Las Razones
15 de junio - 2016

mauricio_olaiz

Por Mauricio Hernández Olaiz

Hace unos días, luego de publicar mi columna en este espacio de Gentetlx, me llegó vía inbox en mi cuenta de Facebook una, como le llamaríamos, dejémosle en queja por parte de un lector. Aunque esta “queja”, y la entrecomillo pues por momentos era más un conglomerado de insultos que una redacción con cierta argumentación, insistía en que un servidor, como algunos otros de este y otros medios, éramos solapadores del más grande fraude electoral que haya vivido Tlaxcala, cómplices de la imposición de un títere del Marianismo en detrimento de una nueva visión de desarrollo que encarna Lorena Cuéllar.

No voy a negar que me sorprendió las palabras de este personaje, sobre todo porque no encontré, en mi colaboración anterior, nada que siquiera se acercara a las acusaciones de este personaje, salvo por supuesto puntos de vista personales sobre los resultados de la jornada electoral.

Ahora, como hace una semana, reitero que un servidor no encuentra motivos, argumentos, pruebas suficientes y contundentes para poder afirmar que la victoria de Marco. A Mena haya sido gracias a un fraude. Es cierto que hubo anomalías, compra del voto descarado, pero eso no solo lo hizo el priismo, también el PRD, el PAN y hasta algunos de la chiquillada, pero es, como lo hemos reiterado, parte del juego perverso de la dizque democracia mexicana, reglas no escritas que conforman un todo de la endeble soberanía nacional.

El apasionamiento por un proyecto puede ser muy positivo, pero cuando raya en el fanatismo, en la terquedad y la soberbia, las cosas se pueden poner difíciles. No he sido ajeno a charlas con Lorenistas, y a ellos como a usted querido lector, les reitero que existen instancias suficientes para poder impugnar, presentar esas miles de pruebas que dicen tener; que yo al momento no tengo ni conozco, pero que en tribunales electorales deberán validar fehacientemente, pues solo la palabra, los dichos y hasta las leyendas urbanas no fundamentan ni hacen un caso sólido para tirar una elección.

Se habla de boletas ya impresas con el voto para el PRI, actas alteradas, manipulación de paquetes electorales, entre otras tantas cosas, pues si lo pueden probar seremos los primeros en reconocerlo, pero del dicho al hecho hay mucho trecho.

Creo que a lo largo de varios años que he tenido la oportunidad de colaborar con algunos medios, ha quedado de manifiesto que soy un detractor del Gobierno Marianista, como en su momento del Orticismo, no es la primera vez que escribo, que desde mi punto de vista, Mariano y Héctor han sido los peores gobernadores de la historia moderna de Tlaxcala, por ello sería ridículo defender la victoria de la imposición del contable si la evidencia fuera medianamente certera.

Yo no voté por Marco Mena, tampoco por Lorena, pese a que la consideraba, meses antes del inicio de la contienda, como la candidata más viable para tomar la rienda de un gobierno podrido, extraviado y opaco, sin embargo, fueron las propias decisiones de Lorena, o alguien malévolo en su equipo, los que me llevaron a decidir no darle mi voto.

Las razones son simples, pero desde mi óptica (respeto la de los demás) contundentes para cambiar mi decisión.

La primera de ellas fue cuando me enteré de la incorporación a su equipo de dos personajes en verdad oscuros, auténticos dementores del Orticismo, Víctor Cánovas y Daniel Herrera Murga, ambos se enriquecieron durante el gobierno de Ortiz, arrastrando aún el hedor de sus excesos corrupción y escándalo llegaron al equipo de Lorena a “apuntalar” a la candidata, en verdad más bien le ayudaron a restar.

La segunda razón, la llegada de Elia Sánchez como su vocera de campaña, otra gris Orticista que en su época de directora de los medios gubernamentales los puso al borde de la quiebra y nos dejó sin trabajo a muchos sin razón alguna.

Solo de pensar que estos tres personajes volverían al poder y a sus excesos con el triunfo Lorenista eran ya motivo suficiente para que un servidor no le diera mi sufragio.

Pero la gota que derramó el vaso fue cuando trajo a Graco Ramírez a levantarle la mano, a criticar la opacidad y corrupción del Marianismo apoyada por uno peor que el, ¿Nadie le contó lo que Graco hace en Morelos? ¿En verdad no lo sabía? Mala movida y con ello un voto perdido, (en realidad muchos más pues varios tampoco le vieron convicción seria a Cuéllar luego de esta reunión con el capo morelense).

Súmele ese hartante lloriqueo por la guerra sucia en su contra. Cuando un candidato debe mostrar fortaleza, entereza, crecerse al castigo es precisamente cuando los rivales más débiles buscan denostarla, pero con esas acciones Lorena solo mostró debilidad, nadie le recordó a la Senadora aún con licencia lo mal que se vio Francisco Labastida, y los votos que perdió, quejándose en el debate por las burlas que le hacía Vicente Fox.

Con lo anterior quiero asentar que la pérdida de votos de la ex candidata Perredista no solo se debieron a mapacherías en la jornada si no a decisiones pensadas por el electorado en consecuencia de sus propias acciones, vale la pena tomar eso en cuenta también.

Pero insisto, si tienen las evidencias contundentes del más grande fraude electoral en la historia de Tlaxcala; como ellos lo califican, pues esperemos las presenten en las instancias correspondientes y las sustenten ante los tribunales electorales, a gastar en abogados y a esperar las resoluciones, tan simple como eso, pero no se vale seguir agrediendo y denostando a los que no pensamos como ellos, eso no significa que estemos con Mena y mucho menos con Mariano.

Tampoco voté por Dávila, mucho menos por Palafox, pero el voto es libre y secreto.

@olaizmau