La incómoda realidad que se ataca con mentiras
22 de mayo - 2026

Columna invitada

Hay dos cosas que hoy avanzan al mismo tiempo en Tlaxcala: una realidad que el grupo gobernante se niega a reconocer y una campaña de mentiras diseñada para distraer de esa misma realidad. Por un lado, los hechos. Por el otro, la guerra sucia. Veamos.

Durante años se nos dijo que Tlaxcala era distinto: que aquí no existían los problemas que sí hay en otros estados, que el crimen organizado era un fenómeno ajeno a nuestra realidad, que las instituciones estaban blindadas y que la tranquilidad estaba garantizada. Pero los hechos comenzaron a hablar.

Los operativos federales realizados en Apizaco y Yauhquemehcan no fueron producto de rumores ni de especulaciones. Participaron la Secretaría de Seguridad federal, la Fiscalía General de la República, el Ejército, la Marina y la Guardia Nacional porque existían investigaciones e información de inteligencia suficientes para actuar. Lo mismo ocurrió, en su momento, con el hallazgo de laboratorios clandestinos y con diversas detenciones vinculadas a organizaciones criminales.

Negar lo evidente ya no puede catalogarse como una postura ingenua, sino que empieza a parecer una decisión política. ¿Por qué? Porque la infiltración criminal no aparece de un día para otro y tampoco comienza cuando llegan los titulares de prensa. Empieza mucho antes: con silencios, omisiones, redes de protección y preguntas que nadie quiere responder.

Justamente por eso resulta relevante que la dirigencia nacional de Morena haya decidido impulsar mecanismos para blindar las candidaturas rumbo a 2027. Si la dirigencia del partido habla de revisar perfiles, consultar antecedentes y cerrar espacios a cualquier vínculo con la delincuencia organizada, es porque reconoce un riesgo real.

Lo que resulta difícil de entender es que mientras se plantea esa revisión, algunos actores locales pretenden actuar como si nada hubiera pasado. No puede ignorarse que José Alberto N, conocido públicamente como “El Paletas”, aparece en imágenes con personajes centrales del actual grupo gobernante, departiendo en plena fiesta. Ahí están las fotografías con Alfonso Sánchez García, alcalde de la capital y principal aspirante del oficialismo a la sucesión gubernamental. Ahí están también las imágenes con Marcela González Castillo, dirigente estatal de Morena y una de las figuras con mayor influencia en las decisiones internas del partido en Tlaxcala.

La pregunta no es si una fotografía condena a alguien. La pregunta es por qué quienes exigen explicaciones a todos los demás consideran que ellos no tienen nada que explicar.

Más aún, porque a la par ocurre algo igualmente revelador: aparecen cuentas anónimas, surgen videos manipulados, se difunden montajes elaborados con Inteligencia Artificial, se inventan historias, se fabrican vínculos inexistentes y se repiten acusaciones sin pruebas. Y todas las flechas rivales apuntan hacia el mismo lugar: Ana Lilia Rivera. No parece casualidad.

La senadora se ha convertido en la figura de Morena con mayor crecimiento político en Tlaxcala. Su trabajo territorial, su cercanía con las comunidades y su identificación con los principios de la transformación la han colocado como una referencia obligada en cualquier conversación sobre 2027. Precisamente por eso se ha convertido en el blanco favorito de quienes entienden que les resulta más fácil atacar que competir. Por eso es que aparecen las campañas negras en su contra.

La paradoja es evidente. Los mismos que piden cerrar los ojos frente a hechos documentados pretenden que la sociedad crea historias fabricadas desde el anonimato digital. Quieren que se ignore lo comprobable y que se discuta lo inventado. Sin embargo, los operativos ocurrieron, las investigaciones existen y las fotografías en plena fiesta están ahí.

Como puede verse, la realidad ha terminado por alcanzarlos y exhibirlos.