Encuestas cuchareadas
7 de agosto - 2026

Columna Invitada

Desde hace meses se puso en marcha una operación para construir la candidatura de Alfonso Sánchez García. Primero fueron las giras disfrazadas de trabajo institucional. Después vino la abierta participación de funcionarios públicos, la promoción permanente desde distintas áreas del gobierno, las bardas, los operadores territoriales, la presión sistemática sobre servidores públicos y la difusión sistemática de encuestas que, casualmente, mostraban un crecimiento constante del candidato impulsado desde Palacio de Gobierno.

La estrategia era sencilla: primero había que decir que Alfonso estaba cerca de Ana Lilia Rivera. Después, que ya existía un empate técnico. Y, finalmente, que la había rebasado.

El problema apareció cuando comenzaron a publicarse estudios demoscópicos de casas encuestadoras que no respondían a esa lógica. En esos ejercicios la ventaja de Ana Lilia Rivera seguía siendo amplia y consistente. La realidad volvió a atravesarse en el camino del gobierno.

Por eso cobra relevancia lo publicado el miércoles de esta semana por Templo Mayor, de Reforma. La columna, una de las más leídas en el ámbito político nacional, señala que brigadas de morenistas interceptan a encuestadores para “convencerlos” de levantar muestras en zonas donde Alfonso Sánchez obtiene mejores resultados, con el propósito de alterar la percepción sobre su posicionamiento.

Eso significa que ya no estamos en una competencia política, sino en el intento de manipulación del instrumento con el que Morena habrá de tomar una de las decisiones más importantes rumbo a 2027.

En ese contexto aparece un personaje que merece especial atención: Iván Silva. Diversas publicaciones periodísticas lo identifican como uno de los principales estrategas electorales de Morena rumbo a las elecciones de 2027 y como responsable de coordinar las campañas de la mayoría de las candidaturas a gobernador que estarán en juego. Su cercanía con el primer círculo del poder político le otorga una capacidad de operación poco común, tanto por los recursos que administra como por la influencia que se le atribuye en la definición de estrategias, narrativas y hasta en la selección de proveedores de estudios demoscópicos.

Sobre Silva también pesan publicaciones periodísticas que lo relacionan con investigaciones derivadas de presuntos vínculos con personajes del crimen organizado en Tamaulipas. Son señalamientos que han circulado en distintos espacios informativos y que forman parte del debate público.

Lo verdaderamente relevante para Tlaxcala no es solamente quién diseña la estrategia, sino el método que parece estarse utilizando.

Si una candidatura comienza a construir artificialmente la percepción de crecimiento, difundir encuestas a modo, presionar operadores territoriales y tratar de influir en el levantamiento de muestras para modificar los resultados, el problema deja de ser electoral y se convierte en un intento deliberado por fabricar una realidad que los ciudadanos simplemente no observan.

Iván Silva representa, por ello, un caso especial. Si realmente se está apostando a que la encuesta interna de Morena pueda moldearse mediante operación política, control de la narrativa o selección conveniente de los territorios donde se levantan las entrevistas, el cálculo puede resultar equivocado.

Las encuestas serias terminan registrando lo que existe, no lo que un grupo de poder quisiera que existiera. Y cuando llegue el momento de medir el respaldo real, habrá algo imposible de esconder: el apoyo ciudadano que no pudieron manipular ni dejar de levantar. Ahí, probablemente, el tiro les saldrá por la culata.

Las opiniones vertidas en este espacio son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan, necesariamente, el pensamiento de Gentetlx