¿Unidad… o pretexto electoral?
9 de julio - 2026

Por Mauricio Hernández Olaiz

Hay frases que, dependiendo de quién las pronuncie y cuándo las pronuncie, provocan más sonrisas que aplausos. La gobernadora Lorena Cuéllar afirmó este martes que «Tlaxcala necesita unidad, no ataques». En cualquier democracia esa sería una declaración impecable. El problema no es la frase; el problema es la memoria.

Porque resulta curioso que ese llamado llegue cuando a la administración estatal apenas le restan trece meses de gobierno. Tardó casi cinco años en descubrir que la unidad era importante.

¿Dónde estuvo esa vocación de diálogo cuando la oposición pidió mesas de trabajo? ¿Dónde quedó cuando alcaldes de distinto signo político denunciaban abandono, falta de recursos o simplemente la negativa del Gobierno del Estado a escucharlos? ¿Cuándo se abrió la puerta para construir acuerdos con quienes pensaban distinto? La respuesta la conocemos todos. ¡NUNCA!

Durante prácticamente todo el sexenio prevaleció otra lógica: quien cuestionaba era enemigo; quien criticaba era descalificado; quien disentía era ignorado. La política del «están conmigo o están contra mí» sustituyó al diálogo institucional. Las decisiones se tomaban desde Palacio de Gobierno y se imponían sin demasiada preocupación por construir consensos. La unidad, francamente, nunca fue prioridad para la administración Lorenista…

Por eso hoy el discurso suena tan ridículo como conveniente.

No es un llamado nacido de la reflexión democrática. Más bien es una reacción política.

Y es que la gobernadora finalmente entendió algo que durante mucho tiempo pareció pasar por alto: cada conflicto que genera su administración termina convirtiéndose en un problema para quien pretende heredarle el poder.

Y no descarte usted que este repentino llamado a la unidad tenga mucho que ver con el tamaño de los incendios políticos que rodean a Palacio de Gobierno. Ante un secretario de gobierno inútil y enfocado en otros menesteres $$…El llamado a la unidad de la gobernadora solo pretende tratar de reducir las llamas.

Hoy ahí están los conflictos con comunidades como Ecatepec y Guadalupe Ixcotla; entre tantos otros. Ninguno son casos aislados; son parte de una larga cadena de desencuentros entre el gobierno estatal y distintos sectores sociales. Cada protesta, cada bloqueo, cada inconformidad, cada decisión percibida como imposición, cada acto de represión, cada ausencia de argumentos y de diálogo no solamente desgasta la imagen del gobierno saliente; también erosiona la candidatura de Alfonso Sánchez García, el delfín político de Lorena Cuéllar.

La aritmética electoral es bastante sencilla. Cada frente abierto significa ciudadanos molestos. Cada ciudadano molesto representa una familia inconforme. Y cada familia inconforme puede convertirse en muchos votos menos el día de la elección para quien pretende sea su guardaespaldas.

Quizá por eso ahora sí quiere hablar de unidad.

No porque haya cambiado la forma de gobernar, sino porque las encuestas y la realidad política comienzan a enviar mensajes difíciles de ignorar. Gobernar confrontando tiene costos, y esos costos no siempre los paga quien está por irse; muchas veces los termina pagando quien busca llegar.

La paradoja es evidente. Después de un sexenio caracterizado por la concentración de decisiones, el escaso diálogo con las voces críticas y una relación ríspida con quienes no compartían la visión oficial, hoy se pide dejar atrás los ataques.

Pero mientras la gobernadora pedía dejar atrás los ataques, desde el PRI le respondían con lanzallamas.

La delegada nacional del tricolor en Tlaxcala, Mariana Moguel, no se quedó en las críticas habituales. Habló de un supuesto «pacto criminal» y revivió uno de los temas que más incomodan al Lorenismo: el crecimiento patrimonial de la mandataria.

Moguel no se anduvo por las ramas y recordó la publicación de noviembre de 2025 del periódico La Opinión» titulada “Gobernadora se enriquece”

Desde luego, una cosa es que existan señalamientos políticos y otra que éstos hayan sido acreditados por una autoridad competente. Pero en política importa tanto la percepción como los expedientes, y cuando esos temas vuelven a instalarse en la conversación pública, lo último que necesita el grupo en el poder es seguir acumulando frentes abiertos.

Quizá por eso ahora descubrimos que Tlaxcala necesita unidad.

¡Qué oportuno.!

Cinco años escuchando que quien criticaba era enemigo del pueblo, conservador, mezquino o simplemente un estorbo para la transformación… y ahora resulta que todos debemos tomarnos de la mano, cantar «Te soñé Tlaxcala» y olvidar los agravios.

La unidad siempre es una buena idea. Lo curioso es que la mandataria la quiere descubrir exactamente cuando faltan trece meses para entregar el poder y cuando cada nuevo conflicto representa un puñado de votos menos para su candidato oficial.

Como dicen los arcanos: no es arrepentimiento… es calendario.

La unidad siempre es bienvenida. Lo que resulta difícil es pedir cosechar reconciliación cuando durante casi cinco años se sembró polarización.

Porque la unidad no se decreta en un chacaleo. Se construye escuchando, dialogando, respetando las diferencias y gobernando para todos, no únicamente para los propios.

Ese llamado a la unidad me suena más a propaganda que a compromiso real….

@olaizmau

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