11 de junio - 2026

Pese al triunfo, México se quedó lejos de convencer.
Por Mauricio Hernández Olaiz
La selección mexicana debutó en la copa del mundo con una victoria de 2 a 0 sobre su similar de Sudáfrica, pero dejando enormes interrogantes sobre su desempeño.
A pesar de jugar con un hombre más durante casi todo el segundo tiempo el equipo mexicano mostró poca idea ofensiva, nula creatividad y con enormes lagunas ante un limitadísimo conjunto Sudafricano.
Incluso con solo 9 hombres en la escuadra rival, el tri fue incapaz de encontrar oportunidades manifiestas de gol. México inicia con victoria, pero dejando una sensación poco grata de su nivel de juego y capacidad ofensiva.
Desde el silbatazo inicial, el conjunto dirigido por Javier Aguirre asumió el control del balón ante una escuadra sudafricana que llegó al encuentro con un planteamiento claramente defensivo. Sin embargo, el dominio territorial mexicano nunca se tradujo en un funcionamiento convincente. El equipo circuló la pelota con lentitud, abusó de los pases horizontales y mostró enormes dificultades para romper líneas y generar peligro real en el último tercio de la cancha.
La afición que abarrotó el Estadio Azteca esperaba una presentación contundente en el arranque del Mundial, pero durante buena parte del primer tiempo observó a una selección predecible, sin profundidad y carente de imaginación. Los intentos por las bandas terminaban constantemente en centros sin destinatario o en jugadas que morían antes de ingresar al área rival.
El primer gol mexicano llegó más por una desatención defensiva sudafricana que por una construcción elaborada del conjunto nacional. Julián Quiñones aprovechó un error en la salida africana y definió con serenidad para abrir el marcador al minuto 9 y desatar el festejo en las tribunas. La anotación alivió momentáneamente la presión, pero no modificó demasiado el desarrollo del encuentro.
Sudáfrica, limitada técnicamente y con escasos argumentos ofensivos, apenas inquietó la portería mexicana. Aun así, el Tri nunca logró imponer condiciones de manera categórica y se fue al descanso con una ventaja mínima que dejaba más dudas que certezas.
La segunda mitad parecía ofrecer el escenario perfecto para una goleada. Apenas iniciado el complemento, una fuerte entrada del defensor sudafricano Sithole sobre Bryan Gutiérrez derivó en una expulsión que dejó a los africanos con diez hombres. La superioridad numérica obligaba a México a asumir riesgos, adelantar líneas y buscar sentenciar el encuentro.
Nada de eso ocurrió.
Lejos de aprovechar los espacios, el equipo mexicano cayó en una preocupante monotonía. Los ataques carecieron de velocidad, los mediocampistas fueron incapaces de filtrar balones y los delanteros quedaron aislados durante largos periodos. Conforme avanzaban los minutos, la desesperación comenzó a reflejarse tanto en la cancha como en las gradas.
El segundo tanto finalmente llegó, pero nuevamente sin que existiera una verdadera sensación de dominio aplastante. La anotación de Raúl Jiménez al minuto 67 sirvió solo para asegurar los tres puntos y que el atacante del Wolverhampton consiguiera su primera diana en copa del mundo.
El 2-0, garantizaba la victoria pero no para disipar las dudas que dejó el funcionamiento colectivo.
Una segunda expulsión dejó al conjunto africano con apenas nueve futbolistas sobre el terreno de juego. Lo que debía convertirse en un vendaval ofensivo terminó exhibiendo aún más las limitaciones mexicanas. Con dos hombres de ventaja, México continuó atacando sin claridad, sin asociaciones y sin capacidad para generar ocasiones francas de gol.
Y cuando más se inquietaba la afición por la falta de idea mexicana el árbitro brasileño, el mítico Wlton Sampaio, sacó otra tarjeta roja, esta vez en contra del zaguero central, César Montes, quien se vio sorprendido por una descolgada Sudafricana por la que no le quedó de otra que cometerle la falta al aguerrido Balogun.
El capitán mexicano no verá acción frente a Corea del Sur.
El resultado permite a México iniciar la Copa del Mundo con una victoria y sumar confianza de cara a sus siguientes compromisos. Sin embargo, el análisis frío del partido obliga a encender señales de alerta. Frente a un rival de escaso nivel competitivo, que jugó gran parte del encuentro con diez y posteriormente con nueve elementos, el Tri mostró enormes carencias en generación de juego, definición y capacidad para imponer condiciones.
La afición celebró el triunfo porque los mundiales se construyen con resultados, pero el desempeño observado en el Estadio Azteca deja una pregunta inevitable: si México sufrió para crear peligro ante una de las selecciones más débiles del torneo, ¿qué ocurrirá cuando enfrente rivales de mayor jerarquía?
El Mundial apenas comienza, pero la selección mexicana está obligada a mostrar una versión mucho más convincente si pretende trascender más allá de la fase de grupos.

