Liderazgos endebles
26 de febrero - 2016

Violeta Hernández Trejo

Las apariencias engañan y lo que parecía la fuerza irrebatible de dos mujeres, ha quedado solo en una imagen hueca que muestra a dos contendientes a la gubernatura debilitadas, primero, por sus propias actitudes y, segundo, por sus propios partidos. Habría que anotar un tercer elemento: sus endebles equipos de campaña.

Por la izquierda, es inevitable la debacle que viene sobre Lorena Cuéllar Cisneros, quien no tuvo el tino de administrar el recorrido de la ruta que debía seguir para llegar como la mejor posicionada a la línea de arranque por la gubernatura de Tlaxcala. Se quiso adelantar, en una campaña muy larga que le exigió un entrenamiento que no siguió al pie de la letra y ahora está sobreexpuesta a un escenario que tampoco ella imaginó.

El PRD es un partido desdibujado, que goza de poca credibilidad al perder a su mayor activo que era Andrés Manuel López Obrador; luego, los liderazgos de las tribus han mostrado un amarillo cobrizo que evidencia su engolosinamiento con el poder y las jugosas negociaciones para ubicar posiciones de privilegio, pero se cotizan muy alto y el capital que ofrecen está devaluado. O sea, pocos quieren comprar un producto que va en caída libre.

Es voz populi que la ahora senadora con licencia tiene a un equipo de campaña con poca experiencia y la que hay está bastante amañada. La mujer no sabe para dónde jalar porque cada día encuentra nuevas sorpresas y ya se dio cuenta que lo que tiene al alcance de la mano no le da para ganar. Por ello, hay una desbandada que solo garantiza su derrota. Ah, y para colmo de males, en su oferta política hay ofrecimiento que, francamente, son irreales. Hay que recordarle a Lorena Cuéllar que no hay presupuesto que alcance para atender a los enfermos renales, este es un asunto que requiere de muchos millones de pesos. Vaya, ni con todo el presupuesto destinado a Tlaxcala se podría solventar la atención integral. Ya se lo dijeron desde el Senado, pero insiste.

Por la derecha, Adriana Dávila vive un escenario similar. La apizaquense, ahora sí, ya se percató que su “amplísimo” capital político no le da para ganar el gobierno de Tlaxcala. La soberbia, que es su inseparable compañera, ya le dejó un saldo bastante negativo: la división frontal del panismo en Tlaxcala que, de por sí, estaba en la cuerda floja. Adriana no quiso saber de negociación alguna, para que nadie opacara su nítida brillantez, pero qué tal ahora, anda buscando aliarse hasta con el diablo.

¡Oh sorpresa! Nadie quiere saber de ella porque es una mujer que falta a su palabra, promete mucho y cumple poco. Es torpe para negociar y desconoce la realidad que vive. Y para colmo de males, se regodea con las felicitaciones de Felipe Calderón, quien goza de una impopularidad casi mortal. Agregue usted las felicitaciones de la gente de la farándula, eso es patético. Del PAN solo quedan, como dice la canción, sombras nada más. Volverán a comprobar en los comicios de junio que la mayor fuerza se las dio Héctor Ortiz.

Los azules están totalmente divididos, la imposición de Dávila Fernández ha generado una desbandada simulada y callada que busca abrigo en otras fuerzas políticas; se trata de la supervivencia, y esa se debe asegurar. A ello, se suma un improvisado equipo de campaña, de bajo perfil para una batalla de estrategas, de colmillo retorcido y de un temple de acero, pues la sangre caliente, como la de la senadora, no sirve para estas lides. En la batalla electoral, solo ganan las mentes brillantes, pero siempre como un témpano, frías, frías.

Un guardadito…

Por cierto, quien habrá tomado la pésima decisión de posponer un mes el pago de los docentes de educación básica. Los mal pensados afirman que es el “guardadito” para campañas, ¿será? Meterse con el bolsillo de la gente además de ser un abuso, es el peor error que se comente, de por sí estar pobre la patria y luego apretar más el cinturón… y lo que falta.