9 de abril - 2026

Por Mauricio Hernández Olaiz
Cuando el poder se siente exhibido, deja de escuchar… y decide cobrar factura.
La política tiene memoria.
Pero hay gobernantes que tienen la piel demasiado delgada.
La madrugada de este martes, al alba —como en las viejas estrategias de sometimiento—, el gobierno de Lorena Cuéllar decidió responder, no con diálogo, sino con la fuerza.
Granaderos con gases lacrimógenos, escudos y toletes irrumpieron en la México–Veracruz, a la altura de Nanacamilpa para levantar el bloqueo campesino. No era una escena de contención institucional; era un mensaje claro…”Esto es de parte de la gobernadora”, así lo refirieron los campesinos a la hora de ser toleteados.
Y es que no se trataba de un grupo cualquiera. Son los mismos que llevan meses exigiendo lo básico: mejores precios, seguridad y apoyos reales para un campo que hoy sobrevive más por terquedad que por política pública.
El gobierno asegura que hubo diálogo, que existían mesas, que incluso había acuerdos en puerta.
También justificó su artera represión bajo el discurso clásico de que el bloqueo afectaba a terceros, que era insostenible, que había que restablecer el orden.
Tiene su dosis de verdad. Pero no es toda la verdad.
La otra parte —la que no cabe en la justificación gubernamental— es que Nanacamilpa no fue elegido al azar. Ahí, hace apenas unos días, la gobernadora no tuvo el recibimiento que esperaba. Ahí, el campo le recordó en la cara su abandono. Ahí, la narrativa oficial se rompió frente a quienes viven —y padecen— la realidad del campo tlaxcalteca.
Y hoy, en ese mismo punto, llega la fuerza pública. No parece coincidencia. Parece ajuste de cuentas.
Porque cuando el uso de la fuerza aparece justo donde hubo incomodidad política, lo que se pone en duda no es la legalidad del operativo… sino la intención detrás de él.
Y el sello empieza a ser evidente: este gobierno no tolera ser confrontado. La gobernadora no tolera ser cuestionada, pues para ella este es el mejor Tlaxcala de la historia, y ella la mejor gobernadora. Por lo anterior cuando es confrontada responde y responde con todo.

Mientras tanto, el fondo del problema sigue intacto. Porque es muy fácil mandar gorilas a golpear, lo que no es fácil es recuperar un campo en crisis. Ordenar una golpiza lo hace cualquier político de medio pelo y nula estatutra, solo los y las grandes son capaces de sentarse, reconocer el problema y actuar en consecuencia…Qué fácil es también mandarla la bolita a la federación.
Y es que el campo de Tlaxcala requiere, al menos, mil millones de pesos para empezar a levantarse. El presupuesto destinado este año apenas alcanza los 461 millones. Migajas, limosna, pero esto no solo es un tema de cifras. Es de prioridades.
Porque en el mismo estado donde al campo se le regatea, hay estructuras gubernamentales como el DIF y el Bienestar que manejan recursos muy por encima de lo que produce la tierra… y sin generar lo que sí genera el campo: alimento, sustento, y estabilidad.
Y entonces el ciclo se repite:
el campo protesta, el gobierno reprime… y nadie resuelve.
El comunicado oficial del peor gobierno de la historia cierra con la célebre frase de Benito Juárez:
“Todo por la razón y el derecho”.
Pero la escena de la madrugada en Nanacamilpa nos cuenta otra historia. La de un gobierno con un claro sello de represión, porque no es la primera vez que la fuerza aparece como respuesta.
Ahí quedan dos marchas del #8M, las del 7 de mayo, la de médicos, las normalistas, por eso cuando hablan de la razón y el derecho se muerden la lengua con tal fuerza que salpican bilis y sangre. La razón no cabe en donde hubo gas, en dónde hubo toletes…y donde la razón, el talento, la inteligencia y el compromiso brillaron por su ausencia.
El peor gobierno de la historia, actúa en consecuencia, con una nula estatura política, así, así respondieran ante la delincuencia y el crimen organizado.
@olaizmau
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