Adiós Chespirito
1 de diciembre - 2014

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Pbro. Ranulfo Rojas Bretón

Aunque esperada, la muerte de Don Roberto Gómez Bolaños fue de un gran impacto no solo en México sino en toda Latinoamérica y es que el creador de “el Chavo del 8”, “el Chapulín Colorado”, “el Chompiras”, “Chaparrón Bonaparte”, “el Doctor Chapatín”, deja una honda huella en la conciencia colectiva pues su aporte al entretenimiento es mayúsculo, pero también tiene un aporte grande en las áreas del lenguaje. Frases del Chapulín Colorado como: “Lo sospeché desde un principio” ¡Síganme los buenos! ¡No contaban con mi astucia! ¡Todos mis movimientos están fríamente calculados! ¡Calma, calma que no panda el cúnico! La tergiversación de los dichos populares y su incapacidad para hilar las conclusiones. El llamado a la aparición del héroe: ¡Oh! Y ahora ¿quién podrá defendernos? Son parte del lenguaje de cada día. O los pi pi pi pi pi pi del Chavo del 8, “Es que no me tienen paciencia” o el “y yo ¿Cómo dije? Y ¿Cómo es?”. Todo el aporte de Don Roberto Gómez Bolaños que escogió ser llamado “Chespirito” como un reconocimiento al gran Shakespeare y en razón de ese nombre artístico bautizaba a sus personales con un nombre que iniciara con la letra “CH” es incalculable, ya la historia nos permitirá ir haciendo un recuento de todo lo que hizo.

Creador de los célebres personajes de la vecindad del Chavo: Doña Florinda, El Profesor Jirafales, La bruja del 71, El Señor Barriga, Don Ramón, Ñoño, La Popis, La Chilindrina, Quico, Jaimito “el cartero”. Los personajes de “La Chimotrufia” “El Botija”, “Lucastañeda” y antes “El Peterete”. Esos y muchos más salieron de la mente creadora de un pequeño genio como lo fue Chespirito. Escritor, compositor, guionista, actor, productor, en fin, mucho que decir de este personaje cuya vida llegara a su fin.

En la película de “El mundo de Sofía” hay un pasaje en el que se encuentran personajes creados a través de la historia como “Caperucita Roja” “Alicia en el País de las  Maravillas”, “La Cenicienta” y muchos más, en ese encuentro hacen un diálogo entre ellos diciendo: “Aunque nosotros somos creaturas de los escritores, sin embargo, ellos mueren y eso es irremediable, pero nosotros somos inmortales, vivimos a través del tiempo y nunca envejecemos”. Relato que tiene una gran verdad, porque los personajes creados a través de la historia siguen actuales mientras que sus creadores ya murieron. Roberto Gómez Bolaños ya murió y será recordado, pero sus personajes, toda su obra creadora, esa seguirá y las generaciones podrán seguir disfrutando las aventuras vividas en la vecindad del Chavo del 8, porque el Chavo seguirá siendo el niño que no conoce a sus padres, que tiene como refugio su barril y que juega con cosas simples como un bote del que hace un balero, o lo convierte en un balón y él se siente como su ídolo Enrique Borja, o una escoba que convierte en su caballo o un bat de beisbol, que no tiene nada pero a la vez tiene todo; que es amigo incondicional de todos y de manera especial de Quico y La Chilindrina y que sueña siempre con una torta de jamón.

Varias generaciones crecimos viendo al Chavo y al Chapulín. ¿Quiénes no hemos dicho: “fue sin querer queriendo” o “se me chispotió” o “es que no me tienen paciencia”? y es que sus frases se fueron acuñando en nuestro lenguaje y pasó a ser parte de nosotros. La vecindad del Chavo era nuestra vecindad y como él jugamos, lloramos, compartimos con los vecinos, pasamos hambres, nos comíamos lo que encontrábamos, nos enojamos con los amigos pero siempre terminamos siendo amigos. También como el Chavo nos enamoramos de “Paty” la niña bonita que aparecía y nos cambiaba la mirada provocando los celos de la Chilindrina.

Seguro que recordamos muchos de sus episodios, tal vez algunos nos marcaron y así como el desgarrador grito de “Pepe el Toro es inocente”, también nos pasó con el Chavo del 8 ¿Cuántos no soltamos unas lágrimas cuando en la vecindad se metió un ratero y culpaban al Chavo, cuando todos le gritaban: “ratero” “ratero” y él tomaba su paliacate y amarrado a un palo de escoba salía con la mirada en el piso y arrastrando los pies a los ojos de todos los miembros de la vecindad?

Seguro que las clásicas escenas también las repetimos: ¿No gusta pasar a tomar una tacita de café? ¿No será mucha molestia? ¿De ninguna manera, pase usted. Después de usted. Ese diálogo del Profesor Jirafales y Doña Florinda todos nos lo aprendimos y disfrutamos las miradas enamoradas que cruzaban y que hacían que todo lo que sucedía a su alrededor no importara. A veces pienso que ese es el amor más intenso que han vivido enamorados y que nunca necesitaron ni siquiera de un beso.

Escenas tradicionales como el infaltable golpe al Señor Barriga, Las cachetadas de Doña Florinda a Don Ramón y el coraje del mismo que lo hacía hacer cara de rabia y saltar sobre su propia gorra. Los chillidos de Quico recargado en la pared, los gritos al llorar de la Chilindrina y sus intentos de explicar sin que se le entendiera nada. Los pi pi pi pi del Chavo y su camino al barril refugio de sus lágrimas. Los coqueteos de la Bruja del 71 (Doña Clotilde) a quien cariñosamente llamaba “Monchito”. Los intentos de cobrar la renta del Señor Barriga a Don Ramón. En fin, todo eso que ya de memoria nos sabíamos y además, sabíamos las respuestas y aun así nos tenía pegados al televisor disfrutando de un humor sano. ¿Había violencia? Sí con la violencia propia que presentaba pero donde se veía que no había rencores. Molestia como la de Doña Florinda que sufría al vivir en vecindad rodeada de “la chusma” pidiéndole a Quico que no se juntara con ella.

Todo eso lo produjo Chespirito y lo ha dejado como herencia para las generaciones. Hoy lo despedimos y no hay palabras para agradecerle todo lo que hizo. Sin embargo, su obra se queda, seguiremos gozando del único héroe mexicano que es más noble que una lechuga, más fuerte que un ratón, más ágil que una tortuga, su escudo es un corazón. Un corazón amarillo que se hizo famoso con la “CH” en el centro, un chipote chillón como arma letal, unas pastillas de chiquitolina.

Seguiremos disfrutando del Chavo del 8 –Chaves como lo llaman en Brasil- y de todos los personajes que dejó para nosotros y para las generaciones por venir. Mientras tanto, descanse en paz Don Roberto Gómez Bolaños y que el mundo y la historia le paguen todo lo que hizo para el bien de chicos y grandes. Genios como él duelen que se vayan pero también nos da la oportunidad de valorarlos como personas y como profesionales y de recordarlo como él quería ser recordado, como un hombre bueno. Descanse en paz.