2 de octubre - 2026

Fuente: PROCESO
Cada día, miles de adolescentes en México están expuestos en redes sociales a información nociva que podría terminar en su reclutamiento. Las organizaciones de derechos humanos y las fiscalías o policías que detectan las promociones de grupos armados ofreciendo trabajo en redes sociales no se dan abasto. Las madres buscadoras que piden más responsabilidad a las plataformas no tienen respuesta, y las acusan de no usar su alta tecnología para impedir que lleguen a manos de los niños.
En su rondín por la central de autobuses de San Pedro Tlaquepaque, el comandante Martín Escobar saluda a otro policía que baja de un remolque estacionado en la calle. Dentro del vehículo hay una mesa, una silla, un radio y una pantalla desde la que monitorea las imágenes de las cámaras de seguridad de las salas de espera y de los andenes por donde entran y salen los pasajeros. Metros adelante, en la misma banqueta, se ven dos camionetas de la Guardia Nacional y un módulo del Ejército cerrado. En la acera de enfrente están tres patrullas municipales, con cuyos tripulantes se han detenido a charlar unas mujeres policías.
Los funcionarios de esas corporaciones tienen una misión importante: que las personas contactadas por el cártel local —el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG)—, o por sus rivales, al subir o bajar de los autobuses no sean enganchadas y luego desaparecidas. Y justo esta terminal conocida como la “nueva central camionera” de Guadalajara, en la zona conurbada de la ciudad, es el sitio más famoso y más candente en México para el reclutamiento forzado.
En dos años, suman 94 las personas (54 hombres y 38 mujeres) que la administración municipal presume haber salvado de una posible desaparición; de ellas, 51 son menores de edad y la mayoría no pasan de los 30 años. El grueso es originario de Jalisco (un estado con casi 13 mil personas desaparecidas), el resto viajó hasta aquí de entidades aledañas como Michoacán, Aguascalientes, Guanajuato, Nayarit, Colima, o remotas como Sonora, Zacatecas, Sinaloa, Chiapas, Nuevo León, Puebla, Oaxaca, Guerrero, Estado de México o Ciudad de México.
Aunque cada caso es diferente, el comandante Escobar no vacila al asegurar que muchas de las personas rescatadas fueron atraídas por ofertas de trabajo falsas que encontraron a través de redes sociales. También, con gesto de frustración, dice que algunas no fueron engañadas; ellas se ofrecieron para formar parte del cártel.
“Casi todos son por ofertas laborales de seguridad privada que vieron en Facebook, sobre todo, ofertas de 10 a 15 mil pesos semanales”, dice mientras camina por el exterior de la alargada estación de donde parten viajes hacia otros estados del país. “Los empiezan a enganchar por Facebook, a sacar información, les dan ofertas de trabajo, y les dicen: ‘vas a llegar a la camionera, vas a tomar el camión’, y que de aquí se desplacen y les dan dinero. O ‘va a pasar un Uber o un taxi por ti, te voy a llevar a otro lado’, […] para dirigirlos a alguna otra ciudad del estado”.
Obtener un empleo con un grupo criminal no resulta complicado en estos tiempos. Es tan fácil como abrir una cuenta en alguna red social como Instagram, Facebook o TikTok, dar un like a los perfiles que promueven empleos con sueldos altísimos, o a mensajes con narcocorridos como fondo musical en los que se invita directamente y sin camuflajes a trabajar con el grupo armado. Tras un intercambio de mensajes privados, que luego se convierten en conversaciones por WhatsApp o Telegram, en cuanto concretan un acuerdo, las personas que buscan oportunidades pronto reciben en su celular las instrucciones del lugar donde deben presentarse, o un boleto de autobús pagado hacia el sitio en que su nuevo empleador los necesita, o se suben al taxi que llegó para recogerlos. Un patrón parecido encontraron otros medios aliados en Ecuador y Colombia de la investigación El Algoritmo Reclutador, coordinada por el Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP).
“Son muchas formas y, lógico, cuando vamos detectando el modus operandi van modificando su forma de trabajo. Pero la mayor parte es así”, dice el comandante.
Desde la calle, a través de los vidrios, Escobar mira hacia los asientos de una sala de espera y detecta a alguien que le resulta sospechoso. Tiene cara de adolescente, parece estar solo. Su siguiente paso será llamar a las Andrómedas, la agrupación de mujeres policías entrenadas para buscar personas desaparecidas, quienes le preguntarán su destino, le pedirán una identificación, y analizarán su reacción para ver cómo proceder.
—¿Cómo los identifican?
—[Las policías] entran al área de abordaje y ahí entra el olfato: si a este que ven [está] desorientado, desorbitado, preocupado, desubicado, ya lo abordan, y muchas veces así los han logrado “localizar”. En ocasiones nos pasan el reporte [de desaparición] de otro estado o municipio, nos dicen que viene una persona a la central, se espera el camión y se logran resguardar.
