Mujeres
8 de marzo - 2016

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Por Adriana Dávila Fernández

En México y en el mundo conmemoramos el Día Internacional de la Mujer, sin embargo, el análisis y la reflexión sobre la situación de la mujer y sus condiciones de vida y desarrollo amerita más que un día cada año, no sólo para especialistas y académicos, sino para servidoras y servidores públicos de todos los niveles de gobierno, legisladoras y legisladores, candidatas y candidatos a puestos de elección popular, activistas de la sociedad civil organizada. Todos tenemos la responsabilidad de intervenir.

Una vida libre de cualquier tipo de violencia para las mujeres, aún es un objetivo claro y definido por cumplir.

No debe olvidarse que en el mundo, una de cada tres mujeres sufre violencia doméstica; todavía más, son víctimas de la desigualdad de oportunidades y justa remuneración por su trabajo.

Y qué decir de las miles de niñas sometidas al matrimonio infantil; por su condición de género, son discriminadas.

La igualdad entre géneros es indispensable para alcanzar la justicia y el desarrollo en la sociedad, y consecuentemente, la paz entre sus integrantes.

Por ello, es necesario darle más voz a los temas relacionados con los derechos humanos de niñas, mujeres y adultas mayores que todavía ven violentados sus propios derechos.

Si bien la actual ley electoral ha incrementado el porcentaje de participación femenina en puestos de elección popular, aún falta mucho camino por recorrer; hay que propiciar en todos los espacios la capacitación y formación de las mujeres, para que estén mejor preparadas y hagan valer oportunidades en condiciones de igualdad.

La finalidad de toda política pública debe incluir la visión de género de forma transversal; las mujeres tienen derecho a intervenir en el qué, cómo, dónde, cuándo, quiénes y por qué participan en las decisiones públicas. No basta que el tema sea parte de una agenda pública.

Hay que formar una cultura para cerrar el paso a la violencia, corrupción e impunidad.

En política, las condiciones de igualdad no se dan por decreto, abre espacios, sí, pero se debe luchar y conquistar la confianza de la sociedad.

Muchos son los propósitos que quedan en palabras y firmas de convenios a nivel federal, estatal y municipal. Hay que ir más allá, actuar, tomar decisiones en la búsqueda del bien común.

En esta tarea es fundamental reforzar el cambio cultural del papel de la mujer en el desarrollo social; es necesario establecer con claridad, compromiso y voluntad para lograr la anhelada igualdad.

Debemos empezar por educar en el respeto, en el amor y en la equidad, en casa con nosotras mismas como madres, esposas, hijas, novias, como ciudadanas que formamos parte de la comunidad.

En tanto las mujeres no se valoren a sí mismas en toda la extensión de la palabra, ni potencialicen sus habilidades y aptitudes, no cambiará el estereotipo de la mujer abnegada que aún prevalece.

El reto es reconocer nuestras capacidades y talentos; es refrendar en cada acto nuestro compromiso con las mismas mujeres; es luchar por una justicia social que garantice la oportunidad de salud, trabajo, educación, empoderamiento, es denunciar las injusticias y no quedarnos calladas; ser solidarias con las madres que han perdido a sus hijos o que han desaparecido, con las migrantes, con las trabajadoras del campo, con quienes sufren de abusos en todas sus modalidades.

Sin lugar a dudas han sido significativos los avances en materia de igualdad de género y respeto a los derechos humanos en todos estos años, pero todavía son insuficientes.

Hay que trabajar porque en cada rincón de esta tierra mexicana esté presente el enfoque de género, de tal manera que las mujeres decidan cada vez más en la familia, en el trabajo, en la comunidad, en el gobierno, en el congreso.

Necesitamos gobiernos más eficaces y eficientes en los que prevalezca el estado de derecho, que castiguen la impunidad y la corrupción, que protejan los derechos humanos de todos los ciudadanos, en especial de las mujeres, de las niñas, de las adolescentes.

Necesitamos instituciones que garanticen la paz social, la dignidad de las personas, la procuración de justicia, la atención a víctimas con visión de género.

El país atraviesa momentos difíciles en materia de derechos humanos; la falta de protección y de reconocimiento de las mujeres en distintos ámbitos no es menor.

Por ello es que este trabajo por la mujer no es sólo un asunto de nuestro interés, los hombres deben acompañar toda acción a favor de otras mujeres y también de hombres de sectores vulnerables.

Juntos haremos un país más justo y con igualdad de oportunidades para todos; la armonización de las normas locales que beneficien a las mujeres, es un derecho de todas y todos los mexicanos.​