Del dicho al hecho… Hay mucho trecho
14 de mayo - 2026

Refrán español

Por Mauricio Hernández Olaiz

Si algo ha caracterizado al gobierno de Lorena Cuéllar es su infinita capacidad para lanzar cifras, montos, estadísticas y supuestos logros como si fueran confeti en carnaval. Miles de obras. Miles de apoyos. Miles de millones invertidos. Miles de turistas. Miles de empleos. Miles y miles de maravillas que, curiosamente, casi nunca vienen acompañadas de evidencia clara, metodologías verificables o sustento técnico serio.

La mandataria parece haberse graduado con honores de la escuela de la numerología gubernamental: una especie de hechicería política donde basta pronunciar una cifra en un templete para convertirla automáticamente en verdad absoluta.

Y ejemplos sobran.

¡Que si se invirtieron más de 10 mil millones de pesos en tecnología para seguridad! ¡Que si Tlaxcala vive uno de sus mejores momentos económicos! ¡Que si llegaron inversiones históricas! ¡Que si los eventos deportivos dejaron derramas millonarias! ¡Que si rompimos el record de turistas extranjeros!  ¡Que si el estado ya es referencia nacional en prácticamente todo!

 El problema no es lo que se dice… sino que jamás se demuestra de manera contundente cómo llegaron a esas cifras, quién las auditó, qué estudio las respalda o bajo qué criterio técnico fueron calculadas.

Todo queda en el aire. Como discurso. Como propaganda. Como esas famosas “cuentas de la lechera” que siempre salen perfectas… hasta que alguien decide revisarlas.

Y sí, algunos decidimos revisarlas.

Desde su primer informe de gobierno fue evidente que muchas de esas cifras alegres simplemente no cuadraban con la realidad. Obras inexistentes o inconclusas que aparecían presumidas como terminadas. Acciones realizadas por administraciones pasadas recicladas como logros propios. Gastos multimillonarios imposibles de aterrizar en infraestructura visible. Inversiones que, vistas en campo, parecían más una maqueta presupuestal que una transformación real.

Pero eso sí: para presumir nunca ha faltado entusiasmo.

Porque si construyen una banqueta, la presentan como una revolución urbana. Si pintan una guarnición, pareciera que inauguraron Dubái. Y si colocan dos pantallas y algunas cámaras de videovigilancia, entonces nos anuncian inversiones tecnológicas dignas de Silicon Valley.

Recientemente, por ejemplo, la gobernadora aseguró —en uno de sus habituales eventos de culto a la personalidad— que a Tlaxcala han llegado o están por llegar más de 48 empresas extranjeras provenientes de 23 países distintos. Una declaración espectacular… lástima que nuevamente quedó flotando entre aplausos y humo mediático.

Porque no dijo cuáles empresas. No explicó qué países. No presentó convenios, inversiones aterrizadas, parques industriales ocupados ni generación concreta de empleos derivada de esas supuestas llegadas. Nada. Solo palabras.

Y cuando un gobierno pide que le crean todo únicamente por fe, deja de informar y comienza a predicar. Y la gobernadora como Pastora también es muy malita.

Lo mismo ocurrió con el famoso Polo de Desarrollo Económico para el Bienestar en Huamantla, del cual aseguró que ya tiene comprometido el 80% de su superficie con empresas nacionales y extranjeras. Otra afirmación monumental… sostenida exclusivamente en el poder de su voz.

Y francamente, a estas alturas, la palabra oficial ya perdió demasiado valor.

Porque el problema de vivir permanentemente en campaña es que llega un momento en que la realidad termina desmintiendo al discurso. Y Tlaxcala no se ve como el paraíso económico, turístico y tecnológico que describen diariamente desde el micrófono gubernamental.

Claro, siempre aparece quien responde, quién defiende:

“Pero sí ha construido sus famosas ciudades”.

Sí. Las llamadas Ciudad de la Seguridad, la Ciudad Administrativa, la Ciudad del Entretenimiento y demás complejos con nombre incorrecto.

Pero siendo honestos, son obras del gobierno para el gobierno. Monumentos burocráticos disfrazados de transformación. Edificaciones pensadas más para la fotografía oficial que para resolver los problemas cotidianos de la gente.

