4 de octubre - 2026

Por Ana Lilia Rivera Rivera
El 2 de octubre es una herida que permanece en la memoria de México y una responsabilidad para quienes participamos en la vida pública. Nos compromete a trabajar para que nunca más la fuerza del Estado sea utilizada para silenciar a quienes piensan distinto.
No podemos construir una democracia sólida si olvidamos lo que ocurrió cuando el poder dejó de escuchar y la respuesta fue la violencia. Por eso es importante que el Estado mexicano haya reconocido su responsabilidad en los hechos de 1968 y que se haya ofrecido una disculpa pública a las víctimas, a sus familias y a la sociedad mexicana.
A 58 años de la matanza de Tlatelolco, coincido plenamente con nuestra presidenta Claudia Sheinbaum: nunca más una represión del Estado contra un movimiento social.
La democracia se construye con derechos, con instituciones y, sobre todo, con la participación de la sociedad. El derecho a disentir, a organizarnos, a manifestarnos y a exigir respuestas a las autoridades no es una concesión del poder. Es parte de las libertades que generaciones enteras han ayudado a conquistar y defender.
En Tlaxcala sabemos que la participación social tiene raíces profundas. Nuestras comunidades tienen una larga historia de organización, de defensa de sus territorios, de preservación de sus tradiciones y de participación en los asuntos que les afectan.
Por eso, recordar el 2 de octubre también significa reconocer el valor de una sociedad que participa y de gobiernos que tienen la responsabilidad de escucharla.
La transformación que estamos construyendo no puede entenderse solamente como un cambio de gobierno. Debe significar también una forma distinta de ejercer la responsabilidad pública: con diálogo, con respeto a las diferencias y con la convicción de que escuchar a la sociedad fortalece a las instituciones.
Esto es especialmente importante para las nuevas generaciones. A los jóvenes debemos decirles que su participación es necesaria. Que cuestionar, proponer y expresar una opinión diferente forman parte de la democracia. México necesita jóvenes críticos, informados y comprometidos con su comunidad.
El 2 de octubre nos recuerda que una democracia se fortalece cuando existen espacios para la participación y cuando las diferencias pueden procesarse mediante el diálogo y las instituciones.
Hoy tenemos la responsabilidad de cuidar esos espacios, de ampliar los derechos, de fortalecer las instituciones y de garantizar que todas las personas puedan expresar sus ideas y participar en la vida pública con libertad.
La transformación de México tiene entre sus principios fundamentales el respeto a la dignidad humana, a las libertades y a la participación del pueblo.
Por eso, este 2 de octubre no solo recordamos a quienes perdieron la vida. Recordamos también por qué salieron a las calles, qué país imaginaron y qué democracia queremos seguir construyendo.
La memoria debe convertirse en compromiso. Un compromiso con la democracia, con las libertades, con una vida pública en la que las diferencias encuentren siempre un cauce en el diálogo y en las instituciones. Esa es una responsabilidad que nos corresponde asumir a todos por igual.
Las opiniones vertidas en este espacio son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan, necesariamente, el pensamiento de Gentetlx

