Homero contra Homero
16 de julio - 2026

Por Mauricio Hernández Olaiz

A veces la realidad tiene un extraño sentido del tiempo.

Esta columna fue escrita varios días antes de que se conociera la renuncia, ¿o despido? de Homero Meneses a la Secretaría de Educación Pública del Estado. Horas después de terminarla, el funcionario dejó el cargo. La coincidencia no cambia una sola coma del fondo del texto; por el contrario, lo vuelve todavía más pertinente.

Porque esta nunca fue una columna sobre un nombramiento o una renuncia. Es una columna sobre la congruencia. Sobre la enorme distancia que puede existir entre el opositor que prometía transformar el poder y el funcionario que terminó enfrentando cuestionamientos por decisiones que él mismo habría condenado cuando marchaba en las calles.

La salida de Homero Meneses abre un nuevo capítulo político. Habrá quien diga que se va para buscar otra responsabilidad, quien sostenga que su ciclo simplemente terminó y quien vea en la renuncia una consecuencia del desgaste acumulado. Cada lector sacará sus conclusiones.

Lo que nadie puede discutir es que el personaje que abandona hoy la oficina es muy distinto al que hace algunos años encabezaba protestas, denunciaba el amiguismo, exigía transparencia y levantaba la voz contra los abusos del poder.

Y precisamente de ese personaje trata esta columna.

Hay personajes que llegan al poder para cambiar al sistema. Hay otros que, sin darse cuenta, terminan cambiando ellos para adaptarse al sistema. La pregunta es.. ¿en cuál de esos dos grupos quedará inscrito Homero Meneses?. ¡Veamos!..

Durante años, el hoy secretario de Educación de Tlaxcala construyó una imagen de luchador social. Era el maestro que marchaba, el activista que denunciaba, el opositor que señalaba con índice de fuego la corrupción, el amiguismo, el influyentismo y la utilización política de la educación. Lo vimos respaldar movimientos magisteriales, solidarizarse con estudiantes normalistas y condenar lo que llamaba la represión del poder. Su discurso era claro: la educación no podía seguir siendo un botín político. La transparencia, la rendición de cuentas y la ética pública eran, según él, obligaciones irrenunciables de cualquier gobierno.

Ese era el Homero Meneses de la oposición, el que juraba y aseguraba que si algún día tenía la oportunidad, transformaría a la educación en Tlaxcala.

Los años pasaron. Morena llegó al poder en el estado y Homero dejó de ser el hombre que protestaba frente al escritorio para convertirse en el hombre sentado detrás del escritorio.

No hay nada de malo en ello. Gobernar siempre será más difícil que protestar. Lo verdaderamente importante es saber si, una vez del otro lado, se conservan los mismos principios que se exigían desde la oposición.

Y es aquí donde comienza a aparecer la verdad.

Hace apenas unas semanas, Homero escribió una frase que, sin proponérselo, terminó convirtiéndose en el espejo de su propia trayectoria:

“La historia de la izquierda mexicana está llena de luchas contra el autoritarismo, el amiguismo y el uso del poder para construir privilegios. Sería una contradicción histórica permitir que esas prácticas encontraran refugio en quienes nacimos precisamente para combatirlas.»

También escribió que «las grandes transformaciones comienzan mucho antes, en el terreno de las ideas, los principios y la ética pública.»

El problema no es que exprese estas ideas. El problema aparece cuando esas palabras se enfrentan con los hechos, cuando se topan de golpe con la realidad.

Porque el Homero opositor defendía con pasión a las estudiantes de la Normal Rural de Panotla cuando denunciaban abusos de gobiernos anteriores. Sin embargo, ya como secretario de Educación, la relación con las normalistas terminó convertida en uno de los conflictos más delicados de su gestión. Las movilizaciones de 2022 derivaron en una crisis que marcó para siempre a esa comunidad estudiantil.

Cada año, las compañeras de Beatriz vuelven a marchar para recordarla y exigir que aquel episodio no quede en el olvido. Beatriz, la normalista que falleció durante una protesta en el trébol, una protesta generada por la falta de estatura política y compromiso del secretario que antes se desgarraba la vestiduras defendiendolas. Hoy, no hay nadie detenido por esa irreparable pérdida.

Más allá de las responsabilidades legales que correspondan determinar a las autoridades competentes, políticamente ese conflicto quedó ligado a una administración que nunca encontró la sensibilidad suficiente para evitar que la confrontación escalara.

Pero ese no ha sido el único episodio que ha golpeado la credibilidad del discurso que durante años sostuvo el hoy secretario de educación.

Quien construyó buena parte de su liderazgo denunciando la opacidad y exigiendo rendición de cuentas, hoy encabeza una dependencia que ha enfrentado observaciones por el manejo de recursos públicos y por gastos cuya comprobación ha sido cuestionada en procesos de fiscalización.

El Órgano de Fiscalización Superior (OFS) identificó que el titular de la Secretaría de Educación Pública del Estado (SEPE), Homero Meneses Hernández, habría presentado una irregularidad de 23 millones 335 mil 654.88 pesos por concepto de “Pago de gastos en exceso” de su Presupuesto del Ejercicio Fiscal 2024.

Resulta inevitable preguntarse qué habría dicho aquel Homero activista si, hace diez años, hubiera encontrado estos mismos señalamientos en la administración de cualquier otro secretario de Educación.

