La paz también es una forma de ejercer el poder
13 de enero - 2026

Pensar, decir y hacer: responsabilidad de la 4T

Por Vicente Morales Pérez

En un escenario internacional marcado por la tensión, la fuerza y los mensajes unilaterales, la voz de la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo presidenta de México ha resonado con claridad, firmeza y profundidad moral. Los recientes acontecimientos en Venezuela, particularmente la captura de Nicolás Maduro por fuerzas de Estados Unidos durante la administración de Donald Trump, no solo han sacudido el tablero geopolítico, sino que han puesto a prueba los principios fundamentales del derecho internacional y la convivencia entre naciones.

Frente a esta coyuntura, la postura de la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo presidenta de México no ha sido la del silencio cómodo ni la del alineamiento automático, sino la del respeto irrestricto a la soberanía de los pueblos, al derecho internacional y a la solución pacífica de los conflictos. México ha recordado al mundo que la paz no es debilidad, sino una de las expresiones más elevadas del poder político y moral de una nación.

El derecho internacional no es una formalidad decorativa ni un obstáculo para los poderosos; es el acuerdo civilizatorio que evita que el mundo regrese a la ley del más fuerte. Cuando se vulnera la soberanía de un Estado sin el consenso multilateral, se erosiona la confianza global y se abre la puerta a la inestabilidad permanente. En este contexto, la presidenta Sheinbaum ha sido clara: la fuerza no sustituye al derecho, y la paz no puede imponerse por la vía de la violencia y la ilegalidad.

Desde la narrativa de la Cuarta Transformación, esta postura no es nueva. Es la continuidad de una política exterior basada en la autodeterminación de los pueblos, la no intervención y la cooperación internacional. México no apuesta por bloques de confrontación, sino por puentes de diálogo; no por la amenaza, sino por la diplomacia; no por la subordinación, sino por la dignidad nacional.

Pero esta visión no surge solo desde el poder institucional. Se nutre del poder del pueblo, de una ciudadanía consciente que entiende que la soberanía no se defiende con discursos estridentes, sino con principios firmes y coherencia histórica. La Dra. Claudia Sheinbaum Pardo presidenta de México ha sabido interpretar ese sentir colectivo: el de un país que quiere paz sin renunciar a su dignidad, cooperación sin sometimiento y diálogo sin claudicación.

La unidad nacional, en este contexto, se convierte en un activo estratégico. No se trata de cerrar filas por consigna, sino de comprender que en momentos de tensión global, México debe hablar con una sola voz: la de la legalidad, la humanidad y la paz. Esa unidad fortalece la posición del país en el mundo y envía un mensaje claro: México es un actor responsable, serio y comprometido con la estabilidad internacional.

En tiempos donde la política global parece oscilar entre la amenaza y la fuerza, la presidenta Sheinbaum ha colocado en el centro a la humanidad. Ha recordado que detrás de cada conflicto hay pueblos enteros, vidas humanas, familias y futuros en riesgo. Gobernar también es saber contener, mediar y evitar que la violencia se normalice como herramienta de política exterior.

Hoy, México no levanta la voz para imponer, sino para recordar. Recordar que la soberanía no se captura, se respeta. Que la paz no es ingenuidad, es visión de Estado. Y que el liderazgo verdadero no se mide por la capacidad de someter, sino por la valentía de defender el derecho, incluso cuando el contexto internacional parece inclinarse hacia la fuerza.

En ese equilibrio entre firmeza y humanidad, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo presidenta de México ha colocado a nuestro país del lado correcto de la historia.

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