz Ortiz mantuvo una confrontación con la candidatura de Adriana Dávila Fernández, mientras el priista Mariano González Zarur logró construir una coalición política favorecida por una efectiva operación encabezada por Beatriz Paredes. Aquella elección demostró que las divisiones internas pueden modificar el rumbo de una contienda y alterar los pronósticos electorales.

Hoy, la apuesta parecería ser distinta en la forma, pero similar en el fondo: impedir el arribo de Ana Lilia Rivera Rivera al gobierno de Tlaxcala. La diferencia es que la estrategia ya no se desarrollaría exclusivamente al interior de Morena, sino en la elección constitucional de 2027, mediante una eventual candidatura priista encabezada por Anabel Ávalos, bajo la conducción política de Beatriz Paredes y con la colaboración del grupo gobernante en la entidad.

Sin embargo, esa apuesta enfrenta obstáculos considerables. Morena sigue siendo la principal fuerza política del estado y del país, mientras que el proyecto de la Cuarta Transformación ha insistido en privilegiar el respaldo ciudadano por encima de los acuerdos cupulares. Si ese escenario se confirma, cualquier intento por reeditar las fórmulas políticas del pasado podría encontrar límites tanto dentro del movimiento como desde el ámbito nacional.

La definición de la candidatura de Morena difícilmente dependerá de intereses locales cuando el proyecto presidencial tiene como prioridad preservar la unidad y la competitividad electoral. En política, los planes alternativos siempre existen, pero otra cosa muy distinta es que la realidad termine por darles la razón.

Un problema adicional para quienes pretenden reeditar las fórmulas del pasado es que Tlaxcala ya no es el mismo de hace 15 o 20 años. Existe una ciudadanía más informada, más participativa y menos dispuesta a aceptar que las decisiones públicas se sigan tomando desde los acuerdos entre las mismas élites políticas de siempre. El desgaste de esos grupos es evidente y el reclamo de amplios sectores sociales apunta hacia una verdadera renovación del poder, donde prevalezcan nuevos liderazgos y la voluntad popular por encima de los intereses de las cúpulas.

Por ello, el llamado Plan B difícilmente prosperará. No porque carezca de operadores experimentados, sino porque parte de una lectura equivocada del momento político que vive Tlaxcala. La sociedad parece demandar un relevo de quienes, con distintos partidos y distintos discursos, han concentrado el poder durante décadas.

En 2027 no solo estará en juego una gubernatura, estará en disputa la alta posibilidad de cerrar un ciclo dominado por las viejas élites políticas y abrir otro en el que la decisión de la ciudadanía pese más que cualquier acuerdo construido desde el poder.

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