10 de junio - 2026

Los elevados precios, la escasa presencia de partidos en el país y los problemas de movilidad han enfriado el entusiasmo por la Copa del Mundo, señalan expertos
Fuente: EL UNIVERSAL
Las obras en distintas ciudades sede de la Copa Mundial de Futbol han afectado la movilidad de los ciudadanos desde hace meses.
Ante el arranque del Mundial de la FIFA 2026, la afición mexicana ha experimentado un desánimo por la fiebre mundialista, como consecuencia de los pocos partidos que se jugarán en el país, el elevado costo de los boletos y los problemas de movilidad por las obras de cosmetización en las ciudades sede.
En entrevista con EL UNIVERSAL, Monika Streule, profesora e investigadora en el posgrado en Antropología Social de la Universidad Iberoamericana, sostuvo que, en comparación con los Mundiales de 1970 y 1986, en esta ocasión sólo se disputarán 13 partidos en el país, lo que ha menguado la fiebre mundialista tanto en la Ciudad de México como en Guadalajara y Monterrey.
De acuerdo con Streule, otra razón que ha motivado el desaliento es la inaccesibilidad de la afición mexicana a los partidos que se jugarán en México por los elevados costos de los boletos, los cuales son dinámicos, es decir, que a mayor demanda se incrementa el precio, “lo que para mucha gente sería un gasto mayor y se lo está pensando bien”.
Explicó que otro de los motivos es la inconformidad ciudadana con la realización del Mundial, debido a los problemas de movilidad que han generado los trabajos de cosmetización en las ciudades sede, “porque hay muchísimas obras para el Mundial y eso ha complicado la movilidad cotidiana de las personas desde hace meses. Aguantas todas estas molestias y al final ni estás invitado a la fiesta”.
Adicionalmente, detalló que el desánimo se ha agudizado porque, a diferencia de otras ediciones, los partidos no se transmitirán por televisión abierta, sino que los aficionados deben contratar plataformas de streaming para visualizarlos, lo que significa un gasto adicional. Para la especialista, la justa también relegará problemáticas sociales, como la crisis de desaparecidos o la violencia que el país atraviesa, “porque para algunas personas no importa eso. Para ellos sigue siendo un sueño ver un partido de la Selección Mexicana en el Estadio Azteca, pero hay muchas otras prioridades”.
Desde su perspectiva, la Copa se ha desconectado del futbol y de la afición, “porque han puesto un modelo de ganancias por encima de la gran emoción que genera el futbol. ¿Quiénes ponen la emoción en un partido, un estadio? No son los que pagan mucho por un boleto, más bien son los aficionados. Ellos y ellas ponen el entusiasmo, porque al final estos partidos son toda una experiencia colectiva de mucha emoción y no es un evento que nada más puedes vender”.
Además, criticó su realización en medio del contexto actual que el mundo atraviesa, como los conflictos armados en Medio Oriente o los recientes brotes epidemiológicos reportados en República del Congo, “pues quizás ahora la FIFA se fue demasiado lejos con ese modelo del Mundial en tres países que en el contexto contemporáneo se hace difícil ver algo positivo.
“Por ejemplo, en Estados Unidos la situación es muy complicada, porque no es una nación futbolera como lo es México, quienes ponen la emoción o la vida al futbol son los migrantes y tampoco pueden ir a verlo, porque ya se anunció que el ICE va a estar en los estadios”, dijo.
Roger Magazine Nemhauser, director del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la Ibero, coincidió en que una de las razones más contundentes de la desangelada fiebre mundialista son los costos de los boletos, “porque los reportes indican que es el Mundial más caro de la historia y los boletos en México han sido particularmente caros. Obviamente las capacidades de compra para el público en general en México no tienen el mismo nivel que en Estados Unidos”.
Magazine Nemhauser concordó en que, en los últimos años, el Mundial se ha convertido más en un negocio que en una fiesta, y que “aunque la FIFA logra llenar estadios y no se ha llegado a un punto de rechazo completo, se siente que cada vez hay más y más descontento con ello”.
“Los negocios tienen una lógica de ganar y crecer. Hoy no hay nadie que regule a la FIFA y eso ha significado un gran crecimiento de los precios y por ello la afición, la gente, se siente más alejada”.