El mismo hombre que condenaba el uso patrimonialista de la educación también ha visto cómo su administración quedó envuelta en cuestionamientos por decisiones relacionadas con plazas y nombramientos. Elejemplo más claro…la designación de Rosario Ruiz al frente del Departamento de Preescolar de la SEPE alimentó nuevamente el debate sobre la influencia política y sindical en un sistema que él mismo prometió limpiar de privilegios y favoritismos. Y es que Rosario Ruíz es la esposa de Homero Meneses…..

Y cuando parecía que el desgaste no podía crecer más, apareció otro episodio difícil de explicar. La autorización de una licencia sin goce de sueldo para un maestro detenido en un operativo relacionado con el presunto robo de hidrocarburos abrió un intenso debate público.

La decisión administrativa fue autorizada apenas un día después de la detención y generó cuestionamientos sobre el criterio aplicado por la autoridad educativa. ¿Es posible que existan fundamentos legales para esa determinación?; precisamente por ello la sociedad tiene derecho a conocerlos y a exigir absoluta transparencia en decisiones de esa naturaleza.

Lo paradójico es que ninguna de estas preguntas nace de un discurso opositor. Todas provienen del estándar que el propio Homero Meneses fijó durante años. *

Fue él quien convirtió la ética en bandera.

Fue él quien hizo de la transparencia una exigencia.

Fue él quien denunció el amiguismo como una deformación del servicio público.

Fue él quien escribió que permitir privilegios sería una «contradicción histórica».

Y justamente por eso hoy está obligado a responder con algo más que artículos de opinión.

Hoy el Homero del presente cachetea y denosta con furia, y hasta gozo, al Homero del pasado….luego del propio AMLO no encuentro un personaje más contradictorio que Homero Meneses.

Lo que resulta imposible de ignorar es la incongruencia.

Sí, con todas sus letras: “incongruencia”

Porque no estamos hablando de un funcionario que nunca prometió nada distinto. Estamos hablando de alguien que construyó toda una carrera política denunciando exactamente aquello que hoy se le cuestiona. Esa diferencia es enorme.

El Homero Meneses de la oposición aseguraba que la transparencia no era negociable. El Homero Meneses secretario ha tenido que responder por observaciones, cuestionamientos sobre el manejo de recursos públicos y decisiones administrativas que han generado legítimas dudas.

El Homero Meneses que marchaba junto a las normalistas terminó convertido en la autoridad con la que las normalistas chocaron en uno de los episodios más dolorosos para esa comunidad estudiantil.

El Homero Meneses que condenaba el amiguismo y los privilegios hoy enfrenta cuestionamientos públicos por nombramientos y decisiones administrativas que alimentan precisamente ese debate.

Y el Homero Meneses que escribió que «sería una contradicción histórica permitir que esas prácticas encontraran refugio en quienes nacimos precisamente para combatirlas» terminó regalando a sus críticos la frase que mejor describe el dilema de su propia gestión.

Porque la congruencia no se presume; se ejerce.

Y cuando los hechos comienzan a contradecir el discurso, las palabras dejan de ser principios para convertirse en simple retórica.

Eso mismo ha ocurrido con una parte importante del movimiento político al que pertenece. Durante años, Morena se presentó como la reserva moral de la política mexicana. Desde la oposición denunció el autoritarismo, el influyentismo, el uso patrimonial del poder y la corrupción. Ya en el gobierno, muchas de esas promesas se han visto confrontadas por decisiones que han provocado críticas y cuestionamientos públicos.

No puedo afirmar cuál era la verdadera intención de Homero Meneses cuando encabezaba marchas, denunciaba abusos o exigía transparencia. Eso sólo él lo sabe. Pero sí puedo afirmar que existe una distancia evidente entre aquel discurso y las decisiones que hoy caracterizan su gestión. Y esa distancia es precisamente la que alimenta la percepción de incongruencia.

En política existe una prueba que ningún servidor público puede reprobar sin pagar un costo: la congruencia.

Porque los ciudadanos perdonan errores. Admiten rectificaciones. Incluso comprenden decisiones difíciles cuando se explican con honestidad.

Lo que difícilmente perdonan es descubrir que quien prometía ser diferente terminó siendo peor que aquellos que juró combatir.

Al final, el mayor adversario de Homero Meneses no está en la oposición, ni en los medios de comunicación, ni siquiera en quienes cuestionan su desempeño.

Su adversario más incómodo sigue siendo él mismo. Aquel maestro que marchaba convencido de que el poder debía ejercerse con absoluta congruencia, transparencia y honestidad.

Porque hay espejos de los que ningún político se quiere reflejar, pero no pueden escapar.

Y el de la congruencia siempre termina devolviendo la imagen que uno mismo construyó con sus propias palabras y luego con sus acciones.

Así qué respondamos la pregunta con la que iniciamos esta columna……

“Hay personajes que llegan al poder para cambiar al sistema. Hay otros que, sin darse cuenta, terminan cambiando ellos para adaptarse al sistema. La pregunta es.. ¿en cuál de esos dos grupos quedará inscrito Homero Meneses?.

Creo que ya todos tenemos la respuesta….

¿Pero Homero tendrá el valor moral de responderla?…¡qué más da! Ya se fue…

@olaizmau

*Durante su gestión como secretario de Educación de casi 5 años, Meneses Hernández fue señalado por muchas, pero muchas más anomalías, abusos, prepotencia, despojos, contubernios, pero por el espacio de esta columna era por demás complicado mencionarlas todas…Pero si usted está interesado en seguir develando la historia del peor secretario de educación en la historia de Tlaxcala, solo tiene que sentarse un rato frente a su computador y usar el Google…

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