15 de junio - 2015
Por Fernando Tamayo
Culminado el proceso electoral federal una de las lecciones y consecuencias más importantes es aquella que tiene que ver con las candidaturas independientes, las cuales, pueden convertirse en una nueva vía para acceder al poder.
La victoria del llamado «Bronco» en Nuevo León ha abierto el sistema democrático y de partidos en México que, hasta hace poco, pertenecía de manera exclusiva a los institutos políticos ya que únicamente a través de ellos era como se accedía al poder público.
El monopolio del sistema electoral por parte de los partidos políticos obligaba a pensar a todos los servidores públicos que satisfacer las necesidades de dirigentes y miembros de partido era el único camino para prolongar una carrera política dejando en segunda instancia la solución de las demandas colectivas.
Hoy, el triunfo del “Bronco” ha eliminado a los intermediarios: los partidos, quienes eran los mayores beneficiados del sistema democrático cerrado y monopolizado. Sin embargo, la esperanza social depositada en las bondades de las candidaturas independientes dependerá en buena medida de los resultados del gobernador electo de Nuevo León.
En primera instancia debemos señalar que la candidatura del “Bronco” es independiente, sin embargo no es ciudadana. Recordemos que dicho personaje no es ajeno al sistema político dado que cuenta con una carrera pública e incluso con un pasado priísta mediante lo cual logró acceder a una alcaldía años atrás. ¿Cuál es entonces la virtud de lo logrado por este peculiar personaje público?
Sí bien es cierto el gobernador electo cuenta con un pasado partidista, la diferencia con el resto de la clase política radica fundamentalmente, en que no se encuentra obligado a saciar los intereses de determinado instituto político, comenzando por la repartición de puestos públicos que suele ser lo más común en el momento de acceder al poder.
“El Bronco”, aunque impulsado por la clase empresarial regiomontana y distintos medios de comunicación, tiene plena autonomía de gestión y con ello tiene la libertad absoluta de conjuntar un gabinete donde imperen las capacidades de cada uno de sus integrantes y no el pago de facturas y el cumplimiento de compromisos políticos como se acontece normalmente.
Dado lo anterior y la cercanía de la sucesión gubernamental en Tlaxcala, lo que ocurra en Nuevo León servirá de base para que más de uno de los suspirantes que actualmente existen en nuestro Estado a suceder a Mariano González contemple como una opción las candidaturas independientes. Al tiempo.
Desde la barrera
Se conmemoró un año más del fallecimiento de Don Emilio Sánchez Piedras, el más grande estadista que ha tenido nuestro Estado. Ojalá la clase política actual conmemorará su legado a través de una forma de gobernar semejante. Hoy Don Emilio es referencia obligada cuando se habla del desarrollo de Tlaxcala, pero también, debe ser visualizado como aquel personaje que estableció una forma peculiar de ejercer el poder; la de buscar en todo momento el beneficio colectivo.