Y el tiempo, como siempre, será el mejor auditor.

Porque bastarán unos pocos años para ver el verdadero estado de muchas de esas obras hechas al vapor, con prisas propagandísticas y acabados que parecen sostenidos con saliva institucional. Ya veremos cuántas terminan convertidas en elefantes blancos tropicalizados al estilo tlaxcalteca.

Mientras tanto, seguimos esperando respuestas concretas.

Seguimos esperando saber, con absoluta transparencia, en qué se gastaron realmente esos más de 10 mil millones de pesos en tecnología para seguridad. Porque ni existe claridad pública suficiente sobre el destino puntual de esos recursos, ni el equipamiento visible parece corresponder a semejante cifra estratosférica.

Y es ahí donde vuelve a aparecer la frase que mejor define a este gobierno:

Del dicho al hecho… hay muchísimo trecho.

Porque gobernar no es inflar números.

No es repetir slogans.

No es inaugurar espectaculares.

No es administrar percepciones.

Gobernar es demostrar.

Y cuando las cifras necesitan más fe que evidencia, dejan de ser datos… para convertirse en simple propaganda con presupuesto público.

Y mientras en Tlaxcala seguimos esperando pruebas, metodologías, auditorías y resultados palpables, en Palacio parece que descubrieron la fórmula mágica perfecta: si una cifra se repite suficientes veces desde un templete, acompañada de aplausos, porras y un buen equipo de fotografía oficial… entonces automáticamente se convierte en realidad.

Aunque la realidad diga otra cosa.

Porque al final, las cifras inventadas tienen patas cortas. Y los gobiernos construidos sobre propaganda suelen terminar exactamente igual que sus obras favoritas:

Bonitos para la inauguración…pero llenos de grietas apenas pasa el tiempo.

¡No es Europa…es Tlaxcala!   Amonoooooos

La nueva campaña turística de Lorena Cuéllar, “No es Europa, es Tlaxcala”, probablemente buscaba despertar orgullo… pero terminó despertando carcajadas, memes y una inevitable comparación que simplemente no resiste demasiado análisis.

Sí, Tlaxcala tiene belleza. Tiene historia, tradición, arquitectura, gastronomía y rincones verdaderamente valiosos. Nadie sensato podría negarlo. El problema no es presumir a Tlaxcala; el problema es querer venderlo con complejos de París, Madrid o Roma, como si el turismo se construyera a base de slogans aspiracionales y no de infraestructura, servicios, conectividad, seguridad y experiencia real para el visitante.

Porque una cosa es promover con orgullo lo nuestro… y otra muy distinta es caer en la exageración propagandística que ya caracteriza a este gobierno.

Y sí, efectivamente no es Europa.

En Europa difícilmente encuentras carreteras destrozadas rumbo a destinos turísticos, localidades que parecen recién bombardeadas, señalética deficiente, eventos improvisados o municipios enteros sobreviviendo con servicios públicos a medias. Allá no inauguran banquetas y kioscos como si fueran megaproyectos continentales.

El problema de esta administración es que confunde promoción con fantasía.

Y mientras el gobierno insiste en vender un Tlaxcala de postal internacional, la realidad cotidiana sigue pareciendo más una producción low cost… pero con presupuesto de primer mundo.

Porque al final, el turismo no se construye con frases ingeniosas.

Se construye, como ya dijimos..con hechos, con resultados.

Y aunque Tlaxcala merece promoción y reconocimiento, también merece algo más serio que campañas diseñadas para el aplauso fácil y el meme inevitable.

@olaizmau

*Pruebas históricas del origen en España de la frase…Del dicho al hecho hay mucho trecho…: Primer registro escrito: Aparece por primera vez en 1549 en la obra Libro de refranes y sentencias del autor aragonés Pedro Vallés.

Uso literario clásico: Miguel de Cervantes lo incluyó dos veces en la segunda parte de El Quijote de la Mancha (1615). Primero en boca de Don Quijote y luego de Sancho Panza.

Evolución lingüística: Proviene de una adaptación cultural del proverbio latino «Loqui facile, praestari difficile» (Hablar es fácil, cumplir es difícil).

Las opiniones vertidas en este espacio son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan, necesariamente, el pensamiento de Gentetlx