En estos operativos de “localización” o “rescate”, por lo general no ocurre una persecución espectacular con patrullas bloqueando calles para detener autobuses y policías armados bajando a pasajeros a la fuerza. Transcurren de forma sutil: cuando la víctima se delata. Mira constantemente el celular porque algo pasó: no le mandaron el boleto, nadie pasa a recogerle, o siente que le hicieron ghosting. Se pone nerviosa. Busca dónde cargar la batería que se extingue porque la cita pactada no se concreta. Aunque quiera disimular, no puede irse a otro sitio porque en cualquier momento puede recibir el mensaje de que ya llegaron por ella. Y mientras esto ocurre, da vueltas por las salas de espera. Cuando se convence de que nadie vendrá y quiere regresar a casa, no tiene dinero para hacerlo. A veces pasa más de un día, desesperada, dando vueltas interminables.
“Cuando no les llega el depósito como se les plantea en redes sociales, nos piden ayuda al personal de la central o marcan al 911. Hay días de hasta ocho llamadas, otros días está tranquilo. Muchos de ellos ya ven que [el trabajo] no es lo que pensaban. Ya no hay un depósito y ellos no traen dinero, entonces se acercan a solicitar el apoyo”, explica el comandante.
Tan solo el pasado 5 de agosto, con menos de tres horas de diferencia, Escobar y su equipo interceptaron a dos mujeres adolescentes que viajaban en distintos autobuses y estaban a punto de quedar atrapadas en esa telaraña. La primera, de 16 años, había recibido una oferta de trabajo de un desconocido que le habló de la posibilidad de ganar hasta 15 mil pesos semanales (más de US$800). “Por medio de redes sociales, específicamente por TikTok, le dieron indicaciones de que se viniera, que aquí en la central esperara un Uber que iba a pasar por ella”, informó Escobar a la prensa. La segunda, de 17 años, mantenía contacto telefónico con otro desconocido que le había pagado el boleto para que trabajara como empleada en un trabajo que ella ignoraba cuál era. En ese operativo descubrieron que uno de los enganchadores había ido a recogerla a la sala de espera. Al momento lo detuvieron.
No solo el personal del municipio frustra estos encuentros, también lo hace la policía estatal. El Consejo de Seguridad de Jalisco —en respuesta a una solicitud de información pública de Quinto Elemento Lab— informó que, de febrero de 2025 a agosto de 2026, atendió 20 denuncias de posible reclutamiento forzado o trata de personas. En cinco, fueron usadas plataformas de redes sociales. En un caso, la víctima era mujer; también había dos menores de edad. Esto indican los reportes:
6 de abril de 2025: Un masculino logró escapar de sus raptores y arribó a la central camionera mencionando iba en busca de una oferta de trabajo por redes sociales, obligándolo a vender droga, en un descuido de los raptores logra escapar y trasladarse por medio de ayuda de vehículos que pasaban. Tlaquepaque.
20 de septiembre de 2025: Dos hombres intentaron trasladar a un menor sin la documentación requerida. Al ser entrevistados, confesaron trabajar para el crimen organizado, dedicándose a reclutar jóvenes mediante redes sociales con falsas ofertas de empleo, con la promesa de $25,000 mensuales más hospedaje y comida.
9 de febrero de 2026: Femenina de 18 años que pretendía viajar para encontrarse con un hombre que conoció en redes sociales, en un posible caso de engaño relacionado con trata de personas. Tras intervención y orientación por parte de autoridades fue convencida de no trasladarse y se retiró con sus padres.
Aunque no hay una estimación oficial de cuántas personas desaparecidas trabajan forzadamente para los grupos criminales, la abundancia de reportes de “rescate” que aparecen en las noticias revelan que el reclutamiento está en su apogeo. También evidencían el provecho que sacan los grupos delictivos a las redes sociales.
Reclutamiento: noticia frecuente
En la oficina de Comunicación Social de Tlaquepaque, que es uno de los nueve municipios que integran el área metropolitana de Guadalajara, un empleado muestra a esta reportera un desglose detallado de la lista de las primeras 82 personas “localizadas” entre el 1 de octubre de 2024 y el 10 de mayo de 2026. El documento se corresponde con un archivo de fotografías y videos de los protagonistas de cada caso con los rostros difuminados, que en esa oficina suben a las redes sociales institucionales y pasan a los noticieros.
LEE AQUÍ LA NOTA COMPLETA: https://www.proceso.com.mx/nacional/2026/10/1/redes-sociales-telarana-perfecta-para-enganchar-a-jovenes-con-falsas-promesas-de-empleo-381041.html

