18 de junio - 2026

Por Mauricio Hernández Olaiz
Si, ya sabemos que no es el único, y no lo será. Si, ya sabemos que Ana Lília también se ha excedido. Si, ya sabemos que también se han subido y promocionado Carlos Augusto, Raymundo Vázquez, Dulce Silva y Josefina Rodríguez Zamora. Si, ya lo sabemos …pero en esta ocasión toca hablar del candidato fantasma, aunque me sume a su propagandeo indirecto, o directo, da igual, no creo cambie mucho la cosa.
Y es que es un fenómeno digno de estudio.
Durante meses, los tlaxcaltecas hemos visto aparecer bardas, lonas, espectaculares, brigadas de promoción, eventos multitudinarios, publicaciones patrocinadas, entrevistas, reportajes, campañas de posicionamiento, playeras mundialistas con su nombre y maratónicas jornadas de inauguración de obras. Sin embargo, cada vez que surge un señalamiento sobre toda esa promoción adelantada, la respuesta es la misma: “Yo no sé”….”él no fue”.
Las bardas no son suyas. Los espectaculares tampoco. Las brigadas menos. Las playeras estaban a la venta.
Al parecer, Tlaxcala vive una extraña epidemia de ciudadanos espontáneos que invierten tiempo, dinero y recursos para promocionar a Alfonso Sánchez García sin que él tenga absolutamente nada que ver.
Una coincidencia extraordinaria.
Lo más curioso es que todos esos esfuerzos desinteresados siempre terminan beneficiando a la misma persona.
¿Por qué nadie pinta bardas para promover a un maestro rural desconocido?
Nadie paga espectaculares para impulsar a un comerciante de Huamantla.
Nadie manda hacer cientos o miles de playeras para apoyar a un vecino de Apizaco.
Todo ese cariño popular, toda esa generosidad ciudadana y toda esa capacidad organizativa parecen concentrarse milagrosamente en una sola figura política.
Y aun así pretenden que los tlaxcaltecas creamos que no existe una campaña anticipada.
Pero quizá el episodio más revelador de todos fue el de las playeras de la selección mexicana. Debo reconocer que me molestó bastante, y no porque sea sensible, o porque le de demasiada relevancia a los excesos de campaña.
Y es que una cosa es promover una imagen política mediante bardas o espectaculares y otra muy distinta el apropiarse del entusiasmo mundialista para impulsar una candidatura. Sobre todo porque la playera de México es de todos, no solo de uno, es hasta de los que no les importa el mundial, el fútbol o ambos.
La verde, la blanca, la negra nos pertenece a los mexicanos, la queramos o no. Hacer uso de ella para propagandear fue en exceso, un abuso.
Porque no todos los que nos ponemos la verde de México coincidimos con su proyecto, con su idea, con su necedad, con su experiencia. Simplemente….no me representa.
Ni siquiera hubo esfuerzo por disimular.
Mientras la ley electoral habla de tiempos, procesos y reglas, alguien decidió que era buena idea convertir el Mundial de futbol en una plataforma de promoción política.
Y lo más sorprendente no fue la existencia de las playeras. Lo más sorprendente fue que nadie las mandó hacer. Nadie las financió, solo aparecieron…por arte de magia…como las bardas.

En Tlaxcala parece existir una organización misteriosa con recursos ilimitados que dedica su tiempo a promover exclusivamente a Alfonso Sánchez García sin que él tenga absolutamente relación alguna.
Una historia que ofende más a la inteligencia de los ciudadanos que a la propia legislación electoral.
Pero si las bardas son visibles, la operación mediática resulta todavía más evidente.
Porque Alfonso ya no solamente aparece en medios locales.
Desde hace meses su imagen ha comenzado a ocupar espacios en plataformas nacionales, entrevistas, reportajes, publicaciones patrocinadas y contenidos cuya única finalidad parece ser posicionarlo mucho más allá de los límites de la capital que gobierna.
Los medios nacionales no suelen despertar un interés repentino por los presidentes municipales de Tlaxcala. Eso cuesta…y mucho…pero mucho….¿De dónde?
Mientras los ciudadanos escuchamos discursos sobre austeridad y responsabilidad en el gasto público, el despliegue propagandístico alrededor del llamado Delfín parece no conocer límites.
Y ya no nos tragamos esa de que es espontáneo, hay claramente toda una operación política mayúscula detrás.
Cuando un aspirante dedica más tiempo a promocionar su imagen que a defender sus resultados, inevitablemente surgen preguntas incómodas.
No hay duda de que la ciudad que gobierna sigue enfrentando problemas que cualquier ciudadano puede observar sin necesidad de estadísticas oficiales.
La pregunta es sencilla.
Si todavía no logra convencer plenamente sobre los resultados en el municipio que gobierna, ¿por qué habría de convencer a los tlaxcaltecas de que puede gobernar todo el estado?
Pero quizá el asunto más revelador no es la campaña. Quizá la verdadera discusión no debería centrarse en Alfonso Sánchez García.
La discusión debería centrarse en quienes necesitan que Alfonso Sánchez García llegue al gobierno, esta no es una simple aspiración personal, como si lo son las de sus adversarios de silla y de partido.
Esta claro que la mandataria Lorena Cuéllar lo apoya, lo financia, lo encumbra. Eso está fuera de toda discusión, pero la pregunta sería….
¿A cambio de qué?
Porque cuando un gobierno apuesta todas sus fichas a un solo sucesor, normalmente no lo hace por casualidad, sino por necesidad, seguridad y hasta protección….se necesita que ciertas puertas permanezcan cerradas y que ciertas preguntas jamás se formulen.
Al final, quizá el problema no sea Alfonso Sánchez García ni su evidente deseo de convertirse en gobernador. Tampoco las bardas, los espectaculares o las playeras mundialistas que aparecieron misteriosamente por todo el estado.
El verdadero problema es que alguien dentro de ese proyecto político parece haber llegado a la conclusión de que los ciudadanos somos incapaces de distinguir entre una campaña y una «muestra espontánea de cariño». Y si esa es la lectura que tienen de la inteligencia de los tlaxcaltecas, entonces el problema es mucho más profundo que cualquier violación a los tiempos electorales.
@olaizmau
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