27 de febrero - 2026

Columna Invitada
En Tlaxcala hay una insólita coincidencia entre dos figuras de la Cuarta Transformación que, a fuerza de recorridos territoriales, parecen haber descubierto el pueblo… justo cuando empiezan las definiciones electorales.
La gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros Fernández y el presidente municipal Alfonso Sánchez García, cada uno con su propio lema, evidencian una curiosa inconsistencia: se pasan meses y años recorriendo, prometiendo cercanía, escuchando —o al menos repitiendo que escuchan— y justamente ahora, cuando toca demostrar quién está en serio con la gente, florecen como aspirantes antes de tiempo.
En el caso de la gobernadora, sus defensores afirman que las famosas Jornadas “Cumpliendo al Pueblo” han servido durante años como un ejercicio de contacto con comunidades para informar e incluso presumir inversiones y obras. Sus fieles aseguran que este modelo es parte de su compromiso por estar cerca de la ciudadanía y ha sido una constante bajo su administración, con anuncios de obras, rehabilitaciones y acciones en todo el estado a través de esta dinámica.
El detalle curioso —y políticamente jugoso— es que, justo cuando se avecinan definiciones sobre la candidatura a la gubernatura por Morena, estas jornadas parecen convertirse en una especie de “puesta en escena”, idéntica a lo que los expertos electorales califican como promoción personalizada, denunciada formalmente ante el Instituto Tlaxcalteca de Elecciones (ITE).
Por su parte, el alcalde capitalino ha abrazado con fervor la consigna de “Menos escritorio, más territorio”, con la que afirma que recorrer las comunidades y supervisar obras o acciones de mantenimiento es su forma de gobernar.
La frase —que incluso ha sido criticada como una copia del discurso populista de Nicolás Maduro en Venezuela— suena moderna y cercana, pero también se ha interpretado como puro branding (proceso estratégico de construir y gestionar la identidad de una marca para crear una conexión emociona) cuando, a juicio de varios analistas, no está acompañada de resultados tangibles contundentes.
Lo interesante (y un poco grotesco) es cómo ambos discursos —el de la mandataria y el del edil— terminan jugando la misma carta: la presencia “en campo” como prueba de legitimidad y compromiso político. Está bien caminar colonias, platicar con gente y conocer de primera mano carencias; pero cuando ese acercamiento ocurre de manera intensiva justo en tiempos preelectorales, empieza a oler a actuación casi artística antes que a gestión seria y constatable.
Mientras tanto, hay figuras en el escenario político tlaxcalteca que sí llevan ese contacto territorial de manera orgánica y persistente, sin necesidad de convertir cada visita en un anuncio con bandera o slogan pegado.
Un ejemplo es la senadora Ana Lilia Rivera Rivera, quien —a diferencia de los otros dos— ha acumulado años de trabajo continuo en los municipios, acercándose genuinamente a la población y conociendo sus problemas sin necesidad de sesiones con fotógrafos ni plecas de propaganda. Esa trayectoria es valiosa en un contexto donde la cercanía con la gente se ha convertido en moneda electoral.
La incongruencia es doble: una gobernadora que dice estar “cumpliendo al pueblo” y ahora enfrenta acusaciones de promoción personalizada, y un alcalde que presume de estar siempre “en territorio” mientras pareciera más preocupado por construir una imagen que por resolver los rezagos históricos de la capital.
La lección, si de verdad quieren servir al pueblo y no solo apariencias, es simple: el territorio se recorre todos los días, no solamente cuando hay que medir fuerzas rumbo a una candidatura. Y el pueblo lo que reclama no son fotografías en colonias, sino soluciones reales y consistentes para sus problemas.
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