25 de marzo - 2026

Cortesía Fabián Robles/Faronoticias
El Atlas de Riesgos de Tlaxcala —presentado por el gobierno estatal apenas la semana pasada, después de casi un lustro de estar en periodo de “actualización”— es un documento que “no contempla de manera correcta o adecuada” la información, al menos en materia sísmica, advirtió el doctor Eduardo Ismael Hernández.
“Llama la atención que el documento solo cubra el punto de vista político”, lamentó el especialista en Sismología y divulgador científico de Tlaxcala, tras revisar el documento que se encuentra disponible en internet.
En entrevista, sostuvo que “es una pena que esta situación prevalezca en el estado de Tlaxcala porque éste es un instrumento de gestión integral de los riesgos, un documento que por ley deben tener los tres niveles (de gobierno) y que sustente también la parte técnica—científica”.
Originario de El Carmen Tequexquitla, el profesor e investigador recordó que, al inicio del sexenio de Lorena Cuéllar, hizo una propuesta para que en el Plan Estatal de Desarrollo se implementaran los recursos necesarios para tener un Atlas de Riesgos adecuado “pero nunca nos hicieron caso”.
Como ejemplo de que las autoridades estatales no consideraron sus recomendaciones, es que en el renovado Atlas de Riesgos ignoraron un documento técnico de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) “que usan mucho los ingenieros y los arquitectos para el diseño sísmico de las estructuras, que es el manual de diseño y construcción de obras civiles” de esa empresa.
“Eso no tiene nada que ver con lo que están presentando actualmente en este Atlas de Tlaxcala”, advirtió el consultor especialista en Ingeniería Estructural y Sísmica.
Ismael Hernández señaló que tampoco fueron consideradas las llamadas “fuentes locales corticales activas” del estado, identificadas sobre todo en la zona oriente.
“En Huamantla, Cuapiaxtla, El Carmen (Tequexquitla), se han hecho estudios técnico—científicos que evidencian una falla local sísmica activa que ha generado temblores de profundidad importante, como por ejemplo los de finales de los años 50, o los del 19 de septiembre de 2017 o el 15 de junio de 1999 que afectó severamente templos religiosos en varios municipios”, refirió.
“Entonces, sí llama la llama la atención que el tema este pues solo se cubra desde el punto de vista político, porque en mi parecer justo están haciendo eso nada más”, insistió el catedrático de Ingeniería Civil de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).
Por esas omisiones, dijo que es preocupante que se hayan invertido cuantiosas cantidades de dinero sin que el gobierno quién se encargó de la actualización del Atlas de Riesgos “porque, aunque pareciera ser que está cumpliendo con la parte de las recomendaciones del Cenapred, no es claro si realmente se hizo de acuerdo con esas recomendaciones”.
El investigador tlaxcalteca apuntó que “un Atlas de Riesgos no es un simple conjunto de mapas. Eso es importantísimo que la gente entienda, que las autoridades entiendan, porque imagínate, si el gobierno ya hizo uso de varios millones de pesos para hacer este documento, pero que el documento no se haya realizado de acuerdo con estas recomendaciones técnico-científicas, pues es un dinero que fue mal empleado”.
Explicó que el riesgo se compone de tres elementos muy importantes: identificar de manera adecuada las amenazas (naturales, las asociadas con la actividad humana y las organizacionales), el riesgo de vulnerabilidad y el grado de exposición relacionado con número de habitantes en determinada área y la cantidad y tipo de edificaciones. “Todo eso nos sirve para calcular un riesgo”.
Consideró que las autoridades no deben soslayar la información relacionada con la gestión integral de riesgos “que la clase política a veces no entiende, aunque se refiere propiamente a identificar las amenazas, ver qué tan vulnerables somos como sociedad ante esas amenazas y una vez que se combinan estas estimar el riesgo para generar las estrategias que reduzcan ese riesgo y si se presentara la amenaza como se ha calculado con probabilidades, pues no nos vaya tan mal. La gestión integral de riesgos es una acción preventiva y no reactiva”.
El doctor en ciencias insistió en que “es triste que tengamos este instrumento casi al finalizar esta administración, aunque se les recomendó desde un inicio qué tenían que hacer municipios y el estado para tener ese instrumento bien formulado y bien ejecutado”.
Por todo lo anterior, apuntó: “imagínate que la siguiente administración venga y diga que que el documento que les dejaron estaba mal”.